sábado, 11 de septiembre de 2021

 

              11-S: Bin Laden Superstar




                                         “Los muertos se han de filtrar por la pared”.

                                                      José Zorrilla, Don Juan Tenorio


Acerca de la aparición formal de Al Qaeda son muy poco los autores que hablan de un “acta fundacional” o programa político que proclame su creación. Siendo Al Qaeda una expresión en árabe que significa infraestructura, base, asentamiento o regla, conducta moral, no queda claro cuándo aparece o desde cuándo se comienza a utilizar esta expresión. Citando a Milton Bearden, un veterano de la CIA que fue jefe de la estación de Pakistán y desempeñó un importante papel en la formación y organización de los muyahidines en la lucha contra las tropas soviéticas ocupantes, Guilles Kepel, especialista en islam y mundo árabe en el Instituto de Estudios Políticos de París, se hizo eco antes de los atentados de septiembre de que el tratamiento judicial y mediático dado a Bin Laden en Estados Unidos fue extremadamente simplista: “Establecer una relación entre él y todos los actos terroristas cometidos en la pasada década es un insulto [a la inteligencia] para mayoría de los americanos. Y esto no ayuda a que nuestros aliados nos tomen en serio en estas cuestiones” (1). Ahondando en esta misma línea crítica, Kespel refiere que Bin Laden, “promovido por el Gobierno de Estados

Unidos al rango de enemigo público mundial número uno, se convirtió, al margen de los actos concretos que se le imputaron, en la estrella de una especie de ficción hollywoodiense planetaria en la que desempeñó el papel de bad guy (chico malo), con lo que garantizó el éxito de los programas de televisión, las revistas, los libros y las web en internet que se le dedicaron”. Como curiosidad jocosa, Kespel menciona que “hojeando la revista masculina Esquire, tuvo la sorpresa de descubrir un reportaje sobre Bin Laden entre secciones con mujeres muy “desvestidas”, publicidad de coñac o de whisky y consejos para mejorar las performances sexuales del lector” (2).

Kespel explica que hacia 1988 Bin Laden “creó una base de datos para inventariar a los yihadistas y a otros voluntarios que pasaban por estos campos. Esto dio lugar a una estructura organizativa creada en torno a un fichero informatizado cuya apelación árabe, al Qa'ida (la base de datos) se hizo célebre diez años más tarde, cuando fue considerada como una red terrorista ultrasecreta por la justicia americana, que permitió que Bin Laden fuera acusado de conspiración” (3). Es importante constatar que cuando fueron iniciados los ataques aéreos a Afganistán el 7 de octubre de 2001, Bin Laden llevaba tiempo sin dar señales de vida hasta que se le atribuyó haber reclamado para Al Qaeda la autoría de los atentados del 11-S, que tuvo que ser inferida de una supuesta grabación sospechosamente encontrada por las tropas estadounidenses en una base abandonada de la organización en Kandahar, en llamativa correspondencia con la celeridad demostrada por Al Qaeda a la hora de reivindicar todos los posteriores atentados cometidos en medio mundo ―incluso de aquellos casos en los que pronto aparecieron sus verdaderos autores―, tal como viene sucediendo con los atribuidos al Estado Islámico, y la no menos extraña prisa de los gobiernos europeos en aceptar de manera automática la autoría yihadista sin dar tiempo a realizar comprobación o investigación alguna, dificultada porque los presuntos autores suelen ser acribillados durante la comisión de los atentados o muy poco tiempo después, con lo que se evita la posibilidad de que algún juez incómodo husmee donde no debe hacerlo.

La nueva y estrepitosa irrupción de Osama Bin Laden en la escena mundial alimentó toda clase de especulaciones en los miles de artículos que entonces fueron publicados por los periódicos de todo el mundo y en los centenares de libros aparecidos —cuyos autores eran más oportunistas que expertos—, constituyendo un fenómeno que en pocos meses cobró dimensiones tan apocalípticas como el despertado por la aparición del Estado Islámico cuando de la noche a la mañana sustituyó en el año 2014 el papel estelar que venía siendo atribuido a Al Qaeda. Una legión de periodistas y de supuestos especialistas académicos se convirtieron de pronto en “expertos” analistas del terrorismo islámico, publicando una avalancha de las más fantásticas informaciones acerca de Bin Laden y divulgando teorías indocumentadas acerca de Al Qaeda y de las intenciones terroríficas para Occidente de su calendario terrorista, siempre en línea con el alarmante advenimiento del “choque de civilizaciones” pronosticado pocos años antes por Huntington, en una formidable campaña de propaganda que presentó a Bin Laden como una reencarnación del Anticristo y a Al Qaeda como una mafia yihadista fanática de presencia global tan súbitamente ubicua como inaprensible, más parecida a “Spectra”, la organización secreta terrorista de ámbito global que aparece en las novelas de Ian Fleming y fue lanzada a la fama internacional en las películas de James Bond, el agente “007”.

El propio Bush dejó bien claro que con los atentados del 11 de septiembre se inauguraría un nuevo tipo de guerra, de un conflicto de ámbito global y de duración indefinida que no se declaraba contra ninguna nación concreta, ni siquiera contra una ideología, sino contra una táctica: el terrorismo. Ronald Spiers, ex-embajador en Pakistán y Turquía, escribió en 2004 que elegir la metáfora de la “guerra” para designar el nuevo tipo de conflicto “no era correcto ni inocuo”, porque toda guerra tiene “un final: la victoria o la derrota”: “De una guerra contra el terrorismo no se vislumbra el final, ni cuenta con una estrategia de salida, ni tiene enemigo ni objetivos concretos, ni siquiera tácticas concretas […]. El presidente ha encontrado esta “guerra” útil y la aprovecha para justificar todo lo que desea o no hacer […]. Se trata del mismo tipo de guerra vaga e interminable decretada por el Gran Hermano de “1984”, la novela anticipadora de George Orwell” (4).



Contrariamente a las informaciones ofrecida por la mayoría de los medios de comunicación occidentales, Osama Bin Laden en una entrevista publicada el 29 de septiembre de 2001 en el periódico Daily Ummat in Urdu, publicado en Karachi, no solamente condenó rotundamente los atentados del 11-S, sino que negó su participación en ellos. Afirmó no haber tenido conocimiento alguno acerca de su preparación o ejecución y que nunca habría tolerado el asesinato de mujeres y niños ni de otras personas inocentes. Es más, que su concepción del islam prohibía actuar de este modo en un enfrentamiento militar y que proceder contra personas inocentes era lo que venía sucediendo en Iraq, en Chechenia y en Bosnia. Remarcó que era cierta su postura contra el sistema americano pero no contra su pueblo, tal como había ocurrido en esos atentados. Bin Laden exigía a Estados Unidos que buscase entre su propia gente, puesto que se trataba de personas que formaban parte del poder estadounidense cuya finalidad no era otra que promover un conflicto entre islam y cristianismo en el siglo que acababa de comenzar para lograr la victoria en semejante enfrentamiento. Con gran lucidez, Bin Laden denunció a los medios de comunicación occidentales por difundir propaganda en vez de información contrastada y veraz: “Los medios de comunicación occidentales está desencadenando tal propaganda infundada que nos sorprende y nos lleva a reflexionar acerca de lo que actúa sobre los corazones hasta llegar a convertirlos en cautivos de semejante propaganda, para que se vuelvan temerosos y comiencen a hacerse daños a sí mismos. El terror es el arma más temida en la edad moderna y los medios de comunicación occidentales la utilizan despiadamente contra su propio pueblo. Cabe añadir el miedo y la impotencia producidos en la psique de la gente de Europa y Estados Unidos. Esto significa que lo que los enemigos de Estados Unidos no pueden hacer lo están haciendo sus propios medios de comunicación. Porque se puede comprender cuál será la reacción de la nación en una guerra en la que sufre a causa del miedo y de la impotencia” (5).



¿Cuál fue entonces el argumento "irrefutable" que se encontró para culpar a Bin Laden? A las pocas semanas de producidos los atentados, los medios de comunicación de todo el mundo emitieron fragmentos de un vídeo en el que éste conversaba con otros presuntos líderes de Al Qaeda y se autoincriminaba. Estas supuestas transmisiones carecieron de prueba alguna que demostrara la autenticidad que les atribuyeron las agencias de inteligencia norteamericanas, no obstante ese vídeo de casi una hora de duración fue la base central del argumento usado por Bush para comenzar las operaciones bélicas en Afganistán. Los analistas coinciden en que detectar señales de haber sido manipulado, como, por ejemplo, que en algunas escenas se ve a Bin Laden con un anillo en una de sus manos, mientras que en otras el anillo no aparece. Asimismo destacan que el líder de Al Qaeda tiene por lo menos quince kilos más que en las fotos precedentes, lo que contrasta con la imagen que muestra en el vídeo inmediatamente posterior del 13 de diciembre, en donde aparece el auténtico Bin Laden muy flaco y envejecido. Por otra parte, durante la mayor parte de la grabación el sonido tiene como fondo un murmullo prácticamente inaudible, excepto cuando pronuncia las pocas frases en las que se autoincrimina, haciéndolo en un árabe mal pronunciado, algo sorprendente porque Osama conocía perfectamente el idioma. Otro detalle delator es que en algunos momentos se ve al supuesto Bin Laden escribiendo algunas notas con su mano derecha, cuando se sabe perfectamente que era zurdo. Finalmente, un equipo independiente de periodistas alemanes que investigó el vídeo pudo comprobar que había sido mal traducido por las agencias de seguridad estadounidenses, cuyos representantes no encontraron mejor excusa que aducir no haber encontrado mejores traductores. Como guinda final, el Bin Laden que aparece en la grabación utiliza una terminología impropia de la lengua árabe, por ejemplo dice: "At 5.a.m., our time" ("A la 5 a.m., de nuestra hora").

Como refiere el Dr. Andreas von Bülow, el desmentido de Bin Laden acerca de la autoría de los atentados del 11 de septiembre llegó a ser reproducido en numerosos periódicos alemanes de provincias, mientras que, en aparatoso contraste, la prensa de ámbito nacional difundía, junto con los medios de comunicación de masas europeos y norteamericanos, una versión falsificada en la que Bin Laden se mostraba orgulloso de los atentados perpetrados en Nueva York y Washington, a los que aplaudía y rebosante de odio, preconizaba futuros atentados terroristas en el mundo en general y en Estados Unidos y sus aliados en particular (6). A partir de entonces aparecieron en el mercado los primeros vídeos con las vengativas arengas del jefe barbudo incitando a la lucha contra Occidente, en los que jugó un papel fundamental el canal de televisión Al Jazira, creada en 1996 por el Gobierno de Qatar a partir de una emisora local de la BBC, que le confiere una aparente autenticidad musulmana a los vídeos. En su mayoría las cintas son difíciles de entender y, según los expertos, se trata de falsificaciones carentes de valor como pruebas concluyentes, en las que su contenido no expresa en lengua árabe lo que se le ofrece al público en traducciones a las lenguas occidentales, generalmente al inglés (7). Llama la atención que el supuesto grupo terrorista de Bin Laden dejó en todos los lugares imaginables del mundo y con una densidad que causa extrañeza unas pistas electrónicas que fueron encontradas y leídas por los servicios secretos de numerosos países, que fueron inmediatamente aceptadas como pruebas de la existencia y del modo de operar de Al Qaeda, cuando es sabido que la capacidad para hacerlo, ya sea por medio de falsos vídeos, de discos duros manipulados o de cintas es una de las tareas más perfectamente usadas por los servicios de inteligencia para hacernos creer lo que quieran, de ahí que este tipo de pruebas no resistan un examen crítico la mayor parte de las veces.

Por otro lado, ningún investigador o historiador sería capaz de despreciar el análisis de un experto en los servicios de inteligencia como Andreas von Bülow, quien desempeñó el cargo de secretario parlamentario del Ministerio de Defensa de la República Federal de Alemania y, posteriormente, ministro de Investigación y Tecnología, cuando se refiere a la subordinación de los medios de comunicación alemanes a los intereses político-militares representados por la OTAN, lo que equivale a decir al Gobierno de Washington. Como explica Von Bülow, quien intente seguir y encontrar un cierto orden en las noticias que desde el 11-S fueron apareciendo en los medios de comunicación del mundo entero acerca de Al Qaeda y de sus interminables maquinaciones en casi todos los países más importantes de occidente, de sus transacciones financieras, conexiones telefónicas, de los círculos que los apoya y por último de Osama Bin Laden, que todo lo domina y quien con vídeos cargados de odio guía a sus secuaces musulmanes en el mundo entero desde un agujero en las remotas montañas de Afganistán, caerá en un pantano de confusión de escasa o nula credibilidad. Es como si ya no sirviera la prueba de la concordancia con el sano juicio humano ni la pregunta sobre el ''cui prodest'', ¿a quién sirve? (8), a menos que señalemos la política militarista que el equipo neocon recién instalado por Bush en el Gobierno había diseñado y estaba dispuesto a poner inmediatamente en práctica.



Aunque sea un secreto a voces que los medios de comunicación son la herramienta más importante de la élite dominante para manipular a las masas, nadie se había atrevido a decir públicamente en Alemania que “el periódico sirve como una prostituta a los intereses de Washington, mediante la manipulación de sus lectores en beneficio de los Estados Unidos" hasta que el periodista Udo Ulfkotte publicó en el año 2014 su libro Gekaufte Journalisten (Periodistas comprados). Que prestigiosos analistas y periodistas expertos en conflictos y política internacionales escriban a sueldo de la OTAN es una sospecha que se tiene desde que se pierde la inocencia política. Pero lo novedoso, lo que no ocurre todos los días, es que aparezca uno de esos mercenarios de la pluma que, adoptando el papel de “arrepentido”, desvele la trama cuya existencia sospechábamos. Más llamativo todavía es que eso no acapare titulares y, por lo tanto, que apenas si llegue a conocimiento de una exigua minoría, lo que ilustra de manera más que evidente la complicidad de los medios. Del periodista al propagandista hay tan sólo un paso: Ulfkotte demuestra cómo la información es manipulada, sabiendo por quiénes y por qué, quedando claro que la pluralidad de opiniones es tan sólo es un simulacro y que nuestros “noticieros” son con demasiada frecuencia un mero lavado de cerebro (9).

Para completar el panorama, conviene saber que en marzo del año 2000 se supo que Osama bin Laden padecía una afección renal, para cuyo tratamiento su círculo próximo adquirió una máquina de diálisis 10), información que completó la revista Asiaweek, publicada en Hong-Kong, especificando la gravedad e la insuficiencia renal a consecuencia de una hepatitis C (11). Según apareció a primera plana el día 31 de octubre de 2001 en el veterano diario parisino Le Figaro, Osama fue operado de riñón en julio de 2001, tan solo dos meses antes de los atentados del 11 de septiembre, en el hospital norteamericano de Dubai, situado entre los puentes de Al-Garhoud y Al-Maktoum. La noticia fue recogida por el periódico londinense The Guardian en un artículo de Anthony Sampson, el prestigioso periodista y biógrafo de Nelson Mandela. La información, confirmada posteriormente por las investigaciones realizadas por el director de Global Research, Michel Chossudovsky (12), precisaba entre los días 4 y 14 de en julio de 2001, es decir, dos meses antes de los atentados del 11-S, Osama bin Laden estuvo internado en la zona VIP del hospital militar estadounidense de Dubai para ser tratado de su dolencia renal. Fue el día 4 de julio cuando viajó desde Pakistán a Dubai, acompañado de su médico personal, Ayman Al-Zawahari, una enfermera argelina y cuatro guardaespaldas, para su ingreso en el Servicio de Urología, donde fue intervenido por el doctor Terry Callaway. Durante su convalecencia en el hospital, Osama fue visitado por varios miembros de su familia, autoridades saudíes entre las que estaba el príncipe Turki al-Faisal, jefe de la inteligencia saudita, así como por el jefe de la estación de la CIA en Dubai, Larry Mitchel. Al día siguiente de ser dado de alta, Osama volvió a Quetta, en Pakistán y Larry Mitchel viajó a Washington (13).

El 10 de septiembre de 2001, la noche anterior a los ataques del 11-S, Osama bin Laden se encontraba en Pakistán recibiendo tratamiento médico con el apoyo de los mismos militares que días después le acusaron de respaldar la guerra terrorista contra Estados Unidos en Afganistán. La inteligencia pakistaní informó que Bin Laden había sido urgentemente trasladado a un hospital militar de Rawalpindi para un tratamiento urgente de diálisis renal. Como señaló un médico del centro hospitalario, “se trasladó a todo el personal regular del servicio de urología y enviaron en secreto un equipo para reemplazarlo”(14).

Posteriormente, cuando Estados Unidos y sus aliados invadieron Afganistán, la CNN le realizó un reportaje a uno de los médicos militares norteamericanos que participó de la operación, quien afirmó que era sumamente improbable que Bin Laden estuviera vivo por varias razones: la diálisis es un proceso de tratamiento a enfermos renales terminales, pero para poder ser realizada con éxito se requiere no sólo la máquina apropiada, sino también electricidad, agua esterilizada y varias personas especialistas en la materia que supieran qué nivel de diálisis necesita el paciente, el cual varía según el momento que esté pasando. Señaló además que según lo que se puede observar en el vídeo auténtico de Bin Laden del 13 de diciembre de 2001 —en el cual aparece muy flaco, demacrado, ojeroso y canoso—, durante la entrevista no movió el brazo izquierdo y recargaba el cuerpo sobre el lado derecho, lo que podía indicar la presencia de un dolor agudo, para añadir que la hemodiálisis está reservada para pacientes en etapa terminal de fallo renal y que si no pudiera llevarse a cabo aparecería una infección generalizada que terminaría ocasionando la muerte del enfermo en pocos días.

 



La noticia del fallecimiento de Obama fue dada el 26 de diciembre de 2001 por el diario pakistaní The Observer y por el periódico egipcio Al- Wafd en su núm. 4633: “Osama Bin Laden ha muerto y fue enterrado hace diez días”, apareció en los titulares de la sensacional información. La reseña puntualizaba que la muerte le advino por el agravamiento de su enfermedad renal, que una treintena de miembros de Al Qaeda, así como familiares y amigos de Osama asistieron a su funeral, realizado en una zona no determinada de las montañas del sudeste de Afganistán y que muy difícilmente los norteamericanos podrían encontrar siquiera un rastro de su cadáver dado que, según el rito de entierro wahabi, el lugar donde se excavó la tumba fue aplanado y no se dejó marca alguna que la señalara. Como dato adicional resulta interesante constatar que el corresponsal en Washington de The Telegraph reveló que el 14 de diciembre de 2001 fue la última vez que la voz de Osama fue interceptada por el Pentágono en el curso de una operación de bombardeo en Tora Bora. También para la inteligencia israelí Bin Laden había muerto, tal como apareció en un reportaje especial del informativo israelí World Tribune en el que se afirmaba que el sucesor de Bin Laden ya había sido ya elegido y que, por lo tanto, eran falsas las grabaciones que a partir de entonces fueron difundidas.

En enero de 2002, el general Pavel Musarraf declaró para la cadena CNN que la causa de la muerte de Bin Laden fue que finalmente no pudo tener acceso al tratamiento de diálisis que necesitaba. Musharraf comentó que Osama había llevado a Pakistán dos máquinas de diálisis, pero dudaba que se hubieran podido usar en las montañas de Kadahar. También agregó que en el último discurso en que vio a Bin Laden, en diciembre de 2001, el "líder de Al Qaeda" aparecía muy enfermo. En cualquier caso, tanto si permanecía vivo como si había muerto, las cintas de Osama Bin Laden posteriores a la transmitida en diciembre de 2001 son falsas o son grabaciones previas a su muerte. El laboratorio suizo Dalle Molle Institute para la Inteligencia Artificial examinó la cinta presuntamente transmitida en 2002 y dictaminó, después de compararla con otras veinte grabaciones de Bin Laden, que la voz era de otra persona. Las conclusiones fueron dadas a conocer por el profesor Harve Boulard en el canal público France 2. Sobre la cinta de octubre de 2004, como bien señala Welfare State, ni siquiera hace falta analizar la voz en un laboratorio, pues el Bin Laden robótico que aparece en el vídeo moviendo de arriba abajo su dedo derecho es notablemente más joven que el Bin Laden enfermo y viejo de diciembre de 2001. El nuevo Bin Laden tiene el pelo negro, el rostro relleno y presenta un aspecto saludable (15). A título de hipótesis alternativa y bastante probable, cabría suponer que las noticias sobre la muerte del líder de Al Qaeda podrían haber sido una elaboración de los servicios secretos pakistaníes para encubrir la verdad y así proteger la vida de quien había sido su colaborador durante muchos años, que a partir de entonces viviría en algún lugar secreto designado por el ISI.

Casa de Bin Laden en Abbottabad según la CIA

La supuesta reaparición de Osama bin Laden se produjo en marzo de 2002 cuando un diario londinense aseguró haber recibido un correo electrónico suyo, se prestaba a todo tipo de suspicacias dado que era difícil imaginar al líder de Al Qaeda preocupado por grabar un vídeo para que en Occidente se le declarase vivo —sabiendo que era buscado en todas partes— y, de paso, dar su apoyo a nuevos ataques terroristas palestinos contra Israel. A partir de ese momento volvieron a aparecer tanto cintas de sonido como nuevos vídeos de Osama. Si bien rápidamente se supo que varias de las cintas de audio con su presunta voz eran falsas, la prensa cubrió ampliamente su reaparición y divulgó su contenido, pero no refirió en ningún caso la posibilidad de que fueran falsos, pues aunque algunos de los vídeos presentados eran auténticos, era evidente que fueron filmados mucho antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Al igual que pasó con las grabaciones, ese hecho no fue divulgado por la prensa, que volvió a difundir por todo el mundo los antiguos vídeos de Bin Laden, presentándolos como si fueran nuevos, por lo largo de los años 2002 y 2003 se generó la creencia de que el líder islámico seguía vivo.

Respecto de este punto, cabe preguntarse por las razones por las cuales el Gobierno norteamericano o sus agencias de seguridad no aclararon la confusión generada, aunque la explicación parece sencilla: el mayor favorecido de que el mundo creyera que Bin Laden estaba vivo era precisamente el Gobierno estadounidense, dado que en esas circunstancias resultaba mucho más fácil de justificar la declarada guerra mundial contra el terrorismo, además de servirle a la Administración Bush de instrumento utilizable con fines electorales. No hay que olvidar que muy pocos días antes de las elecciones presidenciales norteamericanas de 2004 apareció otro vídeo de Osama profusamente divulgado en todo el mundo, en el que, serenamente y sin los usuales argumentos religiosos, invitaba a los electores norteamericanos —algo propio de una mala comedia de Hollywood— a sopesar el voto que en pocos días deberían realizar. En efecto, su mera reaparición en los medios de comunicación durante la campaña electoral produjo un claro efecto: las encuestas previas marcaban una tendencia muy reñida entre George W. Bush y John F. Kerry, el candidato demócrata, pero agitar el fantasma de Bin Laden ayudó a que Bush ganara las elecciones, dado que la propaganda republicana insistió en que éste sería más contundente que Kerry en la lucha antiterrorista.


Seguimiento en la Casa Blanca de la operación  para matar a Bin Laden

Para cerrar el círculo de los despropósitos acerca del final de Osama Bin Laden, es preciso reseñar que cuatro años antes de que en mayo de 2011, el presidente Barack Obama apareciera en todas las pantallas de las televisiones del mundo para anunciar oficialmente que Bin Laden había sido eliminado por un comando de las fuerzas especiales estadounidenses en su casa de Abbottabad, una localidad cercana a Islamabad, la que fuera elegida en dos ocasiones presidenta de Pakistán, Benazir Bhutto, había comentado en una entrevista realizada por el célebre periodista David Frost en octubre de 2007, luego de haber sobrevivido a un atentado fallido, que que Bin Laden había sido asesinado hacía ya varios años por Omar Sheikh (16), un agente secreto del ISI, el servicio de inteligencia pakistaní, conectado con la CIA y que se había infiltrado en el círculo de los muyahidines más próximo a Bin Laden. Llama la atención cómo David Frost, un tiburón de la noticia, ni pestañea cuando escucha esa impactante declaración y no le pregunta a la señora Bhutto nada al respecto. Si otorgamos crédito a esta información, que no cabe ignorar por la fuente de la que procede, cabría pensar en que, aún dando por segura la grave enfermedad que padecía, Osama pudo haber sido eliminado porque mientras siguiera con vida representaba un serio peligro tanto para Estados Unidos como para Arabia Saudí a causa de la privilegiada y comprometida información que poseía acerca de los vínculos que estos dos países habían mantenido con su organización. Benazir Bhutto fue asesinada apenas dos meses después de esta entrevista, en un ataque con bomba realizado el 27 de diciembre de 2007, mientras ella se disponía a abandonar una concentración electoral de su partido que tuvo lugar en en Rawalpindi.

El hermetismo oficial no impidió que las cábalas acerca de la misteriosa personalidad de Bin Laden y si en realidad estaba vivo o muerto llegaran a ser temas de domino público gracias a los vídeos puestos en circulación y a los muchos artículos y libros que continuamente le eran dedicados, como también fueron apareciendo las investigaciones de muy cualificados especialistas que cuestionaban la veracidad de la versión oficial dada por el Gobierno de Bush acerca de los atentados del 11 de septiembre. Por esta causa no es de extrañar que un destacado articulista argentino, Walter Gustavo Graziano, profesor universitario premiado por la Fundación Konex, aventurara la idea de que mantener viva la sombra de Bin Laden había comenzado a significar un serio peligro para Washington que era preciso desactivar en evitación de males mayores. Al igual que “el ojo clínico” es una facultad que distingue las capacidades de un buen médico a la hora de establecer sus diagnósticos, un buen investigador suele ser capaz en muchas ocasiones de adelantarse en sus análisis y pronosticar determinados hechos antes de que efectivamente sucedan, porque pertenecen al orden lógico de la fenomenología a cuyo estudio se vienen dedicando. Desde esta perspectiva cabe ver el siguiente párrafo del profesor Graziano que aparece en uno de sus libros editado en 2007, cuatro años antes que el presidente Barack Obama anunciara en mayo de 2011 que el líder de Al Qaeda había sido eliminado por un comando perteneciente a los Navy Seals, las fuerzas especiales de la Armada estadounidense. Escribe Graziano: “El hecho de que cada vez aparezcan más dudas e incógnitas acerca de Bin Laden también puede estar llevando a la propia CIA y al Gobierno norteamericano a preparar la "hipótesis contraria" como reaseguro, en caso de que algo salga mal y sea necesario enterrarlo de golpe”. Para insistir más adelante: “Es muy posible que en algún momento convenga al gobierno norteamericano y a la CIA dar a Bin Laden por muerto y buscar otro pretexto para las guerras y las luchas contra el terrorismo, dado que con el tiempo, el affaire Bin Laden puede terminar en un escándalo de proporciones incalculables si no se le "entierra adecuadamente". Bien puede servir entonces, en algún momento matar a Bin Laden y buscar otros cabecillas de la fantasmagórica Al Qaeda (17).

El famoso sepelio de Osama Bin Laden en alta mar, donde el cadáver del líder de Al Qaeda fue arrojado dentro de una bolsa lastrada con pesos tras ser preparado “de acuerdo con los preceptos islámicos”, según afirmó el portavoz de la Casa Blanca y fue rápidamente divulgado como verdad indudable por los medios de comunicación occidentales (18). En el discurso en que anunció la operación, Obama dijo que después de matar a Bin Laden, los comandos "tomaron la custodia de su cuerpo". La declaración creó un grave problema con el Gobierno de Pakistán. En el plan previsto inicialmente el suceso sería anunciado aproximadamente una semana después de que Bin Laden resultara muerto tras un ataque con drones realizado en algún lugar de las montañas entre las fronteras de Pakistán y Afganistán y que sus restos habrían sido identificados mediante pruebas de ADN. Pero con el anuncio hecho por Obama de su asesinato por los comandos del SEAL (acrónimo de "Sea, Air and Land"), todos esperarían que se mostrase el cadáver. En cambio, a los periodistas se les dijo que los Seals habían llevado el cuerpo de Bin Laden a un aeródromo militar estadounidense en Jalalabad, Afganistán y que luego lo trasladaron directamente por helicóptero al portaaviones USS Carl Vinson, de patrulla rutinaria por el Norte del Mar de Arabia, desde donde el cadáver habría sido arrojado al mar a las pocas horas de su muerte. El director de la CIA, John Brenan, declaró: “Pensamos que la mejor manera de asegurarnos de que su cuerpo recibiera un entierro islámico apropiado era tomar las medidas que nos permitirían realizar ese entierro en el mar". Dijo que se consultó a "especialistas y expertos apropiados", y que el ejército estadounidense era totalmente capaz de llevar a cabo el entierro "de conformidad con la ley islámica". Brennan no mencionó que la ley musulmana exige que el servicio de entierro se lleve a cabo en presencia de un imán, y no se sugirió que hubiera uno a bordo del USS Carl Vinson.


Portaaviones USS Carl Vinson

Cuatro años después de que el presidente Obama notificara a los cuatro vientos la eliminación de Bin Laden, el más veterano y laureado periodista de investigación de las últimas décadas, Seymour M. Hersh (19), publicó en la prestigiosa London Review of Books un largo y documentado informe que desató las iras de Washington, porque desmontaba desde su misma base la veracidad del relato elaborado por el establishment estadounidense que fue ofrecido al mundo por boca del presidente Obama. Escribe Hersh: “El asesinato [de Bin Laden] fue el punto culminante del primer mandato de Obama y un factor importante para su reelección. La Casa Blanca aún mantiene que la misión fue un asunto exclusivamente estadounidense y que los generales del ejército de Pakistán y la Agencia de Inteligencia Interservicios (ISI) no fueron informados del ataque por adelantado”. Hersh acusa esta versión de “ser tan falsa como lo son otros muchos elementos ofrecidos por la administración Obama” y comienza por preguntarse cómo podía ser creíble que, sabiéndose objeto de una cacería internacional, Bin Laden hubiera decidido que el lugar más seguro para instalarse y dirigir Al Qaeda era un pueblo vacacional situado a pocos kilómetros de Islamabad. Seymour Hersh es concluyente al responder que “la historia de la Casa Blanca podría haber sido escrita por Lewis Carroll”, el célebre autor de “Alicia en el País de las Maravillas”.


Seymour Hersh

Mi historia favorita sobre la caza de Bin Laden, dice Seymour Hersh es cuando dijeron que lo habían enterrado en el mar con una ceremonia islámica. Yo me decía, ¿de verdad quieren que creamos que todos los portaviones americanos tienen un imán a bordo? La prensa estaba desesperada por obtener detalles y les dieron muchos, aunque luego tuvieron que rectificar porque no llevaba encima un kalashnikov, ni miraba pornografía ni leía libros en inglés. Construyeron un relato fantasioso para impulsar la reelección de Obama. Dijeron que habían arrestado a algunas de las mujeres de Bin Laden. Pues, bien, ¿dónde están? Si nunca más se supo. Los servicios de inteligencia pakistaníes hicieron todo el trabajo. Osama era su prisionero de guerra y lo mantenían encerrado en la finca de Abottabad. Por otra parte, Hersh manifiesta su extrañeza ante el sorprende hecho de que no hubiera comentarios sobre el entierro entre los marinos del USS Carl Vinson. Cuando el portaaviones concluyó su misión de seis meses en junio de 2011, al regreso atracó en su base de operaciones en Coronado, California. El contraalmirante Samuel Pérez, comandante del grupo de ataque del portaaviones, dijo a los periodistas que a la tripulación del USS Carl Vinson se le había ordenado que no hablara sobre el entierro, extremo que confirmó el capitán Bruce Lindsey, comandante jefe del portaaviones. Sin embargo, Cameron Short, miembros de la tripulación del buque dijo al Commercial-News de Danville, Illinois, que a la tripulación no se le había dicho nada acerca del presunto del presunto entierro: "Todo lo que sabemos es lo que se ha visto en las noticias", informó el periódico. La conclusión final del periodista es más que explosiva: “La mentira de alto nivel sigue siendo el modus operandi de la política de Estados Unidos, junto con las cárceles secretas, los ataques con drones, las redadas nocturnas de las Fuerzas Especiales, eludiendo la cadena de mando para eliminar cualquier oposición” (20).

Si dirigimos la mirada hacia atrás para enfocar los hechos con la perspectiva que solamente el tiempo concede, podemos decir que la figura de Bin Laden ha sido durante décadas el Goldstein con turbante de “1984”, la célebre obra de George Orwell. Hasta la sustitución de Al Qaeda por el Estado Islámico, Osama representa al “malo” por antonomasia, el enemigo a la vez externo e interno que amenaza con romper la Pax Americana, el odio a Occidente en estado puro. Resulta difícil no ver que el Gran Hermano necesita a Goldstein para dar sentido a la guerra perpetua que su régimen mantiene. Si la existencia del Gran Hermano resulta indudable y la guerra permanente “contra el terrorismo” iniciada en septiembre de 2001 basta para acreditarlo, ¿existe realmente Emmanuel Golstein, su gran oponente? Por lo que hemos visto y seguiremos viendo, la respuesta es negativa. El criminal Goldstein sobre el que alertaron Washington y sus aliados no viene a ser otra cosa que una mera invención, la matriz terrorista creada para encarnar el Mal absoluto que justifique el despliegue militar estadounidense a lo largo y ancho del planeta.

En todo caso, resulta lógico deducir que el Gran Hermano necesita a Goldstein para mantener su estrategia bélica. Al fin y al cabo son el anverso y el reverso de un mismo ente que recuerda a Jano, el dios bifronte romano representado por dos cabezas unidas que miran en sentidos opuestos, las puertas de cuyo templo debían mantenerse abiertas mientras hubiese guerra.



© Copyright José Baena Reigal


NOTAS

1. Gilles Kepel: La Yihad. Expansión y declive del islamismo, Ediciones Península, Barcelona, 2000, nota en la pág. 499.

2. John Miller: Greetings, America. Mi name is Osama Bin Laden. A Interview with the World's Most Dangerous Terrorist, Esquire, Febrero de 1999

https://www.esquire.com/news-politics/a1813/osama-bin-laden-interview/

3. Gilles Kepel: Op. Cit., pág. 503.

4. Oliver Stone y Peter Kuznick: La Historia silenciada de Estados Unidos, La Esfera de los Libros, Madrid, 2015, p. 729.

5. Texto completo de la entrevista a Bin Laden publicada en el periódico Daily Ummat in Urdu, publicado en Karachi, el día 29 de septiembre de 2001, traducida al inglés por The BBC World Monitoring Service.

https://www.globalresearch.ca/interview-with-osama-bin-laden-denies-his-involvement-in-9-11/24697

6. Andreas von Bülow: La CIA y el 11 de septiembre. El terrorismo internacional y el papel de los servicios secretos, Ellago Ediciones, Castellón, 2006, p. 77.

7. Steven Morris: Specials Effects Experts Say Fake OBL Tape fairly Easy to Make, The Guardian, 16 de diciembre 2001.

http://www.rense.com/general18/ez.htm

8. Andreas von Bülow: Op. Cit., pág. 191.

9. Blog de El Viejo Topo: Los medios y la OTAN: a propósito de Periodistas comprados (Gekaufte Journalisten), de Udo Ulfkotte, 22 de octubre de 2014.

http://blogdelviejotopo.blogspot.com.es/2014/10/los-medios-y-la-otan-proposito-de.html

10. Kathy Gannon: Bin Laden Reportedly Ailing, Associated Press, 25 de marzo 2000.

http://s3.amazonaws.com/911timeline/2000/ap032500.html

11. Deutsche Presse-Agentur. Suspected Saudi Terrorist Osama bin Laden Dying, 16 de marzo 2000.

http://s3.amazonaws.com/911timeline/2000/deutschepresseagentur031600.html

12. Michel Chossudovsky: ¿Quién era Osama?¿Quién es Obama?, Red Voltaire, 7 de mayo 2012

http://www.voltairenet.org/article174019.html

13. Anthony Sampson: CIA agent alleged to have met Bin Laden in July. The Guardian: 1 de noviembre de 2001.

http://www.guardian.co.uk/world/2001/nov/01/afghanistan.terrorism

14. CBSNews.com: Hospital Worker: I Saw Osama, 28 enero 2002.

http://www.cbsnews.com/stories/2002/01/28/eveningnews/main325887.shtml

15. David Ray Griffin: Osama Bin Laden: Dead or Alive? Global Research, 9 de octubre 2009

https://www.globalresearch.ca/osama-bin-laden-dead-or-alive/15601

16. Entrevista de David Frost a Benazir Bhutto: “Osama Bin Laden fue asesinado hace años”. Ver en la grabación el minuto 6'30'':

https://www.youtube.com/watch?v=i6xMFfH94hY

17. Walter Gustavo Graziano: Nadie vio Matrix, Planeta, Buenos Aires, 2007, págs. 47-48.

18. Carlos Enrique Bayo: EEUU no arrojó al mar el cadáver de Bin Laden, Público.es, 6 de marzo 2012

http://www.publico.es/internacional/eeuu-no-arrojo-al-mar.html

19. Ricardo Mir de Francia: Entrevista a Seymour Hersh, El Periódico, 24 junio de 2019.

https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20190624/entrevista-seymour-hersh-memorias-reportero-7517175

20. Seymour Hersh: The death of bin Laden, London Review of Books, Vol. 37, núm. 10, 21 de mayo 2015, págs. 3-12.

https://www.lrb.co.uk/v37/n10/seymour-m-hersh/the-killing-of-osama-bin-laden




viernes, 10 de septiembre de 2021

 

               Afganistán: la creación de Al Qaeda


                     Si nos atrevemos a decir la verdad sobre el pasado,

             quizás nos atrevamos a decir la verdad sobre el presente.

                                                                                               Ken Loach



En 1979, el director de los servicios secretos de Arabia Saudí, el príncipe Turki Al Faysal, reclutó a Bin Laden –graduado en Administración de Empresas en la Universidad Rey Abdul Aziz de Riad–, que por entonces tenía veintidós años, para que gestionara financieramente las operaciones de la CIA en Afganistán. Su cometido era conseguir fondos, atraer a fundamentalistas islámicos y armarlos para combatir al ejército de la Unión Soviética, que acababa de entrar en el país a petición y en apoyo del gobierno del Partido Democrático Popular de Afganistán. Bin Laden también estuvo vinculado con el líder muyahidín afgano y traficante de heroína Gulbudin Hekmatyar, ambos figuras centrales en la red de colaboradores de la CIA. El General Akhtar Abdul Rahman, jefe del ISI [Servicio de Inteligencia] de Pakistán desde 1980 hasta 1987, se reunía periódicamente con Bin Laden en territorio pakistaní, ya que ambos aunaron esfuerzos para exigir un impuesto sobre el comercio del opio a los señores de la guerra, de tal manera que Bin Laden y el ISI se dividieron ganancias que ascendían a más de cien millones de dólares anuales. Cabe recordar que la CIA ya utilizó de manera encubierta el negocio de la droga para financiar los gastos extraordinarios que supuso la guerra del Vietnam, un tráfico tan perfectamente probado y bien documentado que ha servido de guión para varias producciones cinematográficas de Hollywood sin que nadie se haya escandalizado. En 1985, Salem, hermano de Osama bin Laden, reconoció que Osama era “el vínculo entre Estados Unidos, el gobierno saudí y los rebeldes afganos” (1), siendo conocido por la CIA con el seudónimo secreto de “Tim Osman”. Sin embargo, todos los especialistas e investigadores coinciden en señalar que el principal ideólogo de los yihadistas no afganos que había acudido a luchar junto a los muyahidines no fue Bin Laden sino Abdalá Azam (2), que fue su mentor y quien le motivó para que se uniera en 1988 a un grupo de militantes en la ciudad fronteriza de Peshawar formado por no más de una docena de hombres que no se diferenciaba de otros muchos grupos que actuaban, se formaban y se disolvían en Pakistán. El único grupo de esa época en que aparece Bin Laden y del que existe constancia porque aparece referido en la Enciclopedia de la Yihad, una recopilación de tácticas terroristas y de la guerra irregular elaborada en Pakistán por veteranos de la guerra afgano-soviética para su uso en otros escenarios de conflicto, es el denominado Maktab al Khidamat lil Mujaidin al-Arab (MAK) de Azam (3).




Existe unanimidad entre los especialistas en señalar que a la cabeza de los islamistas sirios asentados en Afganistán estaba Abdalá Azam, el “padrino” intelectual de Al Qaeda, entendida esta denominación como movimiento ideológico para marcar las líneas que deberían seguir los voluntarios más entregados a la causa islamista cuando terminase la guerra contra los soviéticos y no referido entonces a ninguna organización yihadista existente. Azam, que era palestino, siendo muy joven se unió a los Hermanos Musulmanes de Egipto a mitad de la década de los '50, trasladándose a Siria en 1963, donde se matriculó en la Universidad de Damasco, vinculándose a los grupos salafistas más radicales y cimentó su odio contra el Gobierno baazista de carácter laico. Tras una estancia en Egipto para hacer el doctorado, se fue a Arabia Saudí, donde comenzó a trabajar en la Universidad de Yeda y donde conoció a Bin Laden, quien empezó a financiar el movimiento yihadista que había organizado. Sus opiniones políticas irritaron a las autoridades saudíes, que le instaron a abandonar el país en 1979, año en que se trasladó a Peshawar, cerca de la frontera pakistaní con Afganistán, en donde abrió una oficina de reclutamiento en la que recibió a gran cantidad de muyahidines llegados de los cuatro puntos cardinales del mundo musulmán. En total, entre los años 1979 y 1985, unos 35.000 yihadistas se registraron en la “Oficina de Reclutamiento” (Maktab al Jadamat) de Azam, situada en una casa propiedad de Bin Laden (4).

Es muy importante señalar que nadie por aquel entonces menciona la existencia en Afganistán de una organización llamada Al Qaeda vinculada a las actividades yihadistas. Afzal Khan ―que ha trabajado para diversas agencias de inteligencia británicas y norteamericanas, incluyendo el Departamento de Estado― resalta la influencia pakistaní en la proyección de Bin Laden: “El presidente Zia ul-Haq cruzó el Rubicón después de aceptar con el aliento de Estados Unidos millones de dólares aportados por los saudíes para difundir el mensaje wahabita, una secta fundamentalista del islam sunita. El principal jugador en esa transferencia de la riqueza petrolera para apoyar la yihad contra los rusos infieles fue Osama Bin Laden. Él llegó a Peshawar ―con la bendición de la monarquía saudí― para luchar la yihad […], lo que luego se transformó en Al Qaeda en 1989” (5). Debo puntualizar que utilizar el verbo “transformar” resulta atrevido, toda vez que la existencia real de Al Qaeda como organización terrorista operativa a nivel global es una completa entelequia (de manera imprecisa se le suele llamar “franquicia”) de vaporosa materialización en la práctica, que el control informativo y la manipulación practicada por las agencias de comunicación globales se han encargado de ocular tras la falsedad de una narrativa impuesta como verdad única e incuestionable.

Entre la abundante documentación existente acerca de la fabricación de la galaxia Al Qaeda por parte de la CIA destaca el testimonio directo de Michael J. Springmann, funcionario norteamericano que entre 1987 y 1989 trabajaba en Arabia Saudí como jefe del departamento de visados del consulado estadounidense en Jeddah y que fue testigo de cómo los agentes de la CIA entregaban visados a "personajes repugnantes" que más tarde se convertirían en yihadistas y figuraron en las listas internacionales del terrorismo. Al asumir el cargo de responsable de los visados, Springmann no tardó en ver que su trabajo consistía esencialmente en estar al servicio de los oficiales de la CIA y de sus agentes en Arabia Saudí. Springmann no solamente ha dejado minuciosa constancia de su experiencia en un libro de singular valor documental, “Visas for Al Qaeda: CIA Handouts That Rocked the World” (Visados para Al Qaeda: los papeles de la CIA que sacudieron al mundo) (6), sino que, con el transcurso del tiempo, el desarrollo de los acontecimientos le ha permitido establecer extraordinarios paralelismos entre Al Qaeda y el Estado Islámico en cuanto a la formación de las brigadas yihadistas, su financiación e incluso sus objetivos.




Tras haber pasado por varios departamentos gubernamentales, Michael J.Springmann fue incorporado al Servicio de Asuntos Exteriores y destinado a Yeda, donde aprendió que “Arabia Saudí era un lugar misterioso y exótico, pero que no sería nada en comparación con el exotismo y misterio del propio Consulado General de Estados Unidos, que se hallaba ubicado en Palestine Road. Recién aterrizado en Yeda, me encontré con que había sido designado como nuevo agente responsable de la expedición de visados, esperando de mí que fuese capaz de identificar y “separar el grano de la paja” acerca de más de cien solicitudes de visado diarias, clasificándolas como “aprobadas” o “rechazadas” añadiendo a dichas categorías una tercera, aquella que resultó ser la de visados libres para los agentes de la CIA” (7). Pero lo que allí sucedía “no era un simple trapicheo de visados fraudulentos”, sino algo mucho más serio: “Formaba parte del Programa de Visados para Terroristas (VTP), diseñado para captar, reclutar y entrenar en los Estados Unidos a verdaderos asesinos y criminales de guerra para combatir, entre otros, en Afganistán contra la Unión Soviética. Todos ellos se convirtieron de ese modo en los miembros que fundaron Al-Qaeda, la legión árabe-afgana. Fueron el presidente Jimmy Carter y su consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, quienes fundaron el programa para familiarizar a todos aquellos perfiles que se reclutaban, con el “arte” de hacer explotar objetivos o derribarlos a disparos, especialmente si esos objetivos eran soldados soviéticos. Para ayudarles a conseguirlo, el Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), contrataban a perfiles que consideraban apropiados para servir como chivos expiatorios o cabezas de turco para que trabajasen como agentes consulares en lugares como Yeda […].

“La CIA, hábilmente ayudada por uno de sus activos, un personaje llamado Osama bin Laden y empleando sus contactos en Arabia Saudí, había logrado establecer tres oficinas de reclutamiento dentro de ese país: una de ellas estaba en Yeda, la segunda en Riad y la tercera al este de la provincia de Al-Sharqiah […] (págs 32-33) Esta captación de “soldados”, no sólo se llevaba a cabo desde países orientales; en los Estados Unidos existían también muchas oficinas de reclutamiento según las declaraciones de Sheikh Abdullah Azam, uno de los cofundadores de la conocida como Oficina de Servicios (organización que, entre otras funciones, se dedicaba a poner en contacto a los voluntarios árabes con las facciones afganas que combatían contra el ejército soviético).

“El principal objetivo que tenía Sheikh Abdullah cuando lanzó la publicación The Jihad Magazine (publicación de origen árabe centrada en la guerra de Afganistán y que estaba focalizada en remarcar el apoyo de los saudíes y el esfuerzo que estaban haciendo para ayudar a combatir contra los “soviets”), era el de informar a todo el mundo árabe qué era lo que estaba ocurriendo en Afganistán, pero sobre todo, su verdadero objetivo era el de contribuir con dicha publicación a recaudar dinero y reclutar mercenarios para la causa. En Yeda, en una ocasión llegamos a imprimir 70.000 ejemplares de dicha revista, la mayoría de ellos fueron enviados a los EEUU, ya que allí existían 52 centros de reclutamiento, siendo los principales los centros de Brooklyn , Phoenix, Boston, Chicago, Tucson, Minnesota, Washington DC y Washington State” […] “Si hubiese sido informado en su momento sobre lo que la CIA, el Departamento de Estado y el propio Osama bin Laden estaban llevando a cabo en Yeda, con toda seguridad en aquella época hubiese sido lo suficientemente estúpido como para mirar a otro lado, consentirlo y transigir con aquellas actividades. Después de todo, confiaba ciegamente en mi Gobierno” […].

“Esos agentes, eran los mismos que reclutaban y entrenaban a los que, en un primer momento, se llamó muyahidines, que más tarde recibirían el nombre de Al-Qaeda y que acabarían transformándose en ISIS. Fui testigo directo con mis propios ojos de aquellos inicios en Yeda, pero en aquel momento no fui ni pude ser capaz de atar cabos y comprender quién era quién y con qué fin lo hacían. Hoy todo el mundo puede ver en qué se han convertido aquellos reclutamientos iniciales, y puede adivinar a poco que se lo proponga, cuáles son las consecuencias cuando se permite que los servicios de inteligencia controlen tanto la política como la diplomacia: Todos los soldados que captaron, reclutaron y entrenaron, han servido y siguen sirviendo obedientemente las órdenes de EEUU y la CIA, entre otros muchos objetivos, ayudando a desestabilizar y romper Yugoslavia, destruyendo Iraq, colapsando y adueñándose de Libia y hoy en día, sin ir más lejos, ayudando al saqueo y sometimiento de Siria” (8). En una entrevista realizada a Springmann el día 30 de julio de 2015 por El Vórtice Radio, es posible escuchar todo lo anteriormente referido de su propia boca, lo que constituye un testimonio de inestimable valor documental (9).



Conocidos los antecedentes de Zbigniew Brzezinski, solamente un iluso podría extrañarse de que, quien diseñó y promovió el apoyo de la CIA a los muyahidines en su lucha con los soviéticos, aconsejara al presidente Barack Obama un procedimiento similar al usado tan exitosamente en Afganistán para derrocar a los gobiernos de Libia y Siria, consistente en la creación de milicias yihadistas que “actuaran” desde dentro con el fin de derrocar a sus respectivos gobiernos sin necesidad de implicarse militarmente de manera directa ante los ojos del mundo. La estrategia de Brzezinski catapultó en unos pocos meses a Afganistán al centro de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, convirtiendo a los muyahidines afganos en tropas de choque contra los rusos. Para ellos la invasión soviética era un nuevo intento desde el exterior de someterlos y sustituir sus antiguas costumbres por una ideología y un sistema social ajenos. La yihad adquirió un nuevo impulso cuando Estados Unidos y las monarquías del Golfo aportaron dinero y armamento moderno a un sencillo pueblo agrícola, que fue utilizado tras la expulsión de los soviéticos en luchas internas con el resultado de que el país quedó dividido en feudos regidos por los señores de la guerra. Todos ellos habían luchado, cambiado de bando y vueltos a enfrentarse en una asombrosa serie de alianzas, traiciones y derramamientos de sangre, de tal modo que poco antes de que aparecieran los talibanes, a fines de 1994, Afganistán se hallaba al borde de la desintegración. 


Zbigniew Brzezinski


La vasta dimensión de la Operación Ciclón, reflejada por los enormes fondos que fueron necesarios para su financiación, los muchos años que duró, la cantidad de países que se vieron implicados directa o indirectamente en su montaje y el flujo de decenas de miles de combatientes mercenarios procedentes de medio mundo que fueron movilizados y en la guerra sucia de atentados, secuestros y víctimas civiles que tuvieron por escenario Afganistán constituyeron la base y el origen de los innumerables grupos yihadistas surgidos en las últimas décadas y cuya peligrosidad para Occidente constituye el motivo central de la propaganda global difundida con la finalidad de instaurar el miedo como componente indispensable para justificar las guerras preventivas que permiten a Washington intervenir militarmente en cada momento donde mejor convenga a sus intereses geoestratégicos. El ataque a Afganistán en octubre de 2001 y la posterior involucración de la OTAN bajo la jerga habitual usada para disfrazar las guerras de conquista estadounidenses por “misiones de paz para luchar contra el terrorismo” vienen a ser una prolongación de la Operación Ciclón, ya su finalidad es la misma: mantener a Afganistán bajo el control de Occidente, es decir, de Estados Unidos.

Como represalia a los ataques en las embajadas estadounidenses de Keya y Tanazania, en agosto de 1998 el presidente Bill Clinton ordenó el bombardeo de “bases terroristas” de Bin Laden en Afganistán y Sudán (10), precisamente el día en que tenía lugar la segunda comparecencia de Mónica Lewinsky ante el gran jurado encargados de dictaminar acerca del escándalo sexual protagonizado por el presidente y la becaria. Por otra parte, está bien comprobado que Bin Laden no se encontraba en los campos afganos bombardeados, donde solo había militantes islamistas pakistaníes que se entrenaban para el combate en la Cachemira india. En una entrevista difundida por ABC News ese mismo día, Osama negó cualquier participación en los atentados, aunque declaró que apreciaba a algunos de los sospechosos (11). Después del bombardeo, el senador republicano Dan Coats declaraba: “Hay mucho que no sabemos de este ataque y por qué fue desatado hoy, en medio de los problemas personales del presidente. Es legítimo hacerse preguntas sobre el momento que se eligió para la acción”. Por su parte, Peter King, representante por Nueva York y miembro del Comité de Relaciones Internacionales, dijo a CNN que el presidente había cometido un error al no informar a los miembros de la dirección republicana de los ataques planeados, aunque admitió que no necesita la aprobación del Congreso para ordenar tales operaciones militares, para las que pidió el apoyo de los republicanos (12).



El gasoducto TAPI era un proyecto que el magnate argentino Carlos Bulgheroni y la compañía ‎argentina Bridas habían elaborado en los años 1990 junto al gobierno de Turkmenistán y que ‎debía contar con financiamiento del Banco Asiático de Desarrollo (ADB). Aquel proyecto ‎encontró la rivalidad de otro, el de la petrolera californiana UNOCAL. ‎Ambas compañías llegaron a un acuerdo y Estados Unidos abrió una negociación con ‎los talibanes en Berlín –Alemania acogió a los negociadores talibanes a pesar de que el Consejo ‎de Seguridad de la ONU les había prohibido viajar. En realidad, no fueron los atentados del 11 de septiembre, sino el fracaso de la negociación ‎sobre la construcción del gasoducto a través del territorio afgano lo que decidió a Washington para ‎dar la orden definitiva de invadir Afganistán.

Por encima de todo, en 1999 resultaba evidente que los talibanes eran incapaces de proporcionar las garantías que la petrolera UNOCAL necesitaba para proteger la construcción de los gasoductos, por lo que fue adoptada la idea de invadir Afganistán, tal como en diciembre del año 2000 anunció Frederick Starr, jefe del Instituto de Asia Central en la Universidad Johns Hopkins, en el diario The Washington Post. En diciembre del año 2000, es decir, ¡nueve meses antes de que tuvieran lugar los atentados de Nueva York y Washington! De este modo, en el año 2000, último del segundo mandato de Bill Clinton, la principal línea geopolítica que servía para fijar en el mapa el control estadounidense sobre Afganistán no era otro que la determinada por los oleoductos y gasoductos que las compañías petroleras norteamericanas proyectaban construir atravesando Afganistán para conectar los ricos yacimientos del recóndito Turkmenistán con los mercados internacionales. No obstante, a pesar de este evidente y bien demostrado interés, puede decirse que mientras duró la presidencia de Clinton, para el Departamento de Estado no fue Afganistán un objetivo prioritario de su política exterior y que fue la Administración Bush, comprometida con los intereses petroleros que inyectaron millones de dólares en la campaña de 2000, la que volvió a colocar a Afganistán en el foco de atención del Gobierno de Washington (13). “La CIA, que más que nunca parecía una familia virtual pendiente de los intereses petroleros de Bush, facilitó un enfoque renovado para los talibanes. Milton Bearden, un ex-jefe de estación de la CIA que en la década de los '80 supervisó las operaciones encubiertas de Estados Unidos en Afganistán desde su base en Pakistán culpó al Gobierno Bush de inflexibilidad y lamentó el hecho de que Estados Unidos nunca se  tomara la molestia de comprender a los talibanes, tal como escribió en un artículo publicado el 29 de octubre de 2001 en The Washington Post: "Nunca escuchamos lo que intentaban decir... No teníamos un lenguaje común”. Funcionarios de la embajada y del Departamento de Estado se citaron con Amid Rasoli, jefe de seguridad talibán, en una fecha tan avanzada como agosto de 2001. “No tengo duda de que querían librase de él”, declaró Bearden en octubre. Obviamente, el funcionario estadounidense no estaba al tanto de amplia agenda de intervenciones marcadas por la nueva estrategia diseñada para imponer a sangre y fuego la hegemonía norteamericana en el siglo que comenzaba y en la que bombardear Afganistán marcaría el punto de salida. Bastaba cambiar al comunismo internacional por el terrorismo global para que la “doctrina Bush”, enunciada en su discurso del 20 de septiembre, fuera una simple repetición de los planteamientos de la doctrina Truman de 1947, que sirvió de fundamento teórico a la denominada Guerra Fría.



Después de la llegada de Bush a la presidencia, durante tres años los funcionarios estadounidenses se reunieron al menos veinte veces con representantes talibanes, en continentes distintos, para analizar las formas en que el régimen podría llevar ante la justicia al presunto terrorista Osama bin Laden. Las conversaciones continuaron hasta unos días antes de los ataques del 11 de septiembre y en ellas los representantes talibanes sugirieron repetidamente que entregarían a Bin Laden si se cumplían determinadas condiciones que les permitieran salvar la cara por entregar un hermano musulmán para ser juzgado por un poder “infiel” (14).

La campaña electoral norteamericana produjo un impasse en los planes gubernamentales en relación con Afganistán, pero cuando en enero de 2001 se hizo cargo del Gobierno de Washington el equipo neocon de George W. Bush, la Casa Blanca decidió que en vez de capturar o eliminar a Bin Laden mediante una incursión limitada de tipo quirúrgico, se llevaría a cabo una gran intervención militar contra el régimen talibán, según esperaban las compañías petroleras que habían contribuido con cerca de dos millones y medio de dólares a campaña electoral del equipo Bush-Cheney, cuyas fortunas personales estaban tan vinculadas a la familia de Bin Laden como a los negocios del petróleo y a sus industrias derivadas. En julio de 2001 se reunió en un hotel de Berlín una representación de las partes interesadas para escuchar a un ex funcionario del Departamento de Estado, Lee Coldren, cuya misión era transmitir el mensaje de la administración Bush de que “Estados Unidos estaba tan disgustado con los talibanes que podrían estar considerando alguna acción militar”. Lo más llamativo de esta advertencia privada fue que llegó —según uno de los presentes, el diplomático paquistaní Niaz Naik— acompañada de detalles específicos de cómo tendría éxito el plan de Bush. Cuatro días antes, The Guardian había informado que Osama bin Laden y los talibanes habían recibido claras amenazas de una posible acción militar estadounidense contra ellos dos meses antes de que ocurrieran los ataques del 11-S en Nueva York y Washington.



En cualquier caso, la mayor parte de los especialistas están convencidos de que el interés de la Administración de Bush por capturar a Bin Laden antes de los atentados de septiembre fue un montaje de cara a la opinión pública. Su figura era imprescindible para mostrarlo como el peligroso líder de Al Qaeda, presentada como la mayor organización terrorista de alcance global dispuesta a llevar a cabo atentados sangrientos e indiscriminados, especialmente en Estados Unidos y en los países europeos de la OTAN aliados de Washington. Por este motivo, cualquier insistencia es poca para resaltar el hecho de que la decisión adoptada por la nueva Administración estadounidense de atacar e invadir Afganistán había sido tomada por la camarilla militarista del PNAC (Proyecto para un Nuevo Siglo Americano) con anterioridad a que Bush accediera a la presidencia y, en consecuencia, antes de que fueran cometidos el 11 de septiembre de 2001 los atentados de Nueva York y Washington, que fueron utilizados por Washington para presentar ante el mundo la guerra afgana como represalia contra Al Qaeda y su líder Bin Laden (15). Como concluye Gore Vidal: “La conquista de Afganistán no tuvo nada que ver con Osama Bin Laden. Fue simplemente un pretexto para sustituir a los talibanes por un gobierno relativamente estable. Un gobierno así debería permitir a la compañía Union Oil de California instalar su oleoducto en beneficio de Cheney-Bush, entre otros” (16).

Robert Gray, profesor universitario y editor de la revista “Defense and Security Analysis” dijo que Bush había cometido un error al identificar demasiado la guerra contra el terrorismo con la persona de bin Laden y que estaba en peligro de cometer el mismo error al jurar repetidamente que eliminaría a Sadam. del poder en Irak. El problema para Bush es que, sin una invasión de Irak no hay un próximo paso claro en la guerra global contra el terrorismo que Bush declaró después del 11 de septiembre y que sería la misión definitoria de su generación para un futuro previsible. De la misma opinión era Keith Shimko, politólogo de la Universidad Purdue en Indiana: "Sin Osama bin Laden ni Sadam Hussein, la guerra contra el terrorismo se convierte en una abstracción tan metafórica como la guerra contra la pobreza", quien añadió: “Deberíamos estar reconstruyendo Afganistán y asegurando su futuro, pero nosotros, como pueblo, tenemos poca capacidad de atención y es difícil concentrarse en cosas no dramáticas que cuestan dinero y no brindan la satisfacción inmediata que se obtiene al hacer estallar las cosas” (17).

El comentarista político más respetado del mundo árabe y ex ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, Mohamed Heikalel, comentó en una entrevista realizada por Stephen Moss y publicada en The Guardian al mes siguiente de los atentados del 11-S: “Bin Laden no tiene las capacidades para una operación de esta magnitud. Cuando escucho a Bush hablar de al-Qaeda como si fuera la Alemania nazi o el Partido Comunista de la Unión Soviética, me río porque sé lo que hay allí. Bin Laden ha estado bajo vigilancia durante años: cada llamada telefónica fue monitoreada y Al-Qaeda ha sido penetrada por la inteligencia estadounidense, la inteligencia paquistaní, la inteligencia saudí y la inteligencia egipcia. No podrían haber mantenido en secreto una operación que requería tal grado de organización y sofisticación” (18). Pierre Pierre-Henri Bunel, ex mayor de la inteligencia militar francesa, coincide en señalar que Al-Qaeda era una forma de intranet, que fue utilizada por las naciones islámicas y las familias influyentes para comunicarse unas con otras, así como “por el agente americano Osama Bin Laden para enviar mensajes codificados desde Afganistán a sus controladores de la CIA” [...] “ Pero Bunel llega mucho más lejos al afirmar “no hay ningún ejército islámico o grupo terrorista llamado Al Qaeda, algo que sabe cualquier oficial de inteligencia bien informado. Pero hay una campaña de propaganda para hacer que el público crea en la existencia de una entidad identificada que representa al “demonio”, solamente para lograr que los espectadores de la televisiones acepten la existencia de un liderazgo internacional unificado en la guerra contra el terrorismo. El país detrás de esta propaganda es Estados Unidos y los miembros de las corporaciones estadounidenses de esta guerra contra el terrorismo solo están interesados en obtener ganancias” (19).

Saab al-Faqih, opositor saudí instalado en Londres, aclara que el término Al Qaeda fue usado sobre todo por los norteamericanos, ya que los seguidores de Bin Laden solamente lo utilizaban para referirse a un sistema de comunicación empleado a fines de los años ochenta. Al Fakish también puntualiza que tampoco elaboraron textos en los cuales se refieran a sí mismos como una organización, ya que en la cultura saudí no es necesario “nombrar” una organización, y por eso siempre se referían a ellos mismos como muyahidines, yihad o árabes afganos (20). El ya citado Pierre-Henri Bunel, que se hizo famoso por filtrar documentos confidenciales de la OTAN en relación con la guerra de Kosovo, comparte este mismo punto de vista cuando precisa que el único vídeo donde Bin Laden menciona el nombre de Al Qaeda fue posterior a los atentados del 11 de Septiembre, después de que el Gobierno estadounidense lo difundiera a los cuatro vientos.



Después de haber sido Secretario de Asuntos Exteriores con el primer gobierno de Tony Blair y posteriormente líder de la Cámara de los Comunes, Robin Cook dimitió de éste último cargo el 17 de marzo de 2003 por su disconformidad acerca de comprometer a Gran Bretaña en la guerra de Irak. Tras dejar su puesto, Cook no solo siguió mostrándose contrario a la guerra, sino que acusó a los servicios de inteligencia británicos de haber falseado informaciones relativas a Sadam Husein, pues, según sus noticias, el dictador iraquí no disponía de armas de destrucción masiva ni era aliado de Bin Laden en la organización del terrorismo internacional. Al día siguiente de los ataques terroristas cometidos en Londres el día 7 de julio de 2005, atribuidos de inmediato a Al Qaeda de la misma manera que sigue sucediendo con los cometidos en Madrid el año anterior, Robin Cook publicó un artículo en el diario The Guardian, en el que hizo una referencia de gran interés para una persona de su posición: "Al Qaeda, literalmente la base de datos, fue al principio el archivo informático de unos miles de muyahidines, que fueron reclutados y entrenados con la ayuda de la Agencia Central de Información —CIA― para derrotar a los rusos” (21).

Es el propio Bin Laden quien explica la posterior evolución del significado de Al Qaeda. En una entrevista realizada en octubre de 2001 por Taysir Alluni, corresponsal de Al Yazira en Kabul, decía que “la situación no es como la muestra Occidente, ya que no hay una organización con un nombre específico (como Al Kaeda) o algo así. Este nombre en particular es muy viejo. Nació sin ninguna intención. El hermano Abu Ubaidash al-Banshiri creó una base militar para entrenar a los jóvenes y pelear contra el brutal, arrogante, vicioso y terrorífico imperio soviético […]. Así que este lugar fue llamado “la Base” (Al Qaeda), como un lugar de entrenamiento. Luego este nombre creció y creció”. Por eso algunos sostienen que desde un primer momento fue Al Qaeda al yihad, es decir, la base de la yihad en el sentido militar del término (22). En cualquier caso, no parece difícil compaginar ambas versiones: Que tras haber sido el referente de la base de datos informatizada de los muyahidines creada por Bin Laden, a la denominación se le añadiera el segundo significado, que acabó prevaleciendo gracias a las publicaciones norteamericanas y, desde luego, a la voluntad manipuladora de los estrategas de Washington, necesitados de vincular a una organización yihadista dirigida por una persona conocida el papel de representar ese gran enemigo al que atribuir inmediatamente la autoría de los atentados del 11-S, así como la de todos los que posteriormente se fueran cometiendo y de los que se servirían para mantener vivo el fantasma del terrorismo global de signo islamista.

Martin Scheinin, que entre 2005 y 2007 ocupó el puesto de Relator Especial de las Naciones Unidas para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales contra el Terrorismo, en una entrevista publicada en julio de 2007 se muestra contundente cuando afirma que “Al Qaeda es una metáfora y no existe una larga guerra contra el terrorismo como lo pretenden ciertos gobiernos”, para añadir: “No creo que Al Qaeda pueda ser clasificado como un ejército global, que forme parte de un conflicto armado mundial sin final” (23).

¿Cómo no recordar los versos finales del poema “Esperando a los bárbaros”, de Konstantino Kavafis:


                        Algunos han venido de las fronteras

                    y contado que los bárbaros no existen.

                  ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?

                  Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.


NOTAS

1. Steve Coll: The Bin Ladens: An Arabian Family in the American Century, Penguin Books, Nueva York, págs. 7-9.

2. Javier Biosca Azcoiti: Abdulá Azzam, el padre de Al Qaeda, elDiario.es, 23 de noviembre de 2018

3. Jason Burke: Al Qaeda. La verdadera historia del islamismo radical, RBA Libros S.A., Barcelona, 2004, pág. 27.

4. Sami Moubayed: Bajo la bandera del terror, Ed. Península, Barcelona, 2016, págs. 67-68.

5. Pedro Brueger: ¿Qué es Al Qaeda?, Capital Intelectual, Madrid, 2010, pág. 68.

6. Michael J.Springmann: Visas for Al Qaeda: CIA Handouts That Rocked the World: An Insider's View; Daena Publications LLC, Pembroke Pines, Distrit of Columbia, EE.UU., 2015.

7. Michael J.Springmann: Visas para Al Qaeda, Edit. Manuscritos, Morata de Tajuña, Madrid, 2015, pág. 5.

8. Ibídem., págs. 31-39.

9. Michael J. Springmann: Cómo la CIA creó Al-Qaeda e ISIS. Yo fui testigo. El 30 de julio de 2015, Michael Springmann concedió una entrevista a “El Vórtice Radio” en la que se puede escuchar su inestimable testimonio. Aunque realizada en inglés, va siendo traducida al español por el presentador conforme la entrevista se desarrolla. Ver el enlace:

http://www.ivoox.com/vortice-como-cia-creo-al-qaeda-e-audios-mp3_rf_5537462_1.html

10. Carlos Mendo: Estados Unidos bombardea "bases terroristas" en Afganistán y Sudán en represalia al ataque de las embajadas en Kenya y Tanzania, El País, 21 agosto 1998

https://elpais.com/diario/1998/08/21/internacional/903650421_850215.html

11. Gilles Kepel: La Yihad. Expansión y declive del islamismo, Ediciones Península, Barcelona, 2000, nota en la pág. 512.

12. All Politics CNN.com: Most Lawmakers Support Clinton's Military Strikes, 20 agosto 1998.

http://edition.cnn.com/ALLPOLITICS/1998/08/20/strike.react/

13. Wayne Madsen: Afghanistan, the Taliban and the Bush Oil Team. Centre for Research on Globalisation, 23 enero de 2002

https://archives.globalresearch.ca/articles/MAD201A.html

14.The Irish Times: US met Taliban leaders on fate of bin Laden, 30 de octubre de 2001

https://www.irishtimes.com/news/us-met-taliban-leaders-on-fate-of-bin-laden-1.334693

15. Peter Dale Scott: The Road to 9/11: Wealth, Empire, and the Future of America, University of California Press: 2007: pág. 73.

16. Gore Vidal: The Enemy Within, The Observer, Londres, 27 oct. 2002.

https://www.ratical.org/ratville/CAH/EnemyWithin.html

17. Alan Elsner: Bin Laden: del 'maligno' al innombrable, Reuters, 20 de agosto de 2002.

18. Stephen Moss: No hay un objetivo en Afganistán que valga un misil de 1 millón de dólares '', The Guardian, 10 octubre de 2001.

https://www.ratical.org/ratville/CAH/EnemyWithin.html

19. Pierre-Henri Bunel: Al Qaeda: The Data Base, Wayne Madsen Report and Global Research, 20 de noviembre 2005

https://www.globalresearch.ca/al-qaeda-the-database-2/24738

20. Pedro Brieger: ¿Qué es Al Qaeda? Terrorismo y violencia política, Capital Intelectual, Madrid, 2010, pág. 69.

21. Robin Cook: The struggle against terrorism cannot be won by military means, The Guardian, 8 de julio de 2005.

https://www.theguardian.com/uk/2005/jul/08/july7.

22. Pedro Brieger: Op. Cit., págs. 69-70.

23. Sandro Cruz: Martin Scheinin: Al Qaeda es una metáfora y no existe una larga guerra contra el terrorismo, Red Voltaire, 9 de julio 2007.

http://www.voltairenet.org/Martin-Scheinin-Al-Qaeda-es-una