miércoles, 28 de octubre de 2020

 

           INFORME SOBRE CIEGOS


                                                “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito

                                                  y os tragáis el camello!.”

                                                                                            Mateo 23:24



El texto que sigue es del gran escritor argentino Ernesto_Sabato. Forma parte del “Informe sobre ciegos”, que aparece incluido en su inclasificable novela (?) "Sobre héroes y tumbas". Escribe Sabato:

Hay mucho todavía que decir sobre esto de los poderes infernales, porque acaso algún ingenuo piensa que se trata de una simple metáfora, no de una cruda realidad. Siempre me preocupó el problema del mal, cuando desde chico me ponía al lado de un hormiguero armado de un martillo y empezaba a matar bichos sin ton ni son. El pánico se apoderaba de las sobrevivientes, que corrían en cualquier sentido. Luego echaba agua con la manguera; inundación. Ya me imaginaba las escenas dentro, las obras de emergencia, las corridas, las órdenes y contraórdenes para salvar depósitos de alimentos, huevos, seguridad de reinas, etcétera. Finalmente, con una pala removía todo, abría grandes boquetes, buscaba las cuevas y destruía frenéticamente: catástrofe general. Después me ponía a cavilar sobre el sentido general de la existencia, y a pensar sobre nuestras propias inundaciones y terremotos. Así fui elaborando una serie de teorías, pues la idea de que estuviéramos gobernados por un Dios omnipotente, omnisciente y bondadoso me parecía tan contradictoria que ni siquiera creía que se pudiese tomar en serio (…)

Mi conclusión es obvia: sigue gobernado el Príncipe de las Tinieblas. Y ese gobierno se hace mediante la Secta Sagrada de los Ciegos. Es tan claro todo que casi me pondría a reír si no me poseyera el pavor”.



Utilizando al límite los recursos expresivos que toma especialmente del surrealismo, Sabato logra subvertir el razonamiento platónico: la caverna es en verdad el mundo tal cual lo vemos, y los ciegos, esa secta hegemónica que domina el mundo, son los portadores de una verdad escondida en los lugares más remotos y oscuros de la existencia y el universo. Pero no debemos ser ingenuos y es necesario comprender que la intención del escritor argentino es invitarnos a un despertar desde lo profundo y a un análisis exhaustivo de lo que llamamos lo “real”. Si nos fijamos, la tradición literaria nos ha presentado una gama de ciegos que suele presentar una característica común: el ciego ve más allá que el vidente. Un más allá profundo y revelador, pero Sabato aventura una posible vuelta de tuerca que a la vez resulta muy simple. Como él mismo confesó en una entrevista: los ciegos son “una metáfora del mal”.

Siempre que vuelvo a adentrarme en el “Informe sobre ciegos” experimento el mismo desasosiego que me produjo este relato hace ya muchos años, cuando lo leí por vez primera por mandato expreso de mi inolvidable Rafael Pérez Estrada, poco después que en mayo de 1981 apareciera la edición de Seix Barral en la ya mítica Biblioteca Universal Formentor. Entonces no podía imaginar que algunos años más tarde tendría la oportunidad de conocer al admirado maestro de la literatura en lengua española y hasta de compartir mesa y mantel con él y con Matilde, su inseparable compañera, en mi ciudad de Málaga, por donde pasó en agosto de 1990 para pronunciar una conferencia en el salón de actos de la hoy inexistente Caja de Ahorros Provincial de Málaga, en la que yo desempeñada por aquel entonces la jefatura de la Obra Social y Cultural. No deja de ser una terrible paradoja que, como a su genial compatriota Jorge Luis Borges, un hombre del que emanaba tan deslumbrante claridad viviera amenazado por la ceguera que, en su caso, afortunadamente no llegó a a ser total, lo que, haciendo un gran esfuerzo, le permitió dedicarse a la pintura, su otra gran pasión junto con la literatura, hasta poco antes de su muerte, acaecida en abril de 2011.



Más que por su enorme obra literaria, cuando conocí en Málaga al gran escritor argentino era más famoso para la gran mayoría por haber presidido la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada por el presidente Raúl Alfonsín cuando terminó la dictadura militar argentina para recoger, testimoniar y documentar minuciosamente la existencia de los centros de detención ilegal y de tortura, así como los miles de desaparecidos durante una de las represiones más sangrientas practicadas en un período no bélico desde el poder político y militar. El informe se tituló “Nunca Más”, aunque ha pasado a la historia como “Informe Sabato”. Fue entregado al presidente Alfonsín el 20 de septiembre de 1984, dando origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, que fueron enviados a la cárcel. Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.


Ernesto Sábato entrega al presidente Raúl Alfonsín
el Informe Nunca Jamás

Volviendo al momento de mi almuerzo con con Sabato, recuerdo que le mencioné mi incondicional admiración por su producción literaria y lo mucho que me había impresionado su “Informe sobre Ciegos”. Creo que le sorprendió un poco que el representante de una entidad financiera le valorara tanto y, aunque no dijo nada, durante unos breves instantes me miró con mayor intensidad. Han pasado muchos años desde entonces, pero recuerdo perfectamente que en algún momento de nuestra conversación hizo referencia a la terrible experiencia vivida durante la larga represión minuciosamente programada y llevada a cabo por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, a la que se refirió como “terrorismo de Estado” y “crimen contra la Humanidad”, así como la ceguera de medio mundo y hasta de una parte nada despreciable del propio pueblo argentino, incluidas las más altas instancias de la jerarquía católica, que prefirió mirar hacia otro lado para no ver la espantosa magnitud de lo que estaba pasando. Pero, según me dijo, lo que más íntimamente conmovió su ser fue comprobar, a medida que iba examinando la ingente documentación encontrada, que la violencia existía porque había personas que encontraban placer en practicarla. Que infringir con las propias manos los más feroces tormentos, experimentar las más inimaginables técnicas de tortura a criaturas indefensas podía resultar gozoso a mucha gente aparentemente normal. Que, en definitiva, hacer el Mal podía convertirse en una pasión del alma, en una experiencia gozosa.



En conexión con la experiencia del mal, también hablamos del dolor humano. Con las impresiones de nuestro encuentro todavía calientes hice en mis papeles algunas anotaciones aproximativas a lo que dijo: “Toda vivencia dolorosa nos cuestiona enteramente la vida, empezando por la existencia de Dios, porque los grandes sufrimientos nos llevan a contemplar el mundo con mayor hondura. Es un gran misterio, y por eso no lo podemos explicar. La razón logra abarcar el absurdo pero no alcanza a penetrar los misterios. Desde luego, no quiero decir que esté en contra del placer, pero detesto la desmedida frivolidad de nuestros días. Sin duda el dolor, a través de la Historia, ha sido la fuente de grandes creaciones. Si por un momento tenemos la certeza de que el hombre, como dijo Nietzsche, es el animal más perverso de la creación, ¿por qué no creer que estos seres bondadosos y pobres son la reserva de la humanidad? El amor es una utopía por la que vale la pena vivir y morir. Durante estos últimos siglos todo se ha subordinado a la razón, hasta tal punto que la mayoría de las personas cree que los grandes problemas existenciales se resuelven con razonamientos. Nada de eso, los temas fundamentales del hombre suceden de la corteza cerebral para abajo. Yo soy un hombre por momentos pesimista y por momentos creyente y utópico, pero de carácter poco abatido. Siempre he luchado en la vida. Ahora bien, no cabe llegar a la vejez y no sentir nostalgia de la vida, de las personas que ya no están aquí, aún de los grandes desencuentros. Pero no estoy abatido, porque siempre he sentido una enorme pasión por la vida. Creo, como dijo Camus, que “no hay amor de vivir sin desesperación de vivir”. Más que en la razón, mi azarosa vida me ha llevado a encontrar apoyo en “las razones del corazón” de las que hablaba Pascal”.




Cuando miro hacia atrás, cosa que casi nunca hago porque siento horror al vacío, me perturba la certeza de que no estuve a la altura de la rara fortuna que la vida me deparó al encontrarme frente a frente con uno de mis monstruos literarios favoritos. Una sensación de frustración que encuentra su réplica en todas las ocasiones de mi vida en las que he tenido el privilegio de conocer personalmente a algunos de los más extraordinarios escritores que he admirado. Tal vez me intimidó su proximidad, aunque en el trato se mostraron entrañablemente cercanos tanto él como Matilde, acaso temí aprovecharme del papel de anfitrión que como delegado de la institución que le había invitado a pronunciar su conferencia yo representaba. De aquella conversación, donde lo no dicho fue tan importante como lo expresado, funcionó la regla consistente en que el discípulo mira callar a los maestros, aunque más tarde se pregunte qué pensarían ahora de enjuiciar los acontecimientos espantosos que nos está tocando vivir y en absoluto comprendidos por causa de una ceguera casi general vinculada a la aparatosa falta de referentes, que solamente puede sostenerse cuando la propaganda masiva sustituye a la información y es utilizada como anestésico por los poderes que rigen nuestro mundo para entronizar el Pensamiento Único, que ha entrado ya a formar parte esencial de la maldita realidad nuestra de cada día.

La formidable personalidad de Sabato se me quedó grabada en lo más profundo. Tal vez por conocer su paso, aunque ya remoto, remoto por el Partido Comunista argentino, me sorprendió que el escritor abiertamente confesara sentirse más espiritualmente religioso conforme el tiempo pasaba, aunque abrumado por las grandes contradicciones que siempre le habían acompañado. Me llamó la atención que la confianza en la vida que había observado en la gente más pobre y desvalida, tan parecida al fervor religioso, le inclinara a creer en la inmanencia de un Dios oculto detrás del sufrimiento humano: “Gandhi decía que no habría podido alcanzar a Dios sin el hombre, quizá hoy yo pueda afirmar lo mismo”, terminó diciendo.

En todo caso, aparte de la diferencia en edad, de las enormes distancias entre nuestras circunstancias vitales y de la más que reconocida superioridad de su talento, desde mi encuentro con Sabato he tenido tiempo para reflexionar que Sabato había experimentado en carne propia lo que supone la encarnación del Mal, que para mi era por aquel entonces un concepto puramente abstracto, más conceptual o literario que real. Todavía me quedaba por por vivir muchos horrores escondidos en la normalidad cotidiana para llegar a vislumbrar que, como Sabato desoladamente confiesa, “extraviado en un mundo de túneles y pasillos, el hombre tiembla ante la imposibilidad de toda meta y el fracaso de todo encuentro”.

 



Desde una concepción existencialista, para Sabato la novela no debe abandonarse a la pura objetividad de la ciencia, ni a la mera subjetividad del hombre, sino alcanzar “una síntesis entre el yo y el mundo, entre conciencia e inconsciencia, entre sensibilidad e intelecto”, a fin de lograr una superación de esa dualidad propuesta por Platón del mundo de la ideas (interior) y el mundo sensible (exterior) que dio origen a todas las dualidades posteriores que se presentarían (quizás por malas interpretaciones de la propia filosofía platónica) a priori irreconciliables: cuerpo-alma, belleza-fealdad, cielo-infierno, Dios-Satán, luz-oscuridad. De ahí que en “El escritor y sus fantasmas” manifieste su convicción de que “la filosofía, por sí misma, es incapaz de realizar la síntesis del hombre disgregado: a lo más puede entenderla y recomendarla. La auténtica rebelión y la verdadera síntesis no podía provenir sino de aquella actividad del espíritu que nunca separó lo inseparable: la novela”. 

En “Antes del fin”, ese libro único que constituye su testamento espiritual, el maestro dejó un esperanzador mensaje que define en verdad el espíritu optimista de su aparente pesimismo que no es más que un instinto de supervivencia: “en tiempos oscuros nos ayudan quienes han sabido andar en la noche. (…) Siempre habrá algunos empecinados, héroes, santos y artistas, que en sus vidas y en sus obras (…) nos ayudan a soportar las repugnantes relatividades. (…) El hombre sólo cabe en la utopía. Sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”. 

Quizás simplemente ese lugar donde habita la utopía sea el sueño o la muerte, ya que resulta imposible de ubicar en nuestro mundo tal y como es. O finalmente, ¿quién sabe?, exista una “secta” antitética a la de los ciegos, una secta de santos, benefactores y humanistas pertenecientes a una casta secreta que trabaje por conducir a la humanidad hacia la utopía: de existir dicha logia, indudablemente Ernesto Sabato ha sido uno de sus más señalados miembros. Por eso, en homenaje suyo y como reconocimiento al impacto que me produjo su extraordinario “Informe”, llamé “Cofradía de los Hermanos Ciegos” a la sociedad secreta de carácter iniciático con la que al final de sus extraordinarias peripecias se encuentra Arturo Bernal, el protagonista de mi novela “El Fuego de San Telmo”, que resultó ganadora del V Premio Ciudad de Salamanca de Novela.







domingo, 4 de octubre de 2020

 

              EL REY AL QUE HAN DEJADO DESNUDO

                      Por Francisco Rosell, director de El Mundo, 

                                    Sábado, 3 octubre 2020

En el curso de la visita que giró el lunes a la reformada sede madrileña de la Fundación Ortega-Marañón, en su primera aparición tras impedirle Sánchez entregar en Barcelona sus despachos a los nuevos jueces por primera vez desde su entronización, se registró la curiosa instantánea de Felipe VI frente a uno de los retratos más característicos del filósofo. La imagen evocaba la anécdota que se cuenta del encuentro -más bien choque por sus consecuencias- del pensador con Alfonso XIII y que aceleró el republicanismo del que luego se arrepentiría Ortega ante la deriva del nuevo régimen del que fue partero con su Agrupación al Servicio de la República. Al interesarse el monarca por qué disciplina impartía el docto catedrático y contestarle que «de metafísica, señor...», Alfonso XIII le indicó sonriente: «Eso debe de ser muy complicado».

Conociendo su prudencia, seguro que Don Felipe no se habría permitido la broma que tanto pareció irritar a un Ortega indispuesto con el monarca por propiciar la dictadura primorriverista. Por su carácter, desde luego, bien diferente al de su bisabuelo y al de su padre, al que le cuadra más esa facundia. Pero también por los tiempos recios en los que le ha correspondido reinar y que se encaminan a los del metafísico que hubo de rectificarse a sí mismo. Tras romper amarras con la Monarquía con su explosivo alegato de «¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia», tuvo que entonar al poco, a raíz de quemarse iglesias y conventos, su histórico «¡No es esto, no es esto!».



En el umbral de la Guerra Civil, quien pasaba por ser la cabeza más lúcida e influyente de España confesaría amargamente su inmenso error a un Cambó que demostró conocer mejor el paño con personajes tan desleales con la República como Macià y Companys. Por eso, cuando al líder catalanista le invitaron a recorrer el Real Club de Polo de Barcelona y le anunciaron su proyecto de crear un club para gentlemen al estilo inglés, inquirió no sin sarcasmo: «¿Y de dónde piensan sacar a los señores?».

No es casual que España sea el único país europeo que, tras dos terribles experiencias, ha retornado a la Monarquía por ser más inclusiva que la República. Así, siempre fue más fácil manifestarse republicano con la monarquía que monárquico con la república hasta el punto de alentar sublevaciones, como la de 1934 en Asturias y Cataluña, para impedir que la mayoría parlamentaria de derechas de Gil-Robles y Lerroux alcanzara el Gobierno. Esa dinámica perversa la reemprendería Zapatero en 2003 como protector del Pacto del Tinell, suscrito por PSC, ERC e Iniciativa para hacer president a Maragall, que establecía un cordón sanitario contra el PP, si bien nadie lo había verbalizado como el vicepresidente Iglesias al sentenciar en las Cortes que la derecha no volvería a sentarse en el Consejo de Ministros.



Lo cierto es que, al cabo del Trienio Iliberal trascurrido desde el histórico discurso real del 3 de octubre de 2017 contra la declaración de independencia de Cataluña, en el que Don Felipe ejerció su rol constitucional de «cabeza de la nación» ante la pasividad del Gobierno de Rajoy que daba por no acontecidos los hechos que tenían lugar y la actitud contemplativa de la oposición, el golpe catalán sigue su curso, más allá de las escaramuzas por liderarlo de Puigdemont y Junqueras, y sus organizadores supeditan la gobernación de España auspiciando un cambio del régimen por la vía de los hechos consumados. En manos de quienes buscan su descomposición, pronto España dejará de ser, como señalaba el canciller de hierro Bismark, el país más fuerte del mundo, pues lleva siglos intentando destruirse sin lograrlo.

En el tránsito, la coalición Frankenstein que sostiene a un Sánchez hipotecado por los separatistas devalúa las Cortes a la condición de sucursal del Parlamento catalán donde se insulta y veja al Rey sin llamada alguna al orden por una presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, perfectamente intercambiable con Forcadell o Torrent, que, en cambio, amordaza a la oposición usando ventajistamente el reglamento. Al tiempo, la televisión pública española funge de terminal del canal independentista TV3 con los golpistas tratados a cuerpo de rey -incluido el prófugo Puigdemont a quien se blanquea como antes al etarra Otegui- y los constitucionalistas debiéndose justificar por estar al servicio de la legalidad en un medio fuera de la misma con una administradora única que Sánchez nombró por el mismo artículo 42 por el que el antojadizo rey del País de las Maravillas hacía su santa voluntad saltándose a la torera el Estatuto de la RTVE.

Como ahora pretende -subiendo la apuesta- con el Consejo General del Poder Judicial para burlar la mayoría cualificada que exige la Constitución y a la que no llega sin el concurso del PP, de modo que Sánchez se erija en administrador plenipotenciario de la Justicia sometida al poder político suprimiéndose la división de poderes consustancial a una democracia digna de tal nombre. Desde que preside el Consejo de Ministros merced a una sentencia falsa contra Rajoy, a Sánchez no se le pone nada por delante y, para que no pueda hacerlo ningún tribunal, se procura los medios para poner a los jueces a sus órdenes como acaece con la servil Fiscalía General del Estado.



Si España financiaba a manos llenas a quienes querían destruir la primera nación que ha existido en el sentido moderno, ahora fía su gobernación a esas mismas fuerzas disolventes. Primero, Sánchez legitimó la asonada del 1-O para ser presidente y ahora trata de legalizarla mediante la reforma exprés del Código Penal del ministro socialista Belloch. Al rebajar la pena de sedición por el que fueron condenados por el Tribunal Supremo, los golpistas serían rehabilitados para ejercer nuevamente cargos públicos, amén de posibilitar la repesca con todos los parabienes al evadido Puigdemont. Todo ello en contra de lo prometido en campaña por Sánchez para engatusar a la opinión pública diciendo lo contrario que ha terminado haciendo.

Para favorecer el proceso, les resulta primordial invalidar el rol constitucional de un monarca al que, por saber estar en su sitio, se le intenta quitar el sitio haciéndole su pagar su llamamiento televisado de hace tres años contra la intentona golpista del secesionismo. En este sentido, buscan embridar a Felipe VI para que no se interponga en un cambio de régimen en el que el dilema no es, como algunos despistados suponen, entre monarquía y república, sino entre democracia y tiranía, aunque la autocracia se enmascare porque, como admite Iglesias, la palabra democracia mola -«por lo tanto, habrá que disputársela al enemigo»-, mientras dictadura, aunque sea del proletariado, no hay forma de venderla a la gente.


Como comprobó España en sus experiencias anteriores, saldadas de modo dramático la primera y de forma trágica la segunda, no se puede tomar el nombre república como sinónimo de libertad porque la mayoría de las dictaduras -apellidadas populares en los países comunistas- se autodenominan repúblicas; en cambio, todas las monarquías europeas descuellan como democracias. De este falaz modo, el Rey que trasladó su aliento a los catalanes con su manifestación de que «no están solos, ni lo estarán», sufre el desamparo de un Gobierno socialcomunista en el que Sánchez e Iglesias se reparten los papeles. Mientras el segundo acecha a Felipe VI, el presidente le impide desempeñar de facto sus atribuciones de Jefe de Estado, a quien quiere confinado en La Zarzuela y obligado a pedirle la llave cada vez que quiera asomarse a la calle.

No es tolerable que, para justificar el injustificable veto al Rey en la entrega de despachos a quienes administran Justicia en su nombre precisamente, se diga que se evitó para «velar por la convivencia en Cataluña», como asevera el ministro Campo. Abonando las tesis independentistas cuando Don Felipe no ha hecho otra cosa que personarse allí donde hay que estar a las duras y a las maduras -singularmente en Cataluña- sin descomponer la figura y sin otro rictus que la gravedad de su semblante. Aquel absentismo que, en el Cantar del Mío Cid, Don Rodrigo Díaz de Vivar le echa en cara a Alfonso VI: «Muchos males han venido / por los reyes que se ausentan», no cabe achacársela a Don Felipe, por lo que tampoco cabe argüir el lamento del campeador burgalés: «¡Dios, ¡qué buen vassallo, si oviesse buen señor!».

La jactancia de Sánchez ha llegado al punto de amenazar tácitamente, mientras su vicepresidente lo expresa de forma tajante, que ojito con salir en defensa del monarca porque puede ser contraproducente para la Corona. Es tal su cinismo que acusa de patrimonializar las instituciones a quienes salen en rescate de lo que él hace público desprecio para que, de esta guisa, la demolición constitucional salga expedita y gratis. Esta maniobra tranquiliza a esos avestruces humanos que se hacen a la idea de que, por no darse por enterados, los peligros van a desaparecer. Los campos de batalla de la Historia certifican que la política de apaciguamiento sólo desguarnece las defensas y agiganta la ambición enemiga. Ya Aristóteles reparaba en la estupidez de aquellos que «no se irritan en las cosas que deben» y la de quienes «no se enojan como deben, ni cuando deben, ni con quien deben».



Si el monarca fue el principal bastión contra la asonada catalana, la mayoría socialcomunista no quiere que ocurra otro tanto con la extensión del golpe de Estado al conjunto de la nación. No hay que darle más vueltas a lo obvio y que, como en la carta secreta del relato de Poe, reposa encima de la mesa a la vista de quien quiera dar uso a sus ojos. Por eso, resulta indispensable preservar la figura de Felipe VI que, al modo del clavillo del abanico, une y engarza todas las varillas del régimen constitucional. Se lo aclaró Serguéi Diáguilev, quien trajo a Occidente los Ballets Rusos, a Alfonso XIII. Cuando le inquirió -«Usted, ni toca el piano ni es compositor ni baila ni dirige el espectáculo. Entonces, ¿a qué se dedica?»-. Diáguilev le puntualizó: «Majestad, igual que vos. No trabajo, no hago nada. Pero soy indispensable».

Al igual que este Rey al que dejan desnudo, pero que quieren presentar como dignamente vestido aquellos que presumen de querer protegerlo. Sánchez e Iglesias son como la pareja de sastres embaucadores del cuento de Andersen que tuvieron engañado al monarca con aquella inexistente prenda hasta que un niño gritó: «¡Pero si va desnudo!». 

En la encrucijada española, la alerta ha provenido de la juez más brillante de su promoción cuando, al ver el menosprecio a Don Felipe y a la Justicia, exclamó: «¡Viva el Rey!». No se pasaron «cuatro montañas», como susurró el ministro y captó un indiscreto micrófono, sino que quienes lo hicieron saben que la fe puede mover montañas si se está dispuesto a preservar el preciado don de la libertad.






sábado, 9 de mayo de 2020



    
     El peligro de las vacunas 'exprés':
       La brutal narcolepsia de J. tras inmunizarse 
                             contra la Gripe A




El adjunto reportaje de Quico Salcedo ha sido publicado por el periódico “El Mundo” hoy sábado, día 9 de mayo de 2020. Lo transcribo en mi blog a petición de un amigo médico, que no puede leerlo porque la vista de su texto íntegro está restringida a suscriptores del mencionado diario.




Me duermo en todas partes. Seis o siete veces al día. Desde 2015 no puedo coger un autobús. Porque me tienen que despertar. Me he quedado dormido en la línea 6 de metro, la circular, dos horas. No puedo cocinar solo, porque me dejo todo encendido. Eres inútil prácticamente para todo. A veces camino dormido por la calle, y no sé qué he hecho".

"He perdido gran parte de mis amigos. Saben que no pueden contar ni un chiste delante de ti. Cuando ellos han dejado de reírse, tú estás ya fuera de control, y te acabas derrumbando sobre la mesa en un ataque de cataplejia. Las amistades con otros las he roto deliberadamente: se ríen de lo que te pasa. Se hacen selfis contigo cuando te duermes en los sitios más absurdos".

"Me he borrado del gimnasio por quedarme dormido. Y luego están las alucinaciones, las pesadillas, porque el cerebro activa todos los mecanismos del miedo. A la gente le hace gracia la narcolepsia, piensan que duermes un poco y hala. No: es un infierno. Te anula, te mata vivo".

Cuando su vida empezaba a despegar, J.P. se hundió. Se derrumbó, de hecho. Encargado de tiendas de una conocida multinacional de moda en Gran Vía y Preciados, en el centro de Madrid, de pronto empezó a caerse redondo al suelo, dormido, ante la reclamación de cualquier cliente. Sus subordinados tenían que sacarle del baño, donde se escondía para dormir.

En los cursos de formación de la multinacional gallega, que él llegó a impartir en Reino Unido, Bélgica, Polonia, un día le echaron: "Vete a dormir a casa". J., ahora 37 años, que había abandonado su Valladolid natal para comerse Madrid, tiene hoy una incapacidad absoluta reconocida y un 65% de minusvalía. "Me despiertan desconocidos en bancos por la calle. No puedo hacer casi nada. Hay días que me levanto enérgico y me desplomo en el desayuno".

En 2015 le diagnosticaron narcolepsia -en sus peores manifestaciones: alucinaciones pesadillas, bulimia, depresión- y poco después su hermana, médico, halló coincidencias entre su caso y centenares más en el norte de Europa.


VACUNA SÍ, PERO CON TODAS LAS GARANTÍAS

Todos habían sido vacunados de la Gripe A con Pandermix, una inmunización creada por Glaxo en 2009, cuando el mundo se vio de pronto acechado por una inminente pandemia... Que al final resultó un ensayo general de este Covid-19 que ha reventado nuestras vidas. Ahora que Trump quiere una vacuna antes de la hora de cenar y ha denominado la carrera por ella Velocidad de la Luz, el caso debe subrayar lo que todos los expertos ponderan: que sí, vacuna cuanto antes, pero vacuna segura, testada suficientemente.

En 2010, con el planeta vacunándose a la carrera, comenzaron a estudiarse en Suecia y Finlandia casos de narcolepsia aparentemente vinculados a Pandermix. La Agencia Europea del Medicamento admitió que se estudiaba el caso, pero que los efectos positivos de la vacuna estaban por encima de los negativos. La terminó restringiendo en menores, e incluyendo el efecto adverso en el prospecto. Glaxo mantiene hoy igual posición, a preguntas de EL MUNDO: los beneficios son más que los perjuicios, asegura.

Se hicieron estudios. En Suecia emergió que las posibilidades de sufrir narcolepsia se doblaban en vacunados con Pandermix. En Finlandia, otro de los países más afectados, la tasa de narcolépticos era 12,7 veces mayor en vacunados que en no vacunados. En Inglaterra, un vacunado tenía 14,4 veces más posibilidades de sufrir la enfermedad. En Irlanda las posibilidades eran de 13,9 veces más, y en Francia de 4,7 veces más en mayores de 18 años.

Son todos datos que arguye el informe pericial, firmado por el doctor en Farmacia José María Olivas, de Peritos Expertia, en la demanda que ha interpuesto J. contra Glaxo, asesorado por la firma Lex Abogacía.


BRITISH MEDICAL JOURNAL: SIETE VECES MÁS POSIBILIDADES

Pero hay más: los tribunales de Reino Unido han obligado ya a la firma a indemnizar a varias víctimas, asumiendo indicios suficientes de causalidad entre la vacuna y decenas de casos de narcolepsia. En 2015, la publicación Science Traslacional Medicine daba una clave del vínculo en la genética de quienes enfermaron. En 2018, el British Medical Journal publicaba un estudio que multiplicaba por nada menos que siete la posibilidad de sufrir narcolepsia a los vacunados con Pandermix que al resto.

El origen del nexo es una sustancia que Glaxo incluyó en la vacuna, el adyuvante AS03, que incrementaba la respuesta inmune del cuerpo desde el 20% hasta el 70% (una vacuna es en realidad una presentación de un patógeno al organismo en cantidad baja para que luego, si llega el hermano mayor, sepa defenderse solo, con anticuerpos propios). Pero, a la vez, destruía la hipocretina, reguladora del sueño.

El expediente permanece en todo caso durmiente porque, tras remitir la pandemia, Glaxo nunca renovó los permisos para comercializar Pandermix, hoy ya fuera de la circulación. El caso de J., que se sepa el único que ha planteado demanda en España, es ilustrativo: le pusieron la vacuna en 2010 por hallarse en uno de los denominados grupos de riesgo de la gripe A, comenzó a sufrir los primeros síntomas de la enfermedad en 2011, no quedó completamente KO hasta 2015 y ha tardado cinco años en decidirse a denunciar los hechos: «Estás tan hundido, en mi caso incluso con depresión clínica, que tardas mucho en reaccionar».

Pandermix, en definitiva, fue una vacuna proyectada para otra epidemia planetaria que no llegó, por así decirlo, a romper como lo ha hecho el Covid-19. Y aquí viene el aviso para navegantes: ¿qué tuvo que ver la prisa en su presunto vínculo con la narcolepsia? Contesta Oliva, el perito de J. en su demanda a Glaxo: "Parte del proceso de ensayos clínicos se aprobó por similitud con otros productos, con cierta premura".

Tal vez lo más insoportable en el caso de la narcolepsia de J. son las alucinaciones: «Se llaman sueños vívidos. Ves lenguas de fuego yendo hacia ti, o ratas, oyes voces... Es muy duro. A veces he tenido que preguntar a otros si era verdad», termina. Los tribunales determinarán, por primera vez en España, si le corresponde una indemnización.


jueves, 20 de diciembre de 2018



                       LOTERÍA Y MEMORIA






El problema de las imágenes atraviesa el discurso entero, todos los discursos. Cuando se nombra una piedra o el mar, aunque no estén las cosas a la vista de los sentidos, sus imágenes están presentes en la memoria, imágenes que son a veces la memoria misma, ese hilo conductor que desde la nada al País de Nunca Jamás, a veces nos alivia la carga de un tiempo reductor, sin nombre ni voz, sólo número. Tiempo feroz que se acelera y huye, desvaneciéndose como un jirón de niebla. Tal como nos desvanecemos nosotros, también tiempo a fin de cuentas. Somos criaturas del tiempo, sí, pero de un tiempo rebosado de imágenes, con memoria. Lo que pasa es que la velocidad que se ha ido apoderando del mundo nos ha instalado en el vértigo y lo que un día soñamos aprehender se nos esfuma si la memoria nos traiciona o falla.

Velocidad, pérdida de las señas de identidad que posibilita todas las deserciones, todas las traiciones, ese “todo vale” que ha convertido nuestra escena en un vergonzante Patio de Monipodio, en el que nos hemos ido transformando casi sin darnos cuenta en el viejo Scrooge, aquel personaje de Dickens al que le fue dado contemplar en sueños su acabamiento, sus últimos días, su muerte e incluso su sepultura, en la que su propio nombre grabado representaba la conclusión de su tiempo, ese proceso aciago en el que fueron desapareciendo una tras otra sus más nobles aspiraciones hasta no quedar otra cosa que afán de ganancias y voracidad. Horrorizado por la visión, Scrooge quiere de nuevo vivir pasado y presente para acceder a otro futuro distinto y borrar así la pesadilla que vio escrita en la lápida. Desesperado, necesita la oportunidad de construirse una nueva memoria, que es lo mismo que decir una nueva identidad.




Al fin y al cabo, tal vez no sea un ejercicio perdido entregarse al arte de la memoria aprovechando la inevitable evocación que a todos nos sugiere, al margen de ideas o creencias, las fechas navideñas que se nos aproximan o el año que se termina y que tan difícil está resultando para tanta gente, instalados en una crisis que maltrata nuestra convivencia porque no encontramos la salida y las cosas pueden ponerse todavía peor.

Cuando era niño, estos días en los que se anuncian todos los inviernos y en los que las vacaciones navideñas estaban a la vuelta de la esquina, eran días de expectación. Al salir de mi diaria clase de dibujo en el caserón de San Telmo, antigua Escuela de Bellas Artes, en la plaza de la Constitución, que algunos llamaban de José Antonio, los altavoces de la tómbola de caridad anunciaban premios sin fin entre una algarabía de tenderetes que convertían la escena en un decorado mágico: bayas rojas, hiedras, ramas de pino con piñas pintadas de purpurina, pastorcitos de barro y un indecible número de maravillas, entre villancicos y música de zambombas. Compartía con mis amiguitos, cofrades todos de Peter Pan, aquel arrebatado alboroto que hoy me atrevería a llamar felicidad. Imágenes y memoria de aquellos días en los que impregnábamos con nuestra agitación un aire malagueño que sabía de todas las penurias y miserias de una posguerra tan pertinaz como la sequía oficialista, en un país de veinte millones de habitantes y quince millones de pobres.




Y pese a todo, tiempo de anhelos puros, claridad en las sombras, sol limpio en el día, voz clara en la calle si pregón de la suerte y de sus sueños sin nombre:

¡El Gordo…! ¿Quién quiere el Gordo de la Lotería de Navidad?

Papá, ¿si nos toca el gordo compraremos el coche más grande que haya y para mí el colt 45 de Texas Bill y una caja de acuarelas…y todos los tebeos que quiera…?

Todavía en la cama, despertándome de los sueños sin pesadillas, se abrían paso las voces mágicas de todas las ilusiones. Las ondas de la radio concretaban el milagro presentido en la cantinela esperadísima de los niños del Colegio de San Ildefonso y los millones de pesetas que caían en un pausado chaparrón sobre el país hambriento y sobre nuestro subdesarrollo. La modorra se evaporaba como por ensalmo y la feliz letanía de la Lotería de Navidad era lo único que importaba, lo único real. Aquella mañana era distinta a todas. El pulso del barrio se detenía aguardando el gran chupinazo del Gordo o, al menos, la cercana caída de alguna “pedrea”. Lo improbable rozaba lo cotidiano, los sueños limaban sus bordes y se mezclaban con el aire que respirábamos, imagen real e imagen virtual se juntaban en una promiscuidad casi obscena que no por efímera resultaba menos fascinante, porque durante la mañana entera todos formábamos parte de un milagro.





Es inútil negarlo. Confesemos que la gran puesta en escena de la Lotería de Navidad forma parte de nuestros mejores recuerdos, que sus imágenes son parte de nuestra memoria colectiva y de toda una mitología de la felicidad en la que el enriquecimiento súbito y limpio viola las leyes del tiempo y su miserable entropía. Y que por todo ello, también forma parte todavía de nuestras esperanzas secretas en esta época de crisis radical de todo y casi todos. Tiempo así recobrado y recobrada memoria ahora que está tan de moda entonar la Canción del Olvido y no recordar que somos quienes somos.

Podremos o no recuperar el tiempo perdido siguiendo las huellas de guijarros blancos en el bosque tenebroso de nuestro momento presente, como hiciera Pulgarcito. Pero muchos de nosotros somos incapaces de extraviar deliberadamente la memoria reencontrada. Pulgarcito siempre regresa. Como una sombra fijada a nuestra piel.

Quizás, ante tanta velocidad innecesaria, ante tanto extravío irresponsable, sea preciso sosegarse, detenerse al filo del camino e intentar en la moviola del tiempo un cierto regreso a los orígenes de nuestras ilusiones para no perder definitivamente el sentido utópico de la ilusión misma. Es necesario abrir una pausa para recuperar la fascinación por el milagro, dejarse seducir por la seducción y seducir lo que resulte seducible, sin forzar tanto la marcha de nuestra maquinaria porque acabará hecha añicos. Hay tiempo para todo, incluso para que los tiempos se junten. Las cosas serán alcanzables o no, pero, desde luego, nunca a cualquier precio o caiga quien caiga.

El Gordo de Navidad representaba para nosotros, ahora podemos saberlo, la plenitud sin precio, la riqueza blanca no conseguida a cambio de claudicaciones vergonzantes. Lo contrario, precisamente, de ese dinero negro de la corrupción que hoy enturbia nuestra vida social y nuestra economía del valor, porque conculca la imagen de lo valioso en sí, que es el hombre mismo, ese ser tan contradictorio y descubridor de universos, hoy en vías de extinción. La lotería como reivindicación y símbolo del azar. De lo improbable en nosotros.

Para ser fieles a la memoria y a falta de realizar los sueños, tarea imposible, hay que tratar de salvarlos contra viento y marea, jugando en el sentido amplio y fuerte del término. No tanto buscando un sentido al mundo o de la vida como participando en sus juegos. Jugar el juego y ser jugados por él. Juego que, inevitablemente, por estas fechas, no puede menos que llamarse Lotería de Navidad.



Lotería y memoria, juego y utopía, felicidad virtual, realidad del sueño que guarda, siquiera sea por unos momentos, la esperanza. Hasta que el juego se juegue y nos juegue. Porque el juego sigue y nosotros seguiremos en él. Ya vendrá el “Niño” con su repesca de la suerte. Y yo que seguiré jugando mientras Dios lo quiera, adquiriendo boletos de la suerte por buscador impenitente de esa felicidad en la que ya ni creo. Pero a estas alturas, ya sabemos que se trata de otra cosa. De salvar las imágenes del tiempo y su memoria como cosas constitutivas de nuestra propia mismidad personalizada.

En todo caso, seguiremos apostando. Números, números de la suerte. ¿Será el Gordo? A lo mejor…

©  Copyright José Baena Reigal









viernes, 20 de julio de 2018



            LA VERDAD SOBRE EL ESTADO ISLÁMICO
                                  (Segunda Parte)




Invasión de Irak y desestabilización de Siria

La guerra de Irak estaba en la agenda de los halcones del Pentágono desde la segunda guerra del Golfo. El camino hacia Bagdad era la ruta marcada hacia la supremacía global estadounidense. Como menciona Theodore Roszak en un impecable y bien documentado estudio, “ya en 1996, en Estados Unidos había elementos derechistas que hablaban acerca de imponer una "hegemonía global benévola" en el mundo. La frase pertenece a Robert Kagan y William Kristol, y apareció en Foreing Affairs. Iraq ofrecía esa oportunidad. Al resistirse a lo que la Administración Bush pretendía, las Naciones Unidas no hicieron más que acelerar el momento en el que Washington se sintió libre para desechar la Organización, junto con la OTAN y la Unión Europea, como irrelevante. Había llegado el nuevo siglo estadounidense, y cuanto antes lo reconociese el mundo, mejor" (21).

La decisión de imponer la guerra a Siria fue adoptada por el presidente George W. Bush en una reunión en Camp David celebrada el 15 de diciembre de 2001, cuando después de los atentados de Nueva York y de Washington fue incluida Siria en el "Eje del Mal". En aquel momento inicial, lo previsto era comenzar la intervención militar en Siria y en Libia para demostrar que las fuerzas norteamericanas podían actuar de manera simultánea en dos teatros bélicos, un detalle que conocemos por el testimonio del general de cuatro estrellas Wesley Clark, ex-comandante supremo de la OTAN, quien se opuso al proyecto. Atacar Afganistán fue la solución adoptada mientras se preparaba la Guerra de Iraq para derrocar a Sadam Hussein y controlar sus inmensas reservas petroleras, aunque hay que esperar a 2003 para que el Congreso estadounidense, con ocasión de la caída de Bagdad, aprobara las disposiciones legales que facultaban a Bush para que el Pentágono preparara una guerra contra Libia y otra contra Siria, la “Syria Accountability Act” (22), que servirían de prólogo al gran objetivo ambicionado por la estrategia estadounidense: Irán, segundo productor mundial de petróleo y de gas natural.




El testimonio del General Wesley Clarck resulta tan sorprendente como ilustrador respecto a los planes bélicos del equipo con el que Bush se había rodeado. Según contó el general en varias entrevistas y conferencias, algunos días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, durante una visita al Pentágono, se enteró de que estaba tomada la decisión de atacar Irak. Muy extrañado, preguntó a su informador la causa de tal decisión y si había alguna información nueva que vinculara a Sadam Hussein con Al-Qaeda: “No, señor” fue la respuesta, para añadir seguidamente que, en su opinión, el motivo era que no se sabía cómo actuar ante el terrorismo, pero que teniendo tan gran ejército resultaba posible derrocar al gobierno que quisieran. En una nueva visita al Pentágono dos semanas más tarde, cuando ya se habían iniciado los bombardeos sobre Afganistán, Clark volvió a conversar con el mismo funcionario, interesándose por conocer qué pasaría con Irak, recibiendo la respuesta siguiente, según refiere el propio general: “La cosa es mucho peor. A continuación me mostró unos folios con información reservada que acababa de recibir de la Oficina del Secretario de Defensa, Paul Wolfowitz, mientras decía: Esta nota describe cómo vamos a atacar siete países en cinco años, comenzando con Irak, luego seguirán Siria, Líbano, Libia, Somalía, Sudán y finalmente Irán”. A la pregunta de si se trataba de información confidencial, su interlocutor repuso con un lacónico: "Sí, señor".

El general confiesa que se quedó estupefacto, pero que guardó silencio cerca de seis meses y medio por tratarse de una información confidencial, añadiendo acto seguido que entonces se dio cuenta de quienes eran las personas que habían tomado el poder en Estados Unidos, porque recordó un comentario que en el año 1991 le hizo Wolfwitz mientras ocupaba el cargo de subsecretario de Defensa, es decir, el número tres del Pentágono: “La verdad es que deberíamos de habernos librado de Sadam Husein y no lo hicimos cuando se produjo el levantamiento chiita que nosotros mismos habíamos provocado, para luego no intervenir con nuestras tropas. Sin embargo, una cosa aprendimos: Que podemos emplear nuestros ejércitos en Oriente Medio y los soviéticos no nos pararán. Disponemos de cinco o diez años para limpiar todos esos regímenes clientelares soviéticos que son Siria, Iraq e Irán antes de que se consolide un gran poder que pueda desafiarnos”. “¿Acaso el cometido del ejército es comenzar nuevas guerras o cambiar gobiernos en vez de evitar los conflictos? ¿Vamos a invadir países?”, confiesa el general Clark que se preguntaba lleno de perplejidad mientras la cabeza le daba vueltas (23).



Como el mismo Wesley Clark escribió, “no se presentó ninguna prueba de que Irak representara una amenaza inminente para Estados Unidos o su aliados, E “inminencia” era la palabra clave. La administración hizo lo posible para demostrar su tesis ―ante un pueblo predispuesto a aceptarla, pero no había ningún factor que la avalara (…) En cambio, iba a ser una causa de guerra “preventiva”; una idea que Estados Unidos siempre había rechazado para sí mismo y había condenado en otros” (24). Siguiendo puntualmente el guión referido por el general Wesley Clark, después del asesinato de Rafik Hariri, primer ministro libanés, el 14 de febrero de 2005, Washington trató de provocar la guerra contra Siria, pero no encontró excusa alguna para hacerlo (25). No obstante, como el propósito seguía siendo invariable, en 2006, los servicios de inteligencia norteamericanos comenzaron a preparar la revolución siria mediante la creación del Syria Democracy Program, por el que se trataba de crear y financiar grupos de oposición, como el Movimiento por la Justicia y el Desarrollo, vinculado a los Hermanos Musulmanes, con el objetivo de servir como bases operativas para coordinar las actuaciones contra el gobierno de Damasco. Al financiamiento oficial del Departamento de Estado se agregó una aportación secreta de la CIA a través de una asociación californiana llamada Democracy Council (26). Dos años después, en 2008, durante la reunión que la OTAN organizó bajo el patrocinio del Grupo Bilderberg, fueron expuestas las ventajas económicas, políticas y militares de una posible intervención de la OTAN en Siria.

En esa línea, en 2009, la CIA organizó varios instrumentos de propaganda dirigidos hacia Siria, como los canales Barada TV, con sede en Londres, y Orient TV, con base operativa en Dubai. La trama continuó con la celebración en El Cairo, durante la segunda semana de febrero de 2011, de una reunión a la que asistieron el senador John McCain, Joe Lieberman y el mascarón “filósofo” de la OTAN, Bernard-Henri Lévy, en la que se dio la señal para iniciar las operaciones secretas que comenzaron simultáneamente en Libia y en Siria: el 15 de febrero en Bengasi y el 17 en Damasco, bajo la cobertura propagandística de “las primaveras árabes”, que deberían llamarse “primaveras otánicas”. Finalmente, en mayo de 2012, la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) crearon el Working Group on Economic Recovery and Development of the Friends of the Syrian People, bajo la co-presidencia de Alemania y de los Emiratos Árabes Unidos. En el marco de ese grupo, el economista sirio-británico Ossam al-Kadi elaboró un programa para repartir las riquezas sirias entre los países miembros de la coalición, que sería aplicado a partir del “día siguiente” a la caída del gobierno de Al-Assad (27), que por aquel entonces parecía inminente.




Mutaciones de Al-Qaeda y aparición del Estado Islámico

En la historia de la Guerra Contra el Terror impuesta por Bush para perpetuar una nueva Guerra Fría de duración indefinida y de carácter global, la guerra afgana fue importante no solo porque sirvió como modelo de referencia para las intervenciones en Irak, Libia y Siria, sino también porque incorporó las nuevas características diseñadas por los estrategas del Pentágono y de la CIA, la primera de las cuales fue ideologizar el conflicto para presentarlo al mundo como una guerra religiosa contra el Imperio del Mal, en vez de mostrarla como una guerra por la libertad, tal como el mismo Reagan hizo cuando en 1981 firmó la Decisión Ejecutiva de Seguridad Nacional 17, en la cual autorizaba a la CIA para reclutar, entrenar y dirigir grupos paramilitares (“contras”) denominados “rebeldes”, para combatir al gobierno sandinista de Nicaragua, cuyas hazañas fueron particularmente brutales, similares a las llevadas a cabo por los famosos “escuadrones de la muerte” en El Salvador, cuya organización corrió a cargo de un siniestro y misterioso personaje, el coronel James Steele (28), en donde coincidió con David Petraeus para formar el dúo mortal que algunos años después desempeñó un papel tan crucial como nefasto en Irak.

Está exhaustivamente documentado que Petraeus como general al mando de la Fuerza Multinacional y el coronel Steele al frente de los escuadrones de la muerte chiitas, que sembraron el terror entre la población sunita tras la caída de Sadam Hussein, actuaron siguiendo al pie de la letra las instrucciones del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Como lógica reacción defensiva, su actuación originó la resistencia armada suní, que sirvió de base para crear Al-Qaeda de Irak, que pasó a llamarse EIIL (Estado Islámico de Irak y Levante) cuando se expandió por el centro y norte del territorio iraquí, y finalmente ISIS o EI, cuyo líder, Abu Bakr al-Baghdadi, se autoproclamó califa el 29 de junio de 2014 en la recién conquistada Mosul, en cuya mezquita principal declaró a su organización Estado independiente y reclamó que todos los musulmanes del mundo le juraran fidelidad. No cabe duda de que la oscura y enigmática figura del “califa” Al-Baghdadi es el mejor icono fabricado por los diseñadores de la campaña de propaganda global para poner un rostro al más fanático y despiadado personaje del terrorismo islamista después de que Bin Laden se evaporase y pasara a formar parte de los archivos más oscuros de la Historia (29).

Al-Baghdadi, el misterioso "califa" hace tiempo evaporado 

¿Pero quién es en realidad Abu Bakr al-Baghdadi, cuya imagen ha sido tan sospechosamente ocultada en Occidente? En junio de 2014, el general de brigada Kevin Bergner, veterano portavoz militar estadounidense, dio una sorprendente explicación a la capacidad de Al-Bahgdadi para escapar de los ataques: que comparte con el ectoplasma de los espiritistas la cualidad de no existir. Según un artículo publicado en The Washington Post, “era un personaje de ficción cuyas declaraciones en audio las realizó un actor de edad avanzada llamado Abu Abdullah al-Naima” (30). Según fuentes próximas al espionaje ruso y las revelaciones de Edward Snowden, el verdadero nombre del “califa” del Estado Islámico es Shimon Elliot, hijo de padres judíos y agente del Mossad israelí que lo introdujo como topo en el ámbito yihadista (31).Su nombre falso: Irahim ibn Awad Ibn Ibrahim Al-Badri Arradoui Hoseini", alias Abu Du’a, un dato que concuerda con las declaraciones que hizo Emil Lahud, ex-presidente libanés, quien en una entrevista emitida el sábado 9 de septiembre de 2014, aseguró que el grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL o Daesh) es un proyecto diseñado por la inteligencia israelí y financiado conjuntamente por EE.UU. y otros países árabes, un hecho que también ha sido ratificado por el general Wesley Clark, ex-Comandante Supremo de la OTAN, quien en el año 2007 no tuvo empacho en declarar en una entrevista realizada por Amy Goodman emitida por la cadena CNN, que el Emirato Islámico (también conocido como Daesh, ISIS, ISIL y anteriormente como EIIL) fue “creado por nuestros amigos y aliados para vencer a Hezbollah” (32).


El senador MacCain se reúne en Siria con miembros del Ejército Sirio Libre,
entre los cuales estaba el futuro "califa"Abu Bakr al-Baghdadi 

McCain en Siria el día 28 de mayo de 2013 

En mayo de 2013, el senador John McCain, unos de los más feroces belicistas dentro de los “halcones” de Washington, líder de los republicanos en el Congreso y promotor de las “primaveras árabes, estuvo ilegalmente cerca de Idleb, en territorio sirio (33), donde llegó a través de Turquía para reunirse con el estado mayor del Ejército Sirio Libre (ESL), brazo armado de la “oposición moderada siria”, para verificar la entrega de armamento desde Turquía, en un viaje que sólo se hizo público cuando hubo regresado a Estados Unidos. La estancia de McCain en territorio sirio fue organizada por la Syrian Task Force, que contrariamente a lo que sugiere su nombre, es una organización pro-israelí vinculada al America's Pro-Israel Lobby (AIPAC) (34). En las fotos de dicha reunión aparecen Mohammad Nur, portavoz de la Brigada Tempestad del Norte, integrada en el Frente Al-Nusra (o sea, Al-Qaeda en Siria), que había secuestrado y aún retenía en su poder a once peregrinos chiitas libaneses en Azaz, el general Salem Idriss, jefe del Ejército Sirio Libre y finalmente Ibrahim al-Badri, el mismo personaje que al año siguiente saltaría a la fama como “califa” del Estado Islámico bajo el nombre de Abu Bakr al-Baghdadi.

Según puede verse, al senador McCain no le importó que Ibrahim al-Badri figurase desde el 4 de octubre de 2011 en la lista de los cinco terroristas más buscados por la justicia estadounidense (Rewards for Justice), con una recompensa de hasta 10 millones de dólares para quien contribuyese a su captura, ni que desde el 5 de octubre de 2011, Al-Badri fuera incluido en la lista del Comité de Sanciones de la ONU como miembro de Al-Qaeda. Y es que basta saber quiénes asistieron a la entrevista organizada por el senador MacCain para comprender que todas las canicas pertenecen al mismo saco, es decir, que en el campo de batalla sirio no han existido diferencias entre Al-Qaeda, el Ejército Sirio Libre, el Frente al-Nusra, el Emirato Islámico de Irak y Levante, el Estado Islámico, etc., etc. El aparente rompecabezas deja de serlo en cuanto comprobamos que todas esas organizaciones igualmente terroristas están lideradas por los mismos individuos, que cambian constantemente de nombre y de bandera para confundir a la desinformada opinión pública occidental. Cuando sus líderes dicen ser miembros del Ejército Sirio Libre agitan la bandera de la colonización francesa y sólo hablan de derrocar al “perro Al-Assad”, cuando dicen ser miembros de Al-Nusra, agitan la bandera de Al-Qaeda y pregonan querer imponer el islam –el de ellos– en todo el mundo. Y cuando se declaran miembros del Emirato Islámico, hacen ondear la bandera del Califato y anuncian que expulsarán de la región a todos los infieles. Pero, sea cual sea su etiqueta, han cometido las mismas atrocidades, que es, en esta maldita historia, lo único que hay de verdad. 

Columna motorizada del Estado Islámico en la ciudad de Mosul

En su obsesión por lograr el derrocamiento de Bashar al-Assad, el senador MacCain pasó por alto las críticas que recogió tras su reunión de mayo de 2013 en Idlib y en febrero del año siguiente volvió a reunirse, esta vez en Turquía, con representantes de la oposición contra el gobierno de Damasco para, según declaró “conseguir una estrategia integral con respecto al ISIS y la guerra civil Siria”. Que fuese creíble o no es lo de menos, lo obvio es que algo tenía que decir (35).


Otro testimonio de absoluta solvencia acerca del origen estadounidense del Estado Islámico es el aportado por otro militar de la más alta jerarquía del Pentágono, que fue ignorado por los medios de comunicación occidentales. Durante una entrevista realizada a principios de agosto de 2015 en el programa “Head to Head” de la cadena Al-Jazira, el teniente general Michael Flynn, ex-director de la DIA, Agencia de Inteligencia de la Defensa (la principal organización militar para el espionaje en el extranjero de Estados Unidos), forzado a dimitir como asesor de Seguridad de Donald Trump a las pocas semanas de su nombramiento, realizó unas extraordinarias revelaciones. Según dijo, cuando ejercía como director de la DIA llegó a sus manos un informe que anunciaba ya en 2012 la voluntad norteamericana de crear “un Estado Islámico” en Siria, así como que su posterior expansión no fue debida a un despiste o a un error de cálculo, sino a una decisión explícita y consciente de la Administración Obama (36).

El periodista Medhi Hasan, que hacía de entrevistador, insistió para que el general aclarase la gravísima afirmación que acaba de hacer. Sin empacho alguno, Michael Flynn insistió en que, a pesar de que el informe de la DIA estaba bien elaborado y procedía de fuentes muy fiables, la Administración no le hizo el menor caso. El diálogo discurrió en los siguientes términos:

Hasan: Usted está diciendo que por sus manos pasó el informe de la DIA que afirmaba que esos grupos estaban ahí (ISIS y Al-Nusra), que usted también lo veía claro y que advirtió de ello. Entonces, ¿quién no hizo caso de esas informaciones? 

―Flynn: Creo que la administración.

Hasan: ¿Así que la administración hizo la vista gorda ante su análisis?

Flynn: No creo que hicieran la vista gorda: creo que tomaron una decisión. Creo que fue una decisión deliberada. 

―Hasan: ¿Una decisión voluntaria para apoyar a una insurgencia formada por salafistas, Al Qaeda y los Hermanos Musulmanes? 

―Flynn: Fue una decisión deliberada para hacer lo que están haciendo.

En un determinado momento de la entrevista, Hasan sostiene una copia impresa de ese informe de la DIA de 2012 que había sido desclasificado y leyó en voz alta pasajes claves, tales como “existe la posibilidad de establecer un principado salafista declarado o no declarado en Siria oriental y esto es exactamente lo que los poderes que apoyan a la oposición pretenden con el fin de aislar al régimen sirio”. Después de todo lo expuesto, no creo que haya nadie capaz de poner en duda que la decisión de la Casa Blanca era utilizar a combatientes yihadistas, que bajo el nombre de Al-Qaeda o de cualquier otra denominación, crearían las condiciones para la aparición y ascenso del autodenominado Estado Islámico, con la intención de utilizarlo en Siria para ocupar la parte asignada a los sunitas (Sunistán) en la desmembración y posterior reparto de Siria, según el plan elaborado conjuntamente por Estados Unidos e Israel para diseñar el nuevo mapa del Oriente Medio: una ancha franja que ocuparía toda la zona central del suelo sirio a partir de la inexistente frontera sirio-iraquí, coincidente con la prolongación hacia el Oeste del espacio adjudicado a los sunitas de Irak, pero sin salida al mar. Al lector avisado no le pasará desapercibido el hecho de que dentro de semejante demarcación están los principales campos petroleros, tanto de Siria como de Irak. No cabe olvidar que el control energético mundial es clave fundamental de la geoestrategia de Washington.

Hillary Clinton en Libia con elementos de Al-Aaeda, tras el asesinato de El Gadafi

La contundencia de las gravísimas acusaciones del general Flynn obligaron a que Hillary Clinton tuviera que salir a la palestra, ya que ella ocupaba la Secretaría de Estado cuando tuvieron lugar los hechos más abominables de la guerra sucia realizada contra Libia y Siria durante el primer mandato de Barack Obama. Así, en una entrevista concedida a la revista The Atlantic, buscó justificarse con una argumentación tan cínica como falsa: "El fracaso a la hora de ayudar a construir una fuerza de combate creíble con los autores de las protestas contra el presidente sirio, Bashar al-Assad, […] dejó un gran vacío que los yihadistas ahora han llenado". También agregó que la situación en Siria podría estar desarrollándose de un modo muy distinto "si hubiéramos tardado menos en entrenar y equipar al grupo central del Ejército Libre de Siria". De haber sido así, el gobierno de Estados Unidos "por un lado habría tenido un mejor conocimiento de lo que estaba pasando en el terreno y, por otro, habría ayudado a poner en pie a una oposición política creíble" (37).

Como anteriormente he dejado dicho, la invasión de Irak de 2003, que siguió a la Segunda Guerra del Golfo, tuvo unos efectos determinantes para que grupos fundamentalistas y la propia Al-Qaeda pudieran aparecer y ganar fuerza, ya que durante el gobierno de Sadam Hussein no habían tenido ninguna posibilidad. Pero esta presencia no fue consecuencia indirecta de la invasión, sino que los servicios de inteligencia estadounidenses, con el embajador Negroponte a la cabeza y su segundo, Robert. S. Ford, promovieron los ya citados escuadrones de la muerte, con el fin de hundir el país en el caos y eliminar cualquier posible resistencia a la ocupación. Al igual que el general Petraeus y el coronel Steele, Negroponte tenía ya un siniestro historial creando escuadrones de la muerte en América Central en la década de los ´80 del siglo pasado. Robert S. Ford se convertiría en embajador norteamericano en Siria y enseguida comenzaron a actuar estos escuadrones criminales también en territorio sirio. En esos momentos de la invasión de Irak, ya había en Siria sectores extremistas que apoyaban y daban cobijo a esos grupos paramilitares, que actuaban en conexión con Nawal Fares, embajador de Siria en Irak. Se estaba creando el nido de víboras que no tardarían en extender e inocular su veneno por la tierra siria.



En informes emitidos por el West Point Combating Terrorism Center del ejército de Estados Unidos se mostró de dónde procedía el flujo principal de yihadistas de Al-Qaeda que llegaban a Irak. En ellos se veía que el primer suministrador en número era Arabia Saudí, pero que en proporción de habitantes lo era Libia, en concreto procedentes de la zona de Cirenaica, cuya capital es Bengasi, justo donde años más tarde comenzaron los disturbios en Libia que acabarían con la destrucción del régimen de El-Gadafi. Salta a la vista la conexión entre los centros de acumulación de combatientes de Al-Qaeda y demás grupos afines con el comienzo de las acciones violentas que los medios de información occidentales calificaron como revueltas de “manifestantes pacíficos” tanto en Libia como en Siria poco tiempo más tarde. Las rutas que los yihadistas utilizaban para llegar a Irak fueron prácticamente las mismas que poco después fueron usadas para llegar a Siria. Todo ello bajo el control de Estados Unidos y la colaboración de sus principales socios en la OTAN, especialmente Francia (38) y el Reino Unido, así como con la eficaz ayuda de Israel, Jordania, Turquía, Arabia Saudí y Qatar.

En esos mismos informes también aparecía cuales eran los principales núcleos donde se acumularon los terroristas de Al-Qaeda en territorio sirio durante la guerra contra Irak: Dayr Al-Zawr, en la frontera iraquí, Idlib, cerca de Alepo, y Deraá, junto a la frontera jordana, los mismos sitios que, no por casualidad, fueron precisamente los epicentros donde tuvieron lugar los primeros disturbios que sirvieron como señal de salida para fabricar el conflicto sirio. De manera resumida, podemos decir que los estadounidenses patrocinaron en Irak a las milicias chiitas y su instrucción en técnicas de guerra sucia, mientras que, por otro lado, permitían el fortalecimiento del yihadismo sunita. Esa fue la misión encargada a Al-Qaeda, sus filiales y demás agrupaciones salafistas vinculadas a los Hermanos Musulmanes. Mientras que la organización estuvo dirigida en Irak por Abu Musab al-Zarqaui no fue más que un recurso transitorio, que fue eliminado por las tropas norteamericanas en junio de 2006 en cuanto se convirtió en un estorbo tan molesto como peligroso para estrategas de la CIA cuando decidieron que había llegado el momento de inyectar nueva savia al tronco seco de Al-Qaeda para hacerla operativo otra vez con la colaboración incondicional de sus aliados saudíes y qataríes, cuya obsesión principal no era otra que intervenir en Siria para derrocar a Bashar al-Assad, su enemigo declarado.



Aunque se trate de una figura de menor importancia mediática que Bin Laden o que el “califa” Al-Baghdadi, conviene señalar que también Al-Zarqaui comparte con ellos el ser un títere creado por los servicios secretos occidentales. Reclutado en Jordania por “la Base” o “Al-Qaeda” para servir en las filas de las milicias yihadistas que luchaban contra los soviéticos en Afganistán, poco importa para la propaganda servida por los medios de comunicación occidentales que fuera “un conocido borracho y drogadicto para los fundamentalistas islámicos financiados por Arabia Saudí y los Emiratos del Golfo” (39),ya que sin personajes como Bin Laden, Al-Zarqaui, Al-Baghdadi o los sucesivos recambios que la fábrica de monstruos necesite seguir fabricando, la “guerra contra el terrorismo” perdería buena parte de su razón de ser. Por otra parte, todos estos elementos propios del decorado escénico que necesitan los actores de cara a la representación global tienen en común que desaparecen de la función en cuanto dejan de ser servir para la finalidad que motivó su creación. Es lo que ocurrió con Al-Zarqaui. Tras su eliminación, el núcleo yihadista iraquí de Al-Qaeda fue renovado con el fin de que centrara su acción combativa en Siria, para lo que tuvo que cambiar de camisa, como las serpientes, pasando a ser el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS) y convertirse en la fuerza armada principal de los musulmanes sunitas capaz de contribuir de manera decisiva a consolidar la desintegración de Iraq y conseguir el derrocamiento de Al-Assad. De este modo, convirtieron el posible frente contra la ocupación norteamericana de Irak en una guerra entre sunitas y chiitas, que supuso de facto la partición del país, a la que también contribuyeron los kurdos ubicados en el Norte del territorio iraquí, cuyos líderes, insatisfechos con la amplia autonomía de la que gozaban, vieron el momento que ni pintado para lograr un Estado kurdo independiente del iraquí, naturalmente con el beneplácito de Washington.



Tulsi Gabbard, congresista demócrata estadounidense por el Estado de Hawaii
Como puede verse, la estrategia aplicada a Siria es una extensión de la que tan exitosamente se venía representando hasta entonces en Irak y que tan buenos resultados obtuvo en Libia. Es lo que la Secretaria de Estado norteamericana, Condolezza Rice, tuvo el cinismo de definir como “caos creativo”, es decir el plan encaminado a conseguir “un nuevo Oriente Medio” (40). Su visión de esta zona de importancia crucial dentro de la estrategia de Washington la definió de manera simple: “De cierta manera, lo que estamos viendo es el comienzo de las contracciones previas al nacimiento de un nuevo Oriente Medio y tenemos que estar seguros de que todo lo que hagamos vaya en el sentido de ese nuevo Oriente Medio y no que suponga el regreso al anterior”. La destrucción de naciones enteras, que ha producido la mayor catástrofe humanitaria acaecida desde la Segunda Guerras Mundial, con centenares de miles de muertos y heridos, millones de desplazados internos, así como las incontenibles oleadas de refugiados que huyeron de sus hogares para buscar la salvación en las costas europeas y que han convertido el Mediterráneo en la mayor fosa de cadáveres del planeta (41) son parte de una inmensa catástrofe humanitaria que a Condolezza Rice no le preocupa en absoluto.




CONCLUSIONES

La realidad del Estado Islámico es la de un saco, que no se tiene en pie si alguien no mete algo dentro. Y ese alguien es quien construyó el saco y en cada momento decide qué es lo que se coloca dentro. Si Al-Qaeda fue una gran obra de ingeniería de los servicios secretos estadounidenses y saudíes hace más de treinta años, el Estado Islámico no es más que la última fase de esta nebulosa mutante, que se disgrega y se vuelve a concentrar en el espacio y el tiempo en función de las circunstancias geopolíticas que son interpretadas por quienes manejan los hilos.

El Estado Islámico, como antes lo fue Al-Qaeda, no es más que una pantalla, otra más, de las muchas creadas por los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos para llevar a cabo con absoluta impunidad sus operaciones encubiertas y los atentados de falsa bandera, cuya ejecución resulte necesaria para mantener donde más convenga el miedo hacia el terrorismo islamista y encendido el fuego de la hoguera bélica desencadenada en Oriente Medio en función de los planes diseñados por Estados Unidos con anterioridad a los atentados de septiembre de 2001, consistentes en intervenir militarmente para modificar a su antojo el actual mapa del Oriente Medio en función de sus intereses geoestratégicos, que son fundamentalmente dos: el primero, controlar los riquísimos yacimientos y conducciones de petróleo y gas de aquella zona del mundo, y el segundo, impedir que Rusia tenga acceso a ellos, cercándola e impidiendo su presencia como potencia mundial en el Oriente Medio. El general Leonid Ivashov, que el 11 de septiembre de 2001 ocupaba el cargo de jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, lo resume con exactitud cuando dijo que “el actual terrorismo internacional es un fenómeno que combina el empleo del terror por parte de estructuras políticas estatales y no estatales como medio para alcanzar sus objetivos políticos mediante la intimidación, la desestabilización social y psicológica de la población, la anulación de la voluntad de resistencia de los órganos del poder y la creación de condiciones propicias para manipular la política del Estado y la conducta de sus ciudadanos".



La supuesta “Guerra contra el Terror” debería ser vista por lo que realmente es, un pretexto para mantener el descomunal ejército estadounidense con presencia en todo el planeta. Los dos grupos más poderosos en la creación de la política exterior estadounidense son el lobby de Israel, el cual dirige la política de EE.UU en Oriente Medio y lo que el presidente Eisenhower designó como “complejo industrial-militar”, que se beneficia de las decisiones que son adoptadas por los miembros que integran el grupo anterior. Como dice el escritor y periodista de investigación Serge Quadrupanni, “la lucha contra el terrorismo es al mismo tiempo vanguardia conceptual y punta de lanza de una estrategia basada en el miedo, que tiende a ocupar todos los rincones de las naciones occidentales. Esta política de fabricación simultánea de temores y de controles supuestamente justificados para nuestra seguridad está condenada a inventarse continuamente nuevos enemigos” (42).

Karl Rove, uno de los neocons de Bush Jr., dijo: “Ahora somos un imperio y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad”. A eso habría podido agregar que para eso están los medios corporativos que dominan la comunicación global como portavoces del imperio, apuntalando las nuevas realidades virtuales que la opinión pública internacional acepta sin discusión alguna, exactamente como se describe en la novela 1984 de George Orwell. Karl Rove agregaba que Estados Unidos iba a crear nuevas realidades “y ustedes, todos ustedes no tendrán más que estudiar lo que nosotros hacemos”. A la fuerza, se le olvidó puntualizar. George Orwell lo expresó hace tiempo y con menos palabras: "La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza". Y en este mundo orwelliano ya estamos instalados.