sábado, 14 de septiembre de 2013

 Siria, pieza clave en la guerra de Estados   Unidos por el control energético global 

Vista de Alepo desde la Ciudadela, 
en noviembre de 2010

Alepo hoy

La denominada “guerra fría” presentó un característica muy destacada, consistente en que las dos grandes potencias en litigio, Estados Unidos y la Unión Soviética, nunca se enfrentaron militarmente entre ellas mismas, sino que lo hicieron indirectamente, participando en guerras ajenas en las que apoyaron a una de las partes en conflicto. En este sentido hay que entender las palabras del profesor Michael Clarke cuando dijo: “Hay guerras que las buscas tú y hay otras que te las buscan, y el caso de Siria está entre las segundas”.

Casi sobra decir, después de lo que llevo escrito a este respecto, que hoy en día esto es lo que viene sucediendo en Siria, como poco antes tuvo lugar en Libia y hace pocos años en la República de Georgia, donde en 2008 Rusia se enfrentó militarmente con su antiguo estado asociado, que contó con el apoyo de Estados Unidos y de algunos de sus aliados europeos. De este modo, cabe afirmar que hoy en día Siria es un teatro donde potencias extranjeras ensayan militarmente sus capacidades, tal como ocurrió en la guerra civil española poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que Siria es un enclave de primer orden en el Medio Oriente, cuyo territorio comparte fronteras estratégicas con Turquía, Irak, Israel, Jordania y Líbano, es decir que se encuentra situada, para su desgracia, en el lugar donde se desarrollan los mayores enfrentamientos del mundo actual.


Con estos antecedentes es fácil de entender lo que declara Ghassan Abbas, que “el conflicto no es entre sirios, sino de intereses internacionales”, por lo que puede hablarse de una "guerra por encargo". Existe un extendido mito consistente en que el intervencionismo occidental en Siria, concretado en el papel desempeñado por Estados Unidos y otras naciones occidentales, ha sido el de reforzar elementos moderados, dentro de una amplia coalición contra el Gobierno sirio de el presidente Bashar Al-Assad, para luchar a favor de la libertad secuestrada por un régimen tiránico. Dentro de esta tosca escenificación, y en fecha tan reciente como el 28 de febrero de este año, el Secretario de Estado, John Kerry, reconoció por primera vez que Estados Unidos estaba enviando “ayuda no letal” a la oposición Siria, posición que ha mantenido públicamente en sus posteriores llamadas para duplicar la ayuda a los piadosamente denominados "rebeldes sirios" y llegar a la meta de más de mil millones de dólares en ayuda internacional, fondo al que el gobierno de España viene contribuyendo casi a hurtadillas, como he dejado escrito en las entradas anteriores que en este blog vengo dedicando al examen del holocausto sirio.


Dentro de este programa, la CIA aumentó durante los últimos meses sus envíos de armas y municiones a los yihadistas que operan en suelo sirio a partir de bases secretas localizadas en Turquía y Jordania, según reveló el diario The Washington Post. Aunque los primeros envíos de material bélico consistieron en armas ligeras y municiones, según el diario Der Spiegel, EE.UU ha venido usando a Arabia Saudita como país intermediario para entregar también a los rebeldes sirios misiles tierra-aire de corto alcance de tipo MANPADS, (misiles portátiles que pueden alcanzar aviones o helicópteros que vuelen a baja altura y que ya fueron utilizados en 1.980 por los muyahidines afganos contra las tropas soviéticas), a pesar de que entre las cancillerías europeas existen temores fundados a que dicho sofisticado armamento pueda ser utilizado posteriormente por los fanáticos del salafismo wahhabísta contra los intereses occidentales, la información controlada ha soslayado este detalle para evitar que los ciudadanos europeos tomen conciencia del peligro efectivo asumido por los respectivos gobiernos sin su consentimiento.



Es un hecho que, por lo menos desde comienzos de 2012, la CIA ha estado enviando grandes cargamentos de armas a Siria a través de apoderados regionales, sin que quepan dudas a estas alturas de que una buena parte de estas remesas han caído en manos de los militantes sunitas extranjeros afiliados a Jabhat Al-Nusra, un grupo catalogado como terrorista por el propio gobierno de Washington y vinculado a Al-Qaeda, que ha emergido como la principal fuerza militar entre los combatientes, según reconoció el diario The New York Times del 8 de diciembre de 2012.

        Los yihadistas celebran el derribo de un caza gubernamental

En un comunicado oficial del Departamento de Estado estadounidense, fechado el 11 de diciembre del año pasado, se documenta cómo “desde noviembre de 2011, el Frente Al-Nusrah se atribuyó casi seiscientos ataques, más de cuarenta atentados suicidas y operaciones con armas y artefactos explosivos improvisados en los centros de las principales ciudades que controlan… [donde] numerosos sirios inocentes han muerto”. El objetivo final es el señalado por Abu Thuta, miembro destacado de Al Qaeda en Irak, en una entrevista publicada por The New York Times: “Nuestra gran esperanza es formar un estado islámico con Siria e Iraq para los musulmanes y luego anunciar nuestra guerra contra Irán e Israel y luchar por una Palestina libre”. Avisados estamos.


Yihadistas sirios toman el control del distrito de Saleheddine, al Norte de Alepo   

Atentado terrorista en Damasco el 12 de julio de 2013

Asímismo, The New York Times publicó el pasado 27 de abril que la relación entre la ayuda occidental y la fuerza del frente Al-Nusra es intencional y de carácter estratégico, confirmando que la oposición siria está dirigida enteramente por grupos afines o totalmente vinculados a Al-Qaeda. El informe también señala claramente que “en ninguna parte de Siria [que está] controlada por los rebeldes existe en realidad un fuerza de combate secular... ya que Al-Nusra se ha responsabilizado de una serie de atentados suicidas y es el grupo preferido por los yihadistas extranjeros llegados a Siria”. El grito de guerra de estas hordas asesinas es “Cristianos a Beirut, alauitas a la tumba”. Todas las minorías sirias saben que cumplirán con saña sus amenazas si el régimen de Al-Assad llegara a derrumbarse, por lo que la huida masiva ha sido su única opción conforme la ofensiva yihadista ha ido consolidando su poder fanático en los territorios que ha ido incorporando. 

Yihadistas ondean su bandera negra en el entierro de un compañero caído en Alepo

Soldados del Ejército sirio celebran la toma de Homs el 30 de julio de 2013

Independientemente del carácter de las protestas coincidentes con la denominada “primavera árabe” en marzo de 2011, el conflicto sirio se ha convertido en una guerra de poder regional entre militantes yihadistas equipados y capacitados por Occidente y un régimen estigmatizado por sus vinculaciones de amistad con la Rusia de Putin, lo que le convierte automáticamente en enemigo frente a las pretensiones hegemónicas de Washington. Hay escasas pruebas que sustenten las afirmaciones de Estados Unidos y sus aliados de que alguna vez hubo alguna facción secular moderada entre la oposición militar al régimen de Damasco, mientras que, por el contrario, los datos demuestran abrumadoramente cómo, a sabiendas, las naciones occidentales vienen equipando a militantes extremistas que se caracterizan por su extremada violencia contra la población civil siria, sobre todo si se trata de no sunitas o de las minorías cristianas.


Un soldado del Ejército sirio recoge los restos de una imagen de la Virgen
destrozada por el fanatismo yihadista
El asesino Saud Fayez Al-Houeili Al-Ajami
 y el niño de cinco años por él degollado

Los motivos para la violenta incursión planeada por Washington aparecen, como era de esperar, arraigados en intereses geoestratégicos y no humanitarios. Irán firmó recientemente un acuerdo de 10.000 millones de dólares para construir un gaseoducto con Siria e Iraq —rechazado vehementemente por Estados Unidos— para conducir los hidrocarburos iraníes hasta el Mediterráneo, un proyecto en que participaría Rusia, que viene intentando ampliar su influencia en el desarrollo de la industria energética de la región para diversificar su propio abastecimiento de crudo.

Un informe publicado el 2 de enero por la experta en energía Ruba Husari del “Centro Carnegie sobre el Medio Oriente”, observa que aunque Siria no es al día de hoy gran productora de petróleo o gas, su localización “ofrece acceso a entidades sin litoral mediterráneo en busca de mercados para sus hidrocarburos y a los países que buscan llevar sus crudos a Europa sin tener que pasar por Turquía”, así como las “nuevas oportunidades que surgirían bajo un nuevo régimen sirio”.



Estas “nuevas oportunidades” inmediatas, que impulsan la intervención occidental, incluyen el acceso sin trabas al desarrollo energético de la región otorgado a las corporaciones occidentales un papel hegemónico, proceso puesto en marcha hace varios meses en virtud del cual la Unión Europea ha levantado las sanciones a Siria para comprar el crudo procedente de los mismos yacimientos petrolíferos sirios que han sido usurpados al Estado por las fuerzas de Al-Nusra, proporcionando de este modo a los yihadistas fuentes de financiación autónomas. Los analistas coinciden en señalar que la estrategia a largo plazo pasa por aislar y debilitar al régimen iraní mediante la eliminación de un importante socio regional, Siria, despejando así el camino para imponer el control estadounidense sobre las extensas reservas de energía que abarcan desde la cuenca del Caspio hasta el Golfo Pérsico.

La rancia y mentirosa retórica de las naciones occidentales sobre la promoción de los derechos humanos y la democracia carecen de credibilidad ante lo que sabemos que vienen sucediendo en Siria. Lo que está en marcha es una descarada intervención a la que el respeto por los derechos humanos sirve como cortina de humo para dejar en segundo plano a las víctimas inocentes provocadas por la agresión exterior a Siria.

En esta línea aparece el artículo que transcribo a continuación, publicado en junio de este mismo año, en el que el profesor brasileño Moniz Bandeira analiza muy documentadamente cómo y por qué Occidente y las monarquías del Golfo se han propuesto acabar con el régimen sirio, aunque sea a costa del horror sin nombre que, en una campaña propagandística eficazmente planeada y minuciosamente ejecutada, los medios de información occidentales atribuyen casi en exclusiva al régimen del presidente Bashar Al-Assad.

Luis Alberto de Vianna Moniz Bandeira es un reconocido escritor e historiador, con acreditada trayectoria como profesor universitario, catedrático del Departamento de Historia de la Universidad de Brasilia (actualmente jubilado), y profesor invitado en diversas universidades, como las de Heidelberg, Buenos Aires o Sao Paulo. Tiene una extensa obra escrita, siendo sus publicaciones más recientes As Relações Perigosas: Brasil-Estados Unidos. De Collor a Lula. (2004) y Formação do Império Americano (Da Guerra contra a Espanha à Guerra no Iraque), editada en 2005.


La insurgencia contra el régimen sirio, apoyada por Occidente

Parece una locura que la oposición alzada en Siria, desde el 26 de enero de 2011, siga desarrollándose y se desdoble desde hace más de un año en forma de lucha armada, a pesar de la dura y sangrienta represión ejercida por el gobierno de Bashar Al-Assad. Pero, como dijo Polonio sobre el comportamiento de Hamlet, "aun cuando es locura, hay método en ella". A pesar de la existencia de condiciones objetivas y subjetivas en las sublevaciones que han ocurrido y ocurren en los países árabes, el cartel de las potencias industriales de Occidente, encabezadas por Estados Unidos y sus socios de la Unión Europea, desarrollaron una ecuación, de gran amplitud económica, geopolítica y geoestratégica, especialmente visible tras las revueltas de Libia y Siria, que se iniciaron en 2011.

Estados Unidos y las restantes potencias occidentales quieren tomar el control del Mediterráneo, aislar políticamente a Irán, país aliado de Siria, y limitar la influencia de Rusia y China en el Próximo Oriente. Rusia opera desde 1971 en el puerto de Tartus (Siria), y tenía en proyecto su reforma y ampliación como base naval en 2012, para que pueda recibir grandes buques de guerra y de este modo asegurar su presencia en el Mediterráneo. Según parece, Rusia también planeaba instalar bases navales en Libia y el Yemen. Por eso, financiar desde el año 2005 a la oposición siria tiene como objetivo desestabilizar y derrocar el régimen de Al-Assad, que representa un obstáculo para evitar la profundización de las relaciones sirias con Rusia.




Vista aérea del puerto de Tartús

La caída del régimen de Damasco, tras el derrocamiento de Muammar Gadafi en Libia, eliminaría la presencia de Rusia de sus dos bases navales (Tartus y Latakia), cortaría las rutas de suministro de armas para las organizaciones pro chiíes de Hezbollá en el Líbano y de Hamás en Palestina, detendría el progreso de China respecto a las fuentes del petróleo y aislaría a Irán hasta estrangularlo. El resultado de la ecuación, al modificar por completo el equilibrio de fuerzas en el Oriente Próximo, sería el establecimiento por Estados Unidos y de sus socios de la Unión Europea en una situación de unafull-spectrum dominance, es decir, de supremacía completa, territorial, marítima, aérea y espacial, así como la posesión de todos los activos energéticos mediterráneos.
Base Naval de Rota (Cádiz)

Con el objetivo de controlar el Mediterráneo, Washington y Madrid firmaron un acuerdo, hecho público el 5 de octubre de 2011, mediante el cual la base naval de Rota, en Cádiz, deberá albergar cuatro destructores equipados con misiles de defensa (DMO) de la Marina de EE.UU., atendidos por un contingente de unos mil cien militares y un centenar de civiles, integrados en el sistema defensivo de la OTAN, bajo el pretexto de prevenir ataques con misiles balísticos de Irán y Corea del Norte. Esta instalación irá acompañada de otros sistemas en Rumanía, Polonia y Turquía. Y el derrocamiento del régimen de Assad es crucial para resolver con éxito la ecuación planteada.



Los aliados occidentales saben que no pueden aplicar la misma estrategia a Siria que a Libia por medio de la OTAN, mediante una extrapolación ilegal de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. De ahí que el apoyo a la insurgencia en Siria y el sistema de defensa antimisiles, desplegado en España, indican que el verdadero objetivo es Rusia, que sigue siendo considerada por EE.UU. como el gran rival, razón por la cual Moscú y Pekín vetaron una resolución del Consejo de Seguridad contra el régimen de Al-Assad. El derrocamiento de éste, después del de Gadafi, implicaría un control completo sobre el Mediterráneo. Eso si los yihadistas islámicos no llegaran a hacerse con el poder en Siria, como ya lo han hecho prácticamente en Libia y probablemente lo harán en Egipto.

La insurgencia en Siria lleva implicados intereses con matices diferentes, tanto políticos como religiosos para los países de la región (Turquía, Arabia Saudí y Qatar). Todo indica, sin embargo, que la conquista de las fuentes de energía del Mediterráneo es una de las razones principales por las que Estados Unidos y sus aliados alientan abiertamente el cambio de régimen. Aunque la producción siria de petróleo es modesta (en torno a 530.000 barriles por día), no se puede descartar este factor, entre otros, como la razón de ser de la sangrienta resistencia concentrada en la ciudad de Homs. Es preciso tener en cuenta todos los factores que operan en la determinación de apoyar a la insurgencia que Occidente ofrece a través de diversos mecanismos, como la guerra psicológica en los medios de comunicación a nivel internacional, en alianza con las monarquías absolutistas de Oriente Próximo.

Planta de gas natural de Ebbla, cerca de Homs, hoy en poder
 de los yihadistas de Al-Nusra

Las reservas de petróleo en Siria se estiman en 2.500 millones de barriles, principalmente ubicadas en la parte oriental del país, cerca de la frontera con Iraq a lo largo del Éufrates, con sólo un pequeño número de campos en la región central. Su ubicación es estratégica en términos de seguridad y de rutas de transporte de energía, cuya integración se esperaba aumentar con la apertura en 2008 del gasoducto Arab Gas Pipeline y la inclusión en el mismo de Turquía, Iraq e Irán. Siria ha construido un sistema de oleoductos y gasoductos controlados por la estatal Syrian Company for Oil Transportation (SCOT) para conducir petróleo crudo y refinado hasta el puerto de Baniyas, ubicado a 55 km al sur de Latakia y a 34 al norte Tartus, donde se encuentran las dos bases navales de Rusia.

En febrero de 2012 los terroristas de Al-Qaeda atacaron y destruyeron la mayor refinería de Siria, ubicado en Bab Amro, un distrito situado a 10 km al oeste del centro de la ciudad de Homs, en la que se concentra la oposición al régimen sirio. La refinería está conectada, por medio de un oleoducto inaugurado en 2010, con los campos petroleros situados en el este de Siria, la estación de Tel Adas y el puerto de Tartus.


Contemplando cómo arde un oleoducto en la zona de control yihadista
El interés de las potencias occidentales apunta, sobre todo, a los activos energéticos situados en el mar de la región. Según el ministro de Petróleo y Recursos Naturales de Siria, Sufian Allaw, estudios científicos modernos indican la existencia de enormes reservas de gas natural, estimadas en 122 billones de pies cúbicos, y de petróleo, de alrededor de 107.000 millones de barriles a lo largo de la plataforma marina de Siria. Varias compañías han anunciado recientemente que han descubierto grandes reservas de petróleo y gas, pero la exploración se ve complicada por las tensiones existentes entre los países de la región.

Las reservas en aguas profundas del Mediterráneo oriental, cerca de la costa de levante, se extienden a lo largo de 193 kilómetros de la costa de Siria, Líbano e Israel. Estos datos se conocen desde 2010. Desde entonces, el Gran Juego en la región se ha intensificado dramáticamente con el descubrimiento en la zona económica exclusiva de Israel, en su costa levantina, de un campo gigante de gas natural llamado Leviatán. Los geólogos del US Geological Survey, de EE.UU., estiman que la zona que cubre las costa de Israel, Líbano y Siria, contiene reservas susceptibles de ser explotadas gracias a las tecnologías actualmente disponibles.



Líbano cuestionó en la ONU la explotación de estas reservas, por cuanto se extienden hasta su zona económica exclusiva, pero el gobierno de Israel no está dispuesto a conceder ni siquiera "una pulgada", como afirmó su ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman. Por su parte, la compañía petrolera estadounidense Nobler Energy, con sede en Houston, Texas, anunció en febrero de 2012 el descubrimiento en Tanin, a 13 millas al noroeste del campo de Tamar, en las costas de Israel, de otro yacimiento de gas natural, en una prospección realizada a una profundidad entre 18 a 212 pies.

Según las estimaciones realizadas, los yacimientos de gas natural en la cuenca de Levante son de unos 3,5 billones de metros cúbicos. Los hallazgos en la zona económica exclusiva de Israel, los campos de Marie B, Gaza Marine, Y, Leviatán, Tamar y Dalit sumaban, según datos del año pasado, 800.000 millones de metros cúbicos de gas. La exploración del campo Leviatán I había llegado en 2011 a 5.170 metros de profundidad. En este punto, los depósitos de gas natural se estiman en 16 billones de metros cúbicos. En el nivel de 7.200 metros se estima una reserva adicional de 250 millones de metros cúbicos más. Los grandes descubrimientos de Nobler Energy, que opera en la zona económica exclusiva de Israel, se estiman entre 900.000 millones y 1,4 billones de pies cúbicos de gas. Además de estas reservas de gas, existe la posibilidad de que existan depósitos de unos 4.200 millones de barriles de petróleo.

Nobler Energy declara el incremento del dividendo en octubre de 2012
http://www2.prnewswire.com.br/releases/es/noble-energy-declara-incremento-del-dividendo/31174



Estas enormes reservas de petróleo y gas a lo largo de Grecia, Turquía, Chipre, Siria, Líbano e Israel son de vital importancia económica, política y geoestratégica, ya que pueden alimentar directamente a Estados Unidos a y la Unión Europea evitando las amenazas de interrupción en el Golfo Pérsico, donde en la actualidad circulan millones de barriles de petróleo transportados por buques y oleoductos. La disputa de estas fuentes de gas y petróleo de la cuenca levantina representa también un factor de conflicto geopolítico entre Turquía y la República de Chipre, así como entre Israel y Líbano, todo lo cual muestra el grado de relevancia estratégica de la cuenca de Levante, que se extiende desde el mar de Libia hasta Siria.

El 24 de marzo de 2011, el ministro de Petróleo y Recursos Minerales y la General Petroleum Corporation (GPC), empresa estatal de Siria, anunciaron la apertura de una licitación internacional para la explotación y producción de petróleo, ofreciendo tres bloques (I, II y III), cada uno de 3.000 kilómetros cuadrados y una extensión total de 9.038 kilómetros cuadrados, localizados en alta mar, frente a la costa sobre la que Siria ejerce su soberanía. Tal anuncio entusiasmó a las compañías petroleras, al abrir la posibilidad de acceso a los hidrocarburos de una zona poco explorada y considerada como la verdadera frontera de explotación de petróleo en el Mediterráneo.

Si las rivalidades basadas en la explotación de las fuentes energéticas no fuera bastante, Siria es también escenario donde los enfrentamientos no son sólo de raíz política o geopolítica, sino también de índole religiosa en tanto en cuanto la estrategia de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos árabes consiste en establecer en Damasco un poder sunita de signo wahabitae, para lo que es preciso eliminar la administración alauita (una rama del chiismo) que hoy gobierna en Damasco. En esta peculiaridad está el trasfondo religioso de la lucha armada contra el régimen de Bashar Al-Assad. En esta vertiente del Gran Juego aparecen en conflicto los intereses hegemónicos de Turquía en la región, los de Estados Unidos, Francia, Reino Unido y los de sus aliados de la Liga Árabe. A estas alturas, no cabe la menor duda de que la insurgencia contra el régimen sirio cuenta con el apoyo, materializado en armas y dinero, de las potencias occidentales y de sus aliados en el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), las seis monarquías más reaccionarias y absolutistas de Oriente Próximo, entre ellas la tiranía teocrática wahabita del rey Abdullah bin Abdul Aziz Al-Saud, de Arabia Saudí, y su aliado, el emir de Qatar, jeque Hamad bin Khalifa Al-Thani.                         



La situación actual de Siria viene reflejada, mejor que por cualquier discurso, por la horripilante foto publicada por la revista que muestra la decapitación de un soldado sirio esposado a manos de los yihadistas de Al-Nusra, grupo terrorista vinculado a esa galaxia vaporosa que es Al-Qaeda.

Mientras Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y las petromonarquías del Golfo sigan apoyando con armas y dinero a los yihadistas, el holocausto sirio proseguirá hasta la destrucción completa del país. La acordada eliminación del arsenal químico es una simple maniobra de distracción mientras los yihadistas persistan en sus brutales acciones de extermino y puedan volver a utilizar las armas químicas para provocar el buscado ataque militar estadounidense, ahora nuevamente aplazado gracias a la brillante intervención de la diplomacia rusa.



©  Copyright José Baena Reigal









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