lunes, 11 de noviembre de 2013

EL 11-M Y LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

2. Trama Gladio: la mano negra de la OTAN 

                         “El conocimiento es la ignorancia envuelta en risas”

                                                                   Charles H. Fort



Tras unas declaraciones de Giulio Andreotti de 1990, la existencia de una red europea que opera en las cloacas de los estados pasó a ser una cuestión tratada hasta por las cátedras de Historia Moderna de las universidades. Un secreto de Estado guardado durante cuarenta años, que en nuestros días ha recobrado actualidad, tanto por las revelaciones contenidas en la documentación divulgada por WikiLeaks y la persecución de la que es víctima su fundador, Julian Assange, como por las recientes filtraciones de Edward Snowdon acerca del espionaje masivo llevado a cabo en los países europeos (y en todo el mundo) por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), formalmente dependiente del Gobierno de Estados Unidos.


Julian Assange

Daniele Ganser, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Bale (Francia) e investigador del Centro de Estudios para la Seguridad (CSS) del Instituto Federal de Tecnología de Zurich, pasa por ser el primer titulado académico en estudiar las cloacas de los estados y es autor del libro “Los ejércitos secretos de la OTAN: la operación Gladio y el terrorismo en Europa Occidental” (Intervención Cultural, 2010). En su documentado estudio relata la historia de los ejércitos secretos de la OTAN, creados por la CIA y el MI6 después de la II Guerra Mundial en los países de Europa Occidental y cómo algunos de ellos acabaron conectados con grupos terroristas, tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. A la luz de los documentos conocidos y de las declaraciones de ex-miembros de esos grupos, el profesor Ganser se puso a la ingente tarea de documentar desde hace cincuenta años la existencia de la red secreta europea Gladio. 



Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la organización de espionaje OSS (precedente de la CIA) decide crear unos equipos especiales de partisanos que operarían como guerrillas en caso de producirse una invasión comunista en las naciones del occidente europeo. Particularmente relevante fue el caso de Italia, donde este partido estaba más consolidado. Daniele Ganser demuestra que estos grupos especiales no solo operaron en Italia, sino también en Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Turquía, Portugal, Austria, Suiza, Grecia, Luxemburgo, Alemania y España. Su nombre en clave era “stay behind groupes” (grupos en la retaguardia). En cada uno de estos países adoptaron nombres diferentes, pero en todos ellos su objetivo era el mismo: fomentar la "estrategia de tensión”.

Porque muchos pequeños detalles conforman una evidencia, sobre todo si otros hechos posteriores de mayor relevancia vienen a reforzarla, conviene al hilo de mi relato acordarse de un pequeño detalle acaecido en febrero de 2008: Iñaki Gabilondo había finalizado la complaciente entrevista que le hizo a Zapatero para la Cuatro TV, cuando, una vez terminada, el presentador compadreó con Zapatero y quiso saber cómo iban las encuestas para el PSOE. No debió quedar contento con las respuestas del presidente, a pesar de que insistió en su pregunta varias veces. Creyendo que ya no había micrófonos grabando, Gabilondo preguntó a Zapatero:

- Gabilondo: ¿Qué pinta tienen los sondeos que tenéis?
- Zapatero: Bien.
- Gabilondo: Sin problemas…
- Zapatero: Lo que pasa es que lo que nos conviene es que     haya tensión.

Iñaki Gabilondo entrevistando a Rodríguez Zapatero

En alguna parte, alguien debió hablarle a Zapatero de la "estrategia de tensión" y el pobre hombre fue y lo soltó por las buenas. Aparte de la pintoresca construcción sintáctica de la frase presidencial, respecto a esta entrevista me parece de interés las consideraciones que hace el periodista José María Matás acerca del comunicador estrella de la SER por su actuación destacada en la campaña de desinformación orquestada que siguió al 11-M, y al que hasta entonces había tenido como modelo de profesionalidad y rigor: 

“No tardaría demasiado en descubrir que tampoco Gabilondo era Gabilondo, al menos el que yo había pensado que era. Mientras permaneció en la radio fue más fácil seguir manteniendo mi fe en él. Incluso cuando libró su particular cruzada contra Aznar (vale que instado por su contrincante) no dudé en defenderlo ante quien fuera. No había tenido más opción. Al enemigo, ni agua. Es más, su posterior arrepentimiento, al revelar que se había dejado llevar por el calor del momento, no hacían más que engrandecerlo. Pero a partir del nacimiento y de su desembarco en Cuatro, todo empezó a cambiar (…)

Pero, entonces llegó aquel ”pillado”, sí, el de la entrevista a Zapatero. Vale, ya sabíamos que la Cuatro había sido un regalo del Gobierno, anterior a aquel otro regalo que le hizo a Mediapro y, demonios, no éramos tan idiotas para ignorar lo que el PSOE y PRISA se debían mutuamente. Hasta Iñaki, pensábamos aunque no lo decíamos, debía de estar enterado. Pero, el que se pusiera en evidencia de manera tan clara, chirriante y obscena resultó definitivo. Gabilondo siendo cogido asesorando al presidente en su campaña después de una entrevista era demasiado. A cualquier otro se lo habría perdonado. A él no. En ese momento no supe si me molestó más la inmoralidad o la torpeza pero el caso es que dejé de verlo. Después de más de veinte años siguiéndolo me desprendí de un magisterio que ya no necesitaba. Y lo más extraño de todo, es que lo hice sin dolor.

La desilusión de Matás es la de todos los que compartimos la creencia de Bertrand Russell de que "más vale volverse loco con la verdad que cuerdos con las mentiras."  


Iñaki Gabilondo cambiando impresiones con Rodríguez Zapatero

Por fomentar las "estrategias de tensión" que menciona Rodríguez Zapatero pueden entenderse muchas cosas. Demasiadas y todas al margen de la legalidad. Es cierto que la frontera de lo que lo que está permitido por las leyes puede admitir determinadas ambigüedades interpretativas, pero resulta evidente que una vez traspasada esta frontera nadie estará en condiciones de asegurar que el ordenamiento jurídico se cumpla, que la arbitrariedad no campe por sus respetos o que, en casos extremos, las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, los servicios de inteligencia y los grupos políticos que hacen uso de ellos, instrumentalicen a determinadas organizaciones terroristas en su propio beneficio, que es exactamente lo que declaró Vincenzo Vinciguerra, miembro del grupo neofascista italiano “Ordine Nuovo” y autor confeso del atentado cometido en la localidad italiana de Peteano en el año 1972, en el que murieron dos carabineros y tres resultaron heridos.


Escudo de Ordine Nuovo

La violencia terrorista desencadenada en Italia alcanzó su más extrema virulencia en un atentado de corte similar al del 11-M: la matanza de Bolonia (en italiano, strage di Bologna), que tuvo lugar el sábado 2 de agosto de 1980, en la que murieron ochenta y cinco personas y más de doscientas resultaron heridas. A las 10:25 explotó en la sala de espera de la estación de ferrocarril el potentísimo artefacto colocado por los terroristas en una maleta abandonada. La detonación (producida por una mezcla de TNT y T4, un explosivo militar) se oyó en un radio de muchos kilómetros y destruyó gran parte de la estación, alcanzando de lleno al tren Ancona-Chiasso que permanecía estacionado en el primer andén.


Atentado en la estación ferroviaria de Bolonia

Estragos causados por la explosión

Inmediatamente después del atentado, el Gobierno presidido por Francesco Cossiga y las fuerzas de policía atribuyeron la explosión a causas fortuitas y, posteriormente, a las Brigadas Rojas, aunque desde los primeros momentos de la investigación fue patente que, como ocurrió en el caso de los atentados de Madrid, elementos policiales y los servicios secretos del Estado habían colocado una trama de pistas falsas para que las investigaciones no llegaran a buen puerto.

Conviene decir que los jueces italianos acumulaban una gran experiencia para investigar la masacre de la estación de Bolonia derivada de los muchos años de violencia y de terrorismo que habían tenido que afrontar. Por eso, reviste mayor valor, si cabe, sus declaraciones acerca de que el terrorismo fue orquestado en gran parte con la complicidad del Estado italiano. Los jueces se orientaron rápidamente sobre la pista de la extrema derecha en el atentado de Bolonia, pero los servicios secretos italianos del general Santovito hicieron todo lo posible para alejar sus pesquisas de las buenas pistas, proporcionándoles un alud de informaciones falsas o erróneas. Los magistrados, cuya versión está confirmada en las actas de la Corte de Justicia del 23 de noviembre 1995, declararon: "El SISMI nos hizo llegar una masa de informaciones difícilmente verificables, a fin de empujarnos en unas investigaciones y/o pistas tan improductivas como extenuantes." 

Seis años después, un informe oficial revelaba la existencia de un “gobierno invisible” en Italia, manejado por los servicios secretos del Estado y con vinculaciones a grupos terroristas, al tiempo que abundaba en la existencia de organizaciones secretas bajo cuya protección operaban asociaciones mafiosas y partidos políticos que practicaban la “estrategia de tensión” para doblegar al Estado italiano en su lucha contra las poderosas mafias incrustadas en su propia estructura, con fuertes ramificaciones en todos los poderes fácticos, que incluso se extendían al Estado de la Ciudad del Vaticano a través del IOR (el Banco vaticano), uno de los centros de poder más importantes de la Iglesia Católica, cuya fraudulenta gestión tanto ha influido para que Benedicto XVI renunciara a su pontificado.




Lentamente, gracias al impulso civil de las asociaciones de víctimas, se prosiguió la investigación, que culminó en una sentencia de casación definitiva el 23 de noviembre de 1995, por la que fueron condenados a cadena perpetua, como ejecutores materiales del atentado, los neofascistas Valerio Fioravanti y Francesca Mambro, quienes siempre se han declarado inocentes. Otras acusados como el general del Servicio de Inteligencia Pietro Musumeci, miembro de las logia “Propaganda Due”, fueron condenados a diversos años de cárcel por haber quedado demostrado que fueron autores de las pistas falsas colocadas, aunque el máximo dirigente de la Logia, el “Venerable Maestro” Licio Gelli, escapó a Suiza y evitó su procesamiento.


Lápida y grieta en el muro en la estación de Bolonia en recuerdo
a la memoria de las víctimas del atentado

En 1981, la Justicia italiana allanó las oficinas de Gelli en la localidad de Castiglion Fibocchi, a pocos kilómetros de Arezzo, descubriendo una lista con 963 miembros de la logia secreta P-2. La nómina incluía la cúpula de los servicios de inteligencia italianos, parlamentarios, empresarios como Silvio Berlusconi, represores de la dictadura argentina como Emilio Massera y Guillermo Suárez Mason, así como importantes banqueros. El mundo comprendió entonces hasta qué punto la red de la P-2 se había extendido detrás de Gobiernos y Estados. Pero Gelli era, sobre todo, un combatiente anticomunista secreto durante la llamada “Guerra Fría”, en la que había desempeñado funciones de enlace entre Europa y los servicios de inteligencia estadounidenses. Su nexo más estrecho con la derecha norteamericana fue Phil Guarino, quien estuvo integrado en los equipos de campaña republicanos y permitió que Gelli asistiera como invitado oficial a las ceremonias de toma de posesión de los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan.


El "Venerable Maestro" Licio Gelli, máximo dirigente
de la Logia Propaganda Due, conocida como P2

Supongo que, a estas alturas, a nadie podrá extrañar que el hoy anciano Licio Gelli disfrute desde hace años su libertad en la mansión que posee en las apacibles colinas de la Toscana. Como colofón a este personaje, recomiendo la lectura del artículo de Concita De Gregorio, periodista italiana y directora del diario L'Unità, titulado “La mordaza de Berlusconi”, en el cual enlaza las actividades de Gelli con la actual situación política italiana, llegando a la conclusión de que el Gobierno italiano seguía cumpliendo paso a paso los planes políticos de la logia P2, desde la cual se teorizaba hace ya treinta años acerca del control de la opinión pública a través de la utilización de los medios de comunicación y del poder judicial italiano. ¿Verdad que esta historia les resulta familiar...?

Los interesados por los detalles podrán verlo en el enlace que reproduzco a continuación:





Operación Gladio, una trama negra al servicio de la OTAN

Los responsables últimos del atentado de la estación de Bolonia y su intencionalidad exacta nunca han sido oficialmente descubiertos. Durante los juicios, los funcionarios públicos encausados se refugiaron en el "secreto de Estado" para ocultar la información que podrían haber aportado, pero Vincenzo Vinciguerra (que cumple cadena perpetua por el atentado de Peteano de 1972) testificó ante los jueces que una "estructura oculta, dentro del Estado mismo y vinculada con la OTAN”, era encargada de instrumentalizar la "dirección estratégica" de todos esos atentados: se trataba de la trama conocida bajo el nombre de Operación Gladioentre cuyos miembros había destacados jueces, periodistas, militares, miembros del servicio de inteligencia, políticos y banqueros. Para Vinciguerra: “el atentado de Bolonia, como todas las masacres, responde a la lógica de un Estado que, no sabiendo cómo responder a la victoria de un enemigo, recurre a la extrema violencia, atribuyéndola a extremistas para justificar sus propias acciones. Renunciar a su libertad a cambio de la seguridad: ésta es la lógica política que aparece detrás de todas las bombas. Estos actos permanecen sin castigo porque el Estado no se puede castigar a si mismo”.


Escudo de la Trama Gladio

El atentado de Bolonia fue un claro ejemplo de las operaciones llamadas "de falsa bandera", que pueden ser definidas como actuaciones encubiertas llevadas a cabo por gobiernos, ejércitos, organizaciones vinculadas a estos y otras instituciones o grupos, que que son diseñadas para aparecer como si fueran llevadas a cabo por unidades operativas distintas a las realmente intervinientes. El nombre se deriva del concepto militar de izar colores falsos en las operaciones de combate, es decir, con banderas de países diferentes al propio, una práctica tan antigua como lo es la guerra misma.   

El general Gerardo Serravalle, comandante de Gladio (1971-74), en declaraciones hechas a la BBC 2 en 1992, explicó que: “los gladiadores que enrolábamos recibían pequeños paquetes de información en los que se les decía sólo lo que necesitaban saber. Nada de sus lazos con la OTAN. Que un hombre como Vinciguerra describiera toda la organización me hace pensar en la existencia de una estructura subterránea que controlaba los depósitos de armas y de un estructura clandestina que actuaba al cubierto de la estructura oficial”. Para confirmar este hecho, se supo que el jefe del terrorista Vinciguerra, Pino Rauli, trabajaba para los servicios secretos y estaba vinculado a la Trama Gladio.

Tal vez el dato más inquietante sea que los propios espías y jefes de Gladio, aún admitiendo sus conexiones con la OTAN, revelaron que no todos los primeros ministros de países como Italia, Alemania, Francia o Bélgica podrían estar enterados de la existencia de esta red, aunque sí los respectivos ministros del Interior, así como elementos señalados del Ejército y de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, que son los verdaderos integrantes de estos aparatos secretos conectados a los diversos grupos terroristas elegidos para llevar a acabo la estrategia de tensión. Un matiz muy importante es la constatación de que los elementos terroristas vinculados a la Operación Gladio se consideraban así mismos como "soldados políticos", según la expresión utilizada por el convicto Vicenzo Vicinguerra, en la entrevista realizada por Sergio Zavoli en el programa La Notte della Repubblica, emitido por la RAI en 1989:


Vicenzo Vicinguerra

Entre otros interesantísimos detalles a propósito de sus actividades terroristas, Vicinguerra declaró que no podían ser encuadradas en lo que podríamos llamar "una guerra clásica": "Esta es la guerra que los técnicos de los Estados Mayores, incluyendo el italiano, llaman no-ortodoxa. Dicha guerra tiene por objetivo la mente, las conciencias, los corazones y las almas de los hombres, no de los territorios. La guerra no ortodoxa no responde a las reglas de la guerra clásica. Emboscadas y atentados no son más que un medio, uno de tantos utilizados en este tipo de guerra, usados también por los empleados de uniforme, a los que nadie reprocharía, sin embargo, la adopción de ciertos métodos." 

Cambiando de escenario, los socialdemócratas alemanes denunciaron en 1990 la existencia de ejércitos secretos en el país ligados a los servicios secretos y a la Democracia Cristiana. La respuesta de la dirección de este partido, según el historiador al que me he referido con anterioridad, Daniele Ganser, fue “si nos acusáis a nosotros, diremos que vosotros también, porque con Willy Brandt habéis estado involucrados en esta misma conspiración”. Giulio Andreotti, jefe de los democristianos italianos, procesado en numerosas ocasiones por asociación y conspiración criminales acusó al socialista francés François Miterrand de mentir cuando afirmó que desconocía la existencia de Gladio: usted dice que los ejércitos secretos no existen, pero durante el encuentro secreto en el otoño de 1990, vosotros, los franceses, estabais presentes: no diga, pues, que no existían”.


Giulio Andreotti

                   La Operación Gladio en España

En 1953, Franco consolidó su posición en la escena internacional al firmar con Washington un pacto que permitía a Estados Unidos el despliegue de misiles, tropas, aviones y antenas SIGINT (Signals Intelligence) en territorio español. En reciprocidad, Estados Unidos sacó a España de su aislamiento internacional convirtiéndola en 1955 en miembro de la Organización de Naciones Unidas. Como muestra de respaldo a la “muralla contra el comunismo” que era España, el secretario de Estado John Foster Dulles, hermano del director de la CIA Allen Dulles, se reunió con Franco en diciembre de 1957 y el hombre de confianza del Caudillo, Carrero Blanco, para estrechar las relaciones entre el régimen español y la CIA, de tal modo que a finales de los años 50 el aparato de inteligencia de Franco era uno de los mejores aliados de la CIA en Europa. Tras las bien cerradas puertas de una oficina de enlace político situada en los pisos superiores de la embajada de Estados Unidos en Madrid, el jefe de la estación local de la CIA y su equipo de acción clandestina seguían de cerca la vida política española y la moldeaban. 

En ese contexto, el ejército y los servicios secretos españoles prosperaron fuera control a causa de que en España no había un Ministerio de Defensa, sino tres, del Ejército, del Aire y de Marina, cada uno dotado de su propio servicio de inteligencia. El Alto Estado Mayor (AEM), dependiente de la Presidencia del Gobierno, tenía además su propio servicio secreto, el SIAEM (Servicio de Información del Alto Estado Mayor). Coronando todo ese conjunto, el ministerio del Interior dirigía también dos servicios: la Dirección General de Seguridad (DGS) y la Guardia Civil.

En 1990 se descubrió en Italia la Operación Gladio, que según informó el diario El País, se trataba de una “estructura secreta” compuesta por militares y civiles vinculada a la OTAN y patrocinada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense que llevaba casi medio siglo  actuando, pero cuya existencia había sido negada sistemáticamente por el mundo político italiano. De la hemeroteca de El País desempolvo la información que a este respecto apareció el 2 de noviembre de 1990: 

“Las sombras de la Operación Gladio”:
http://elpais.com/diario/1990/11/02/internacional/657500407_850215.html





Casi al mismo tiempo se supo que agentes de los servicios secretos españoles habían codirigido, junto a la CIA, una célula del Gladio español en Las Palmas de Gran Canaria. La base fue construida al parecer en 1948 y siguió operativa durante las década de los 60 y los 70. André Moyen, miembro de la inteligencia militar belga (SDRA) de 1938 a 1952, afirmó que la unidad de inteligencia Segunda Bis (del ministerio del Ejército) estaba siempre muy bien informada sobre el Gladio, información que confirmó el historiador francés Roger Faligot con datos de primera mano. Una segunda confirmación llegó de Italia, donde el coronel Alberto Vollo declaró en 1990 que “en los años 1960 y 1970 existía efectivamente en Las Palmas de Gran Canaria un centro de entrenamiento del Gladio dirigido por instructores americanos, dotado también de instalaciones de seguimiento americanas (SIGINT). 

André Moyen aceptó responder a las preguntas del diario comunista belga Drapeau Rouge. En momentos en que la guerra fría estaba llegando a su fin, Moyen confirmó así a sus antiguos enemigos que, durante sus años de servicio activo, él mismo había participado directamente en la Operación Gladio y en misiones secretas contra los partidos comunistas de numerosos países. Contó este ex-agente lo mucho que le había sorprendido que los servicios secretos españoles no fuesen objeto de una investigación más profunda ya que él sabía de fuentes fidedignas que dichos servicios habían desempeñado “un papel crucial en el reclutamiento de los agentes de la red Gladio”. Más tarde, Francia siguió el mismo camino y fue el ministro francés del Interior Jules Moch quien puso a Moyen en contacto con el director del SDECE, Henri Ribiere. El ex-agente del SDRA afirmó haberse reunido también, en los años 1950 y con la mayor discreción, con altos militares de la neutral Suiza.


Luis Carrero Blanco, almirante y vicepresidente del Gobierno

Durante la guerra fría, el régimen de Franco dio refugio a numerosos elementos de extrema derecha que habían participado en la guerra secreta contra el comunismo en Europa Occidental. En enero de 1984, el extremista italiano Marco Pozzan, miembro de la organización Ordine Nuovo, reveló al juez Felice Casson, el magistrado que descubrió la existencia de los ejércitos secretos, que una colonia de fascistas italianos se había establecido en España durante los últimos años del régimen de Franco. Casi un centenar de conspiradores habían huido de Italia en diciembre de 1970, después del fracaso del golpe de Estado neofascista del príncipe Valerio Borghese (incluyendo al propio príncipe, así como a Carlo Cicuttini y Mario Ricci), reagrupándose en España bajo la dirección del notorio neofascista y miembro de la Logia Propaganda Due (P2) Stefano Delle Chiaie, cuyos hombres habían ocupado el ministerio italiano del Interior durante el fallido golpe de Estado. 

En 1968, el almirante Carrero Blanco creó en el seno del Servicio de Información del Alto Estado Mayor (SIAEM) una nueva unidad especial de guerra secreta bautizada como OCN, cuya atención preferente estaba en los estudiantes, los profesores y la vigilancia de los movimientos sociales. Después de varias operaciones exitosas, Carrero Blanco decidió, en marzo de 1972, convertir la subdivisión OCN del SIAEM en un nuevo servicio secreto denominado SECED (Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno), que puso bajo el mando de José Ignacio San Martín López, quien ya dirigía la OCN desde 1968, posteriormente implicado en el golpe del 23-F y gran protector de los miembros de la Trama Gladio llegados a España para escapar de la Justicia italiana: según aparece en las investigaciones del juez italiano Pier Luigi Vigna, los miembros del grupo integrado por Stefano Delle Chiae, Mario Ricci, Pier Luigi Concutelli, Mario Tuti, Elio Massagrande, Carlos Cicuttini y otros muchos, se convirtieron en confidentes y colaboradores de los servicios de inteligencia españoles, intensificando sus acciones cuando Manuel Fraga ocupó el Ministerio de la Gobernación, aunque su colaboración con los medios policiales se prolongó durante la etapa del general Andrés Casinello al frente del CESID y llegó hasta mediados de los ochenta, en la época de los GAL, ya en pleno mandato de Felipe González. 

Después de su salida de España, en una entrevista concedida en Bolonia, Delle Chiaie declaró que la matanza de los abogados laboralistas de la calle de Atocha fue instigada por determinados sectores de la policía española, para producir una involución del proceso democrático español. Los miembros del ejército secreto de Delle Chiaie, como Aldo Tisei, confesaron posteriormente ante magistrados italianos que durante su exilio en España habían perseguido y asesinado a militantes de ETA, en cuya organización habían conseguido entrar, lo que viene a demostrar tanto que la infiltración de los servicios de inteligencia gubernativos en la estructura de la organización terrorista vasca viene de antiguo, como que los GAL fueron una continuación de prácticas criminales que se venían realizando en España por parte de las cloacas del Estado. 


Stefano Delle Chiae

Marco Pozzan, un miembro destacado de este grupo que huyó de España a principios de los años 1970, reveló que “Caccola”, como apodaban a Delle Chiaie, recibía muy buena paga por los servicios que prestaba en España para fomentar la estrategia de tensión: “Hacía viajes muy costosos, siempre en avión, incluyendo vuelos transatlánticos. Caccola recibía casi siempre el dinero de los servicios secretos y de la policía española” (…) “Recuerdo que durante una manifestación en Montejurra, Caccola y su unidad organizaron una batalla entre dos movimientos políticos opuestos. Para que no se pudiera acusar a la policía española de intervenciones violentas injustificadas, Caccola y su unidad tenían que provocar el desorden. Aquel día incluso hubo varios muertos. Fue en 1976.”


Montejurra, mayo de 1976

A los pocos meses de los sucesos de Montejurra, en la medianoche del día 24 de enero de 1977, fueron asesinados en el bufete de abogados laboralistas de la madrileña calle Atocha 55, tres abogados, un estudiante y un representante sindical, en una operación idéntica a las que en Italia llevaban a cabo los stay behind groups (grupos en la retaguardia) dentro de la estrategia de tensión vinculada a la Operación Gladio. Las pruebas periciales de balística, realizadas por expertos de la Policía, no resultaron concluyentes para determinar el origen de los proyectiles utilizados en la matanza, porque fueron realizadas solamente con las balas obtenidas, no con las armas empleadas, pero en el informe policial constaba que la cadencia de los disparos no pudo pertenecer a pistolas normales, sino que las armas empleadas debían ser ametralladoras de las características de la Ingram Marietta, puesto que la munición era también de 9 milímetros Parabellum. Posteriormente se supo que con una de esas mariettas fue asesinado, el 10 de junio de ese mismo año de 1976, el magistrado italiano Vittorio Occorsio por el jefe militar de Ordine Nuovo, Pier Luigi Concutelli.


Pier Luigi Concutelli, "Il Comandante"

En el año 1983, con el PSOE ya en el poder y José Barrionuevo y Rafael Vera en el Ministerio del Interior, la pista de las mariettas seguía siendo investigada por el inspector Juan José Medina, bajo las órdenes del subcomisario Mariano Baniandrés, jefe de la entoces llamada "Brigada Antigolpe", ambos cesados antes de acabar la investigación. Sin embargo, tuvieron tiempo de reconstruir el itinerario de las tres mariettas utilizadas en el asesinato de los laboralistas. Eran, efectivamente, subfusiles Ingram, modelo M-19, de 9 milímetros Parabellum, pertenecientes al Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno, cuando estuvo dirigido por el coronel Andrés Casinello, más tarde colocado al frente de la inteligencia española. Las mariettas habían sido compradas por la Policía española a la fábrica Military Armement Corporation, de Atlanta (EE.UU.). Se dio la llamativa circunstancia de que el inspector Medina fue destituido justo cuando se disponía a viajar a Roma para mostrarle al pistolero Concutelli fotos de varios miembros del SECED, con la intención de ver si reconocía entre ellos a la persona que le había facilitado el arma. Los jueces italianos Pier Luigi Vugna y Alberto Macchia declararon al diario Il Messaggero que un terrorista italiano había participado en el ametrallamiento al grupo de abogados laboralistas de la calle Atocha, el 24 de enero de 1977. Y recuerdan que las autoridades españolas nunca respondieron a los magistrados italianos cuando estos preguntaron "cómo se explica que el jefe militar de Ordine Nuovo, Pier Luigi Concutelli, tuviera en su poder, al ser detenido en Roma, la ametralladora Ingram M-10, conocida como marietta, el mismo tipo de arma que sirvió para asesinar a los abogados españoles".


Capilla ardiente de los abogados laboralistas asesinados
La Plaza de Colón durante el entierro de los abogados laboralistas


Durante años, el área de Contrainteligencia del Ejército español fue un reducto financiado y controlado por la CIA, aunque oficialmente pasara a depender del CESID, desde la creación de este centro de inteligencia en ese preciso año de 1977. Como escribió el coronel Juan Alberto Perote, jefe de sus Comandos Operativos bajo el mandato socialista, "oficialmente dependíamos del CESID, pero en realidad nuestros patrones eran los jefes de Estación de la CIA. Ellos eran los que pagaban la sede de Menéndez Pelayo y también nuestras gratificaciones, en calidad de fondos reservados. Este dinero no salía de los presupuestos. Yo cobraba un plus de los norteamericanos y, al principio, ni siquiera sabía que me lo daban ellos. Nos entregaban un sobre a fin de mes. Esto estaba institucionalizado en el servicio, se veía como algo normal. Y el que paga, manda..." 

El testimonio del coronel  Arturo Vinuesa abunda en este mismo sentido: "La relación de dependencia del CESID, la agencia de inteligencia estratégica de un Estado que se supone soberano con relación a la CIA estadounidenese, era casi tan vergonzosa como indescifrable (...) Los contactos entre algunos miembros del CESID y de la CIA en España eran, en algunos casos, tan frecuentes y fluidos que habría sido interesante investigar hasta qué punto eran mantenidos en exclusivo provecho de los intereses nacionales".     

Es un secreto a voces que la más famosa de las acciones de ETA, la voladura del almirante Carrero Blanco, le fue puesta en bandeja por la CIA, que pintorescamente catalogó el caso como un "asunto interno de España". El 19 de diciembre de 1973 Carrero Blanco, presidente del gobierno y el hombre en que se habían depositado las esperanzas para la continuidad del franquismo, recibió la visita oficial del entonces secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, a quien la CIA había facilitado un informe completo para presionar al Gobierno español en sus propuestas sobre el Oriente Medio, aunque no pensaba hacer ningún comentario sobre el contenido de una carta que le habían incluido en el dossier en la que sus espías vascos del PNV y del Gobierno de Leizaola en el exilio le advertían del sentimiento antiisraelí y antisemita del Gobierno de Carrero: un auténtico contrasentido porque el Mossad colaboraba de manera estrecha desde hacía meses con los hombres del teniente coronel San Martín en el nuevo SECED. 

Según todas las versiones, el encuentro en tre Carrero y Kissinger fue glacial y falto de sintonía, tanto en política exterior como en los asuntos internos de España. Durante la reciente guerra del Yom Kippur o del Ramadán, Carrero, siguiendo la voluntad de Franco, que no quería ningún conflicto con los árabes ni con los países hispanoamericanos, se había opuesto a la utilización directa o indirecta por los norteamericanos de sus bases en España para apoyar a Israel. Carrero insistió ante Kissinger en la necesidad de un Acuerdo General de Cooperación que reemplazara el de 1970, que Washington quería renovar automáticamente, sin hacer cambios. El Almirante tampoco coincidía con la transición democrática decretada por EE.UU. para reforzar su presencia en "el vientre blando de Europa" y concretadas en operaciones por las que España, Portugal y Grecia debían transformar sus regímenes dictatoriales en democracias homologables con las del resto de los países de la OTAN. Franco no vivía en el limbo, como muchos suponen, aunque pensaba que las actividades de la CIA eran un mal necesario a cambio de la ayuda americana: "Opino que todas las actividades que en el mundo occidental se han llevado a cabo contra nosotros han sido realizadas por organismos que dependen de la CIA, pero más que nada con el propósito de implantar en España un sistema político a estilo americano el día que yo falte", confesó el Caudillo a su primo Francisco Franco Salgado-Araujo, quien lo revela en su libro "Mis conversaciones privadas con Franco".


Francisco Franco

En el "Telegrama 700. Confidencial 05802 291946Z" , enviado a principios de enero de 1971 desde la embajada estadounidense en Madrid a William Pierce Rogers, secretario de Estado, se señalaba que "el mejor resultado que puede surgir de esta situación sería que Carrero Blanco desaparezca de la escena". En abril hay constancia de otro telegrama encabezado con el título "España: la próxima transición" y en él se indicaba que Carrero Blanco era contrario a los intereses de EE.UU. Esos dos documentos estaban depositados en los Archivos Nacionales y Administración de Documentos de Estados Unidos (Nara) y fueron desvelados en 2007 por el periodista de investigación Eduardo Martín de Pozuelo en su libro "Los secretos del franquismo". Otros periodistas de investigación, Carlos Estévez y Francisco Mármol, revelaron en 1998 en su libro "Carrero: las razones ocultas de un asesinato", que en diciembre 1972, había un informe secreto con el nombre de Turrón Negro, que llegó hasta el SECED,  donde se decía que la Guardia Civil sabía que "ETA ha enviado un comando a Madrid, con la finalidad de atentar contra una alta personalidad del Estado".

La "Operación Ogro" para acabar con Carrero Blanco ha sido minuciosamente reconstruida por Manuel Cerdán en su reciente libro "Matar a Carrero: la conspiración" (Plaza&Janés, ocrubre 2013). Llama la atención que los cambios de última hora efectuados en el programa de la visita de Kissinger a Madrid, prevista inicialmente para los días 21 y 22 de diciembre, fueran conocidos al detalle por el comando de ETA instalado (¡sin ser detectado!) desde hacía meses en Madrid para llevar a cabo el atentado.



Kissinger llegó a Madrid el martes 18 de diciembre y a las 18:30 se dirigió directamente desde el aeropuerto de Barajas a entrevistarse con Franco en el palacio de El Pardo, un encuentro protocolario que duró pocos minutos, en contraste con la larga entrevista que sostuvo con el príncipe don Juan Carlos. Al día siguiente tuvo lugar el encuentro con Carrero a las 10:30 en Castellana, número 3, sede de la Presidencia del Gobierno. Unos minutos antes, cuando el coche blindado del secretario de Estado y toda su comitiva enfila el Paseo de Recoletos, en la estación de la CIA en Madrid se recibe una llamada urgente desde Langley, en Virgina, el cuartel general de los espías americanos. El director William E. Colby tiene que transmitir un mensaje personal al embajador Rivero, que en esos momentos acompañaba a Kissinger y no tenía previsto regresar a la Embajada hasta la hora de la comida: "El secretario de Estado debe abandonar España lo antes posible. Debe concluir su visita tras el almuerzo en la Embajada. El doctor Kissinger bajo ningún pretexto debe pasar la noche en Madrid".


Henry Kissinger

Según el protocolo concertado con mucha antelación, la tarde estaba dedicada a visitar el Madrid de los Austrias, pero después de que el mensaje de la CIA llegara a Rivero y éste se lo transmitiera, el secretario de Estado anunció a un atónito López Bravo, ministro español de Asuntos Exteriores, que por tener que saludar a los miembros de la delegación americana, la visita quedaría suspendida, pues su avión saldría a las cuatro para París. Una vez en el edifico de la Embajada, Kissinger se dirigió a al búnker de la CIA situado en la planta séptima, donde tuvo lugar el encuentro dentro de la cámara Faraday, un espacio con las paredes revestidas de plomo para permanecer protegido de escuchas externas, aislado y vigilado por marines. Después de un breve refrigerio, la comitiva se dirigió directamente al aeropuerto de Barajas, sin pasar siquiera por el Hotel Palace para que Kissinger recogiera sus pertenencias. Mientras el avión se elevaba en el cielo madrileño aquella tarde tormentosa, un colaborador de López Rodó le comentó al ministro que no entendía los cambios precipitados en las fechas del inicio de la visita y que, encima, fuese acortado de manera inexplicada el horario de salida, ni la actitud del embajador Rivero pasando notitas a Kissinger. Contra todo pronóstico la agenda para esa tarde del secretario de Estado había quedado vacía, ya que su próximo encuentro en París con Giscard d'Estaing, entonces ministro de Economía y Finanzas del Gobierno de Pompidou, no tendría lugar hasta la mañana del día siguiente, 20 de diciembre, fecha en la que tuvo lugar el atentado que costó la vida al presidente del Gobierno de España.

"La CIA sabía que iban a matar a Carrero", manifestó a la revista "Interviú", en un reportaje publicado el 24 de marzo de 1984, Luis de la Torre Arredondo, el "juez especial con jurisdicción en toda España" que fue designado para investigar el magnicidio, quien no tuvo empacho en afirmar: "A mi me emplearon de pantalla para ver si con el cuento de poner a un juez solvente al frente de la investigación, por la vía de la jurisdicción ordinaria, los franceses nos concedían la extradicción de los autores del atentado. Cuando vieron que el truco no les funcionaba quisieron que yo les pasara el paquete a los militares y, claro, me negué. Entonces ocurrió de todo"

Inmediatamente, el juez cuenta con protección policial y comienza a trabajar, primero en un despacho del Juzgado número 8; más tarde se le traslada a otra dependencia situada en un sótano lleno de humedad del mismo edificio. Las primeras pesquisas le llevan hasta el entonces jefe superior de Policía de Madrid, Federico Quintero Morente, un militar muy vinculado a los servicios de inteligencia norteamericanos, que, años después, también aparecerá alrededor del golpe del 23-F. "A mi me llegaron rumores de que el atentado contra Carrero había sido organizado por otros y que los de ETA habían actuado como mano material de ellos, de la CIA", señala el juez De la Torre.

Pero el caso Carrero molestaba y pronto se dio carpetazo al asunto. Como detalle adicional quiero mencionar otro hecho inquietante. Durante una de las sesiones del juicio celebrado entre los meses de febrero y junio de 1982 contra los militares golpistas implicados en el 23-F, exactamente el día 22 de marzo, sobre las 14:30 horas, junto al comedor del Servicio Geográfico del Ejército, el comandante José Luis Cortina, uno de los cerebros coordinadores del golpe, en su calidad de jefe de la AOME (Agrupación Operativa de Medios Especiales, de carácter absolutamente secreto incluso para los miembros del propio CESID y de idéntica estructura a la Red Gladio), estaba siendo sometido por el fiscal, el ministro togado de la Armada José María Claver, a un duro interrogatorio en el que le acorrala con preguntas sin dejarle escapatoria. Cuando se produce el receso para el almuerzo, tiene lugar una escena de la que fue testigo el letrado Ángel López Montero, defensor del coronel Tejero. "Un día, durante la vista del juicio, tuvimos un receso para comer. Nuestro comedor estaba junto a la cocina, separado por unas cortinas de tela. El comandante Arribas, encargado de aquel servicio, y que realizó una excelente labor, me hizo un gesto con la mano y me dijo que me acercara hasta donde estaba él. Después me dijo que me pusiera detrás de una determinada cortina y que escuchara. Así lo hice; detrás de aquella cortina de tela había un hombre hablando".

López Montero, rememora aquel instante y descubre al personaje que estaba detrás de la cortina: "Me quedé parado, inmóvil, detrás de la cortina, y escuché con toda nitidez lo siguiente: "¡Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco"! Y, de repente, detrás de aquella tela, salió el comandante José Luis Cortina". 

Reanudado el juicio, el tono del fiscal se volvió amable y comprensivo, faltó que hablaran del estado del tiempo. Casi sobra decir que salió absuelto, mientras el Tribunal Militar condenó a tres años de prisión a su segundo, el capitán Gómez Iglesias, que había conducido los autobuses de Tejero hasta el Congreso. En 1983, el Tribunal Supremo aumentó la pena de Gómez Iglesias hasta los seis años, con la correspondiente expulsión de la carrera militar, y confirmó la absolución del jefe de la AOME, aunque en cuanto lo encarcelaron fue sustituido apresuradamente en el mando por Juan Ortuño, al que sucedió Juan Alberto Perote.  


Comandante José Luis Cortina, jefe de la AOME


En la investigación realizada por Cerdán en el libro antes mencionado, queda patente una cosa: para que el asesinato de Carrero se produjera y quedase sin esclarecer fueron necesarias las colaboraciones de estructuras secretas que actuaban dentro de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del propio Estado español, de los servicios de inteligencia estadounidenses, de la ETA y, ¿cómo no?, de los servicios de inteligencia franceses, que dieron cobijo a los ejecutores etarras. Por último, es preciso dejar constancia de que un informe de los servicios secretos españoles asegura que el explosivo usado para matar a Carrero fue C4, “fabricado en Estados Unidos para el uso exclusivo de sus Fuerzas Armadas“. El atentado contra el presidente del Gobierno, almirante Carrero Blanco, pone de relieve  la existencia de una conspiración en la que, por muy torpe que se sea, resulta imposible no encontrar analogías, que ponen los pelos de punta, con el planeamiento, ejecución y ocultación de pruebas que tuvieron lugar con ocasión de la masacre del 11-M de 2004. Dicho queda.           

Estado en que quedó el coche oficial de Carrero Blanco después del atentado

Una suerte similar a la de Carrero le tocó cinco años más tarde a Aldo Moro, Presidente de la Democracia Cristiana italiana. La postura de Moro favorable a la admisión de miembros del PCI en una coalición gubernamental disgustaba profundamente a Estados Unidos, cuya política apostaba por mantener en Italia la consabida estrategia de tensión propia de la "guerra fría". El 16 de marzo de 1978, miembros de las Brigadas Rojas secuestraron a Moro (después de asesinar a sus cinco escoltas) cuando iba de camino a una sesión del Congreso italiano para apoyar el llamado "compromiso histórico" con los eurocomunistas de Enrico Berlinger. La aparición de su cadáver en el maletero de un automóvil abandonado conmovió a los italianos y al mundo entero.

La investigación del secuestro y homicidio se convirtió en una farsa por la postura ocultista del Estado italiano, lo que no fue obstáculo para saber que las Brigadas Rojas estaban profundamente infiltradas por miembros de la inteligencia italiana y de la CIA, así como que el juez Felice Casson manifestara cómo descubrió la existencia de la Operación Gladio leyendo las cartas que Aldo Moro mandó desde su lugar de detención. Pero lo que ahora me importa reseñar es que la viuda de Moro narró posteriormente un encuentro que mantuvo su marido con Henry Kissinger y un oficial de inteligencia norteamericano, quienes les advirtieron con la mayor crudeza que su estrategia de introducir al Partido Comunista en el gabinete podía acarrearle terribles consecuencias: "Debe abandonar su política de colaboración con todas las fuerzas políticas de su país... o lo pagará más caro que el chileno Salvador Allende". Según su esposa, Moro quedó tan conmocionado por la amenaza que llegó a enfermar e incluso pensó en retirarse de la vida política. 

Del examen de estos hechos cabe deducir que Henry Kissinguer poseía el don de la adivinación, aunque quepa recordar que una de las máximas de Kissinger en política exterior sentó escuela: "Es más fácil cambiar de político que cambiar de política".  


Foto de Aldo Moro difundida por las
Bigadas Rojas durante el cautiverio
que precedió a su asesinato

En 1975, después del fallecimiento de Franco, Delle Chiaie comprendió que España había dejado de ser un lugar seguro y se fue a Chile. Allí lo reclutó Pinochet, el dictador chileno aupado por la CIA. En el marco de la famosa Operación Cóndor, Pinochet le ordenó perseguir y matar a los opositores chilenos en todo el continente latinoamericano. Caccola se fue después a Bolivia, donde formó escuadrones de la muerte y desencadenó nuevamente una violencia sin límites. Después de su huida de España no volvió a pisar Europa hasta 1980, cuando la policía italiana sospecha que volvió a su país natal para perpetrar el atentado de la estación de Bolonia. El 27 de marzo de 1987 este intocable mercenario fue finalmente arrestado en Caracas por los servicios secretos venezolanos. En pocas horas, agentes de los servicios secretos italianos y de la CIA llegaron a Caracas. Entonces Caccola señaló en pocas palabras que muchos gobiernos lo habían protegido a cambio de que ejecutara para ellos ciertas misiones: “Hubo atentados. Eso es un hecho. Los servicios secretos enmascararon las pistas. Eso es otro hecho.”


Escudo del CESID

Durante la Transición, el SECED (Servicio Central de Documentación de la Defensa), que era el más conocido de los servicios secretos de España, fue rebautizado como CESID (Centro Superior de Información de la Defensa). Su primer director, el general José María Burgón López-Doriga, se ocupó sin embargo de que el nuevo órgano se conformara esencialmente con ex-agentes del SECED. De esa manera, la guerra secreta desatada con la complicidad de los extremistas italianos podía continuar, como subrayó la prensa en 1990, cuando se descubrió la existencia de los ejércitos secretos vinculados al Gladio. El ya citado Carlo Cicuttini, cercano del Gladio, participó activamente en el atentado de los laboralistas de Atocha, en enero de 1977, acontecimiento que impuso el relevo en la jefatura de lo servicios de inteligencia españoles: en julio de ese año fue nombrado el general Andrés Cassinello Pérez, conocido, entre otras particularidades, por sus estrechas vinculaciones con la CIA.  

Stefano delle Chiaie: "La matanza de la calle de Atocha fue instigada por sectores de la policía":
http://elpais.com/diario/1987/07/05/espana/552434405_850215.html

El guerrero de la sombra Cicuttini había huido a España en un avión militar después del atentado de Peteano, en 1972. Fue años después, precisamente al investigar ese atentado, cuando el juez Felice Casson logró llegar hasta el terrorista de extrema derecha Vincenzo Vinciguerra y al ejército secreto, lo que le condujo al descubrimiento de la red europea Gladio. En España, Cicuttini se había puesto al servicio de la guerra secreta del régimen, que como pago lo protegía de la justicia italiana. En 1987, esta última lo condenó a cadena perpetua por su participación en el atentado de Peteano. Sin embargo, como síntoma de la persistente influencia que su aparato militar seguía ejerciendo subterráneamente, la España ya convertida en democracia negó su entrega a las autoridades italianas alegando que, al haberse casado con la hija de un general español, Cicuttini había adoptado la nacionalidad española. No fue hasta abril de 1998 cuando el terrorista fue finalmente arrestado en Francia y extraditado a Italia.

Como todos los ejércitos secretos de Europa Occidental, la red de inteligencia española se mantenía sistemáticamente en estrecho contacto con la OTAN. En 1990, al estallar el escándalo, el general italiano Gerardo Serravalle, quien dirigió la trama Gladio en su país desde 1971 hasta 1974, publicó un libro sobre la rama italiana del ejército secreto de la OTAN, en donde narró el interés de la CIA por dar entrada a la trama española en el CPC (Clandestine Planing Control), su máximo órgano rector, a lo que Italia se opuso, porque se sabía que, por aquella época, la red española daba protección a varios terroristas italianos: “Nuestras autoridades políticas se hubieran visto en una situación especialmente delicada ante el Parlamento”, reconoció el general en su libro.


General Gerardo Serravalle

España se convirtió oficialmente en miembro de la OTAN en 1982, pero entonces no se supo que, como también reveló el general Serravalle, la rama española ya estaba representada en el CPC por invitación de Estados Unidos. Parece, además, que bajo el nombre codificado de “Red Quantum”, el Gladio español también formaba parte del segundo órgano de mando integrado en el seno de la OTAN, el ACC: “Cuando España se integró a la OTAN en 1982, su estructura secreta cercana al CESID (Centro Superior de Información de la Defensa), sucesora del SECED, se incorporó al ACC”, precisó Pietro Cedoni, autor especializado en Gladio, lo que provocó conflictos en el seno del Comité por parte de los italianos.

Con la llegada al poder de los socialistas en 1982, el protegido de la CIA y de Willy Brandt, su brazo europeo más consistente, Felipe González se vio en la obligación de cumplir la principal condición a la que se había comprometido: forzar la entrada de España en la OTAN, tarea difícil, porque la mayor parte de la opinión pública española y, sobre todo, las bases socialistas, eran contrarias a este proyecto que González solamente compartía con sus más cercanos colaboradores, por lo que los resultados del referéndum convocado para decidir la adhesión eran más que dudosos, lo que provocó hondas preocupaciones por parte de los representantes de Estados Unidos (y de la CIA) en España. Respecto a que Felipe González era el hombre elegido por la CIA, Alfredro Grimaldos se muestra categórico: "En el 74, en Suresnes, el PSOE es refundado con el apoyo de la CIA y del Servicio de Información de Carrero Blanco. Ellos son los que llevan a Felipe González a Suresnes, le escoltan y le dan el pasaporte.” Precisamente este especialísimo "encargo" le fue encomendado a Andrés Casinello Pérez, viejo conocido de quien haya leído todo lo que antecede.  
    
La conexión PSOE-CIA aparece muy bien explicada en el texto que abre el enlace siguiente:
http://www.scribd.com/doc/21982417/CIA-y-PSOE



De entre sus interesantes páginas, he creído oportuno destacar el siguiente testimonio de Pablo Castellano, Secretario General de la poderosa Agrupación Socialista Madrileña y destacado miembro de la Ejecutiva Federal del PSOE, quien en el Congreso de 1974 del PSOE Renovado, celebrado en Suresnes (Francia), fue uno de los más firmes partidarios de que Nicolás Redondo -secretario general de UGT- accediese al puesto de Secretario General del Partido, postura que no prosperó cuando Redondo rehusó la oferta y llegó a un acuerdo con Felipe González, que finalmente sería elegido secretario con la oposición la Agrupación Socialista Madrileña.  

“El referéndum fue un modelo antológico de pucherazo, pero a muy pocos políticos les interesaba cuestionar el resultado, conscientes de que la victoria del "No" habría repercutido no sólo en la adhesión europea, sino hasta en nuestro pro- pio devenir político», escribe Pablo Castellano, veterano militante socialista que hizo campaña contra la OTAN. "González echaba un pulso a la ciudadanía tras haber ganado todos los pulsos a su partido y salía otra vez vencedor y exultante de las urnas. Sin embargo, a partir de ese momento sería rehén de las políticas más derechistas que le exigían los que, ayudándole descaradamente a ganar el referéndum, le permi- tían gobernar en el estricto marco de actuación pactado para la ordenada alternancia de los partidos del sistema, no para abrir la puerta a imprevisibles sorpresas de un auténtico e incondicionado sistema de partidos. El Pentágono tomó nota de quiénes eran de verdad sus amigos. A buenas horas se le iba a escapar a la privilegiada mente conocedora de todos los entresijos del 23-F, del GAL y de Filesa un referéndum así.” 

Pablo Castellano continúa:

“El Estado español, de la mano de un Gobierno socialista, revalidó y reforzó su condición de socio del Imperio. El esfuerzo del PSOE en este terreno ha sido tan valorado que uno de los más destacados paladines en la defensa del "OTAN, de entrada no", Javier Solana, en premio a su ejemplar rectificación, acabó siendo secretario general de la Alianza y, más tarde, encargado de las cuestiones de la defensa europea. Siempre, en todo caso, embajador de los intereses castrenses estadounidenses... Más que caerse del caballo camino de Damasco, se subió tranquilamente al carro de combate o a la superfortaleza volante, medios más seguros y rápidos”.


Pablo Castellanos, líder de la
Agrupación Socialista Madrileña

En las elecciones generales legislativas celebradas el 28 de octubre de 1982, los resultados electorales dieron la mayoría al Partido Socialista, permitiendo que su Secretario General, Felipe González, accediera a la presidencia del Gobierno. Dos días más tarde, el 30 de octubre, apareció publicado en el diario El País un curioso artículo titulado "Felipe y la computadora", escrito por el conocido articulista y escritor Manuel Vincent, que merece la pena recordar, y del que he considerado ilustrativo reproducir una parte, aunque quien quiera leer el texto completo podrá hacerlo a través del siguiente enlace:


    
"Hacía más de un año que en la planta 72 de aquel rascacielos de Nueva York la computadora estaba funcionando, conectada directamente con otro ordenador instalado en un despacho del Pentágono en Washington. Las dos máquinas formaban triángulo con un condensador de órdenes en la cancillería de Bonn y entre ellas se mandaban impulsos electrónicos con un diálogo cifrado que, traducido en plata, venía a decir: -Un joven andaluz, vestido de pana progresista, anda por España vendiendo ética como si fuera jabón fino de tocador.

-¿Qué hacemos con él?

-Parece buen chico, fuma puros y cree en la bondad universal.

-¿Nada más?

-También juega a la petanca los domingos en Miraflores.

-Que siga.

En aquella planta 72 del rascacielos de Nueva York habita un dios rubio que come palomitas de maíz, asomado al ventanal ahumado. Desde allí divisa La Meca rodeada de pollinos cargados con cajas de caca colas, controla la espuela vengativa de Pinochet o Ia gomina del bigote del último general argentino, regula la tripa llena de oscuros humores del judío Ariel Sharon y le cambia los pañales al heredero de un jeque del desierto. Cualquier madre patria nace en este piso 72 del rascacielos de Nueva York, donde ahora mismo está sentado en la poltrona ese dios gordiflón y geopolítico, que picotea palomitas de maíz en un cucurucho mientras acaricia con la diestra, blanda y anillada, un globo terráqueo. La madre patria arranca de su mesa y pasa por las Azores, seguida de cerca por la VI Flota, se adentra en Portugal, cruza la Península Ibérica, se va por Italia hacia Grecia y Turquía con un ramal en dirección a Arabia, atraviesa Pakistán, India, Australia y Japón. Allí le espera la VII Flota, con más acorazados. Y así hasta dar la vuelta al mundo para volver a la planta 72 del rascacielos de Nueva York y caer en el cucurucho de palomitas del regazo de ese señor gordito en forma de dividendos, que son los únicos valores eternos cotizados en la Bolsa de Wall Street. El triángulo de computadoras se envía entre sí latidos de rayos láser con interrogantes herméticos.

-¿Cree usted que ese tal Felipe González lo sabe?

-Con toda seguridad.

-Procure que no se salga de la ética.

-No hay peligro. El chico está bien aleccionado.

-¿Quién se ha encargado de eso?

-Nuestro criado, el señor Willy Brandt.

-Okey.

En cambio, hay todavía muchos patriotas. Son precisamente aquellos que no se han enterado de que la patria sólo es un oleoducto y andan por ahí dando palos de ciego con el bate de béisbol en busca de un salvador de opereta. Pero el Gobierno no es más que una estación de seguimiento, la Moncloa o Robledo de Chavela, gestores del paso de las multinacionales o de una cápsula espacial por un determinado territorio de la geopolítica. Existe un piloto automático. No hay que tocar nada. En cierto modo, gobernar consiste en hacer alguna leve corrección de vuelo y vigilar la posición correcta de las agujas o las señales luminosas del panel.

-Júrame que Felipe González lo sabe.

-Te lo juro. El sólo habla de moral.

-¿Y eso qué es?

-La moral es un aceite refinado que sirve para que funcione bien la máquina del capitalismo.


-Me quitas un peso de encima..."




Cuando asumió la Presidencia del Gobierno, Felipe González colocó al frente del Ministerio de Defensa a uno de sus hombres de máxima confianza, Narcís Serra, quien mantuvo en su puesto al director del CESID cuando se destapó el escándalo de las escuchas y se descubrió que entre 1983 y 1991, bajo el Gobierno socialista de Felipe González, el denominado Gabinete de Escuchas del Cesid, que dirigía Emilio Alonso Manglano, había estado grabando ilegalmente conversaciones a empresarios, políticos, periodistas e incluso al mismo Rey Juan Carlos.


Narcís Serra, ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno de Felipe González

Hemeroteca de ABC, 25/07/2007. Las escuchas ilegales y el caso Perote:
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-25-07-2007/abc/Nacional/las-escuchas-ilegales-y-el-caso-perote-dos-manchas-para-un-servicio-secreto-con-prestigio_164102439968.html

En 1986, con la aceptación de España en la Unión Europea, muchos esperaban que el antiguo aparato de los servicios secretos sería debidamente cribado y puesto bajo el más estricto control del Gobierno, pero aquella esperanza fue barrida por el descubrimiento de que España había sido una de las principales bases del Gladio, un escándalo que fue alimentado por Amadeo Martínez Inglés, un ex-coronel que había sido expulsado del Ejército, precisamente por la contundencia de muchas de sus declaraciones, quien llegó a afirmar en 1990 que España había sido base de una estructura secreta desde la cual, entre otras operaciones dignas de condena, se realizaron acciones de espionaje contra opositores políticos. La televisión estatal transmitió entonces un reportaje sobre Gladio, que confirmaba que agentes de la red habían venido a España a entrenarse bajo la dictadura de Franco, destacando el testimonio de que soldados de los cuerpos secretos de la OTAN se habían entrenado en España desde 1966 –y quizás antes de ese año– hasta mediados de los años 1970. El ex-agente afirmaba que él mismo se había entrenado, al igual que cincuenta de sus compañeros de armas, en la base militar de Las Palmas de Gran Canaria. Según él, la mayoría de los instructores de Gladio eran estadounidenses.



Como ocurrió poco más tarde con los GAL, en aquella ocasión Felipe González se apresuró a declarar a la prensa que “ni siquiera había pensado” que España pudiese desempeñar algún papel en la Operación Gladio. Como el asunto se le estaba escapando de las manos, Narcís Serra se mostró incómodo y en su primera comparecencia ante los medios de información se apresuró a precisar que “cuando llegamos al poder en 1982 no encontramos nada por el estilo”.

Serra aseguró además que había ordenado la apertura de una investigación en su propio Ministerio para sacar a la luz las posibles conexiones entre España y Gladio, pero fuentes cercanas al propio gobierno revelaron a los periodistas que la investigación interna estaba más destinada a enmascarar los hechos que a revelarlos, ya que el objetivo anunciado era “confirmar que esa organización específica no había operado en España”. Serra, que quería sobre todo enterrar el asunto, había puesto la investigación en manos del CESID, detalle revelador, puesto que el sospechoso investigaba así su propio crimen.




Por todo ello, nadie se sorprendió cuando el 23 de noviembre de 1990, el ministro de Defensa anunció al parlamento español que, según los resultados de la investigación realizada por el CESID, España nunca había formado parte de la red secreta Gladio “ni antes ni después de la llegada de los socialistas al poder”. Prudentemente, el ministro agregó: “Se ha hablado de contactos durante los años 1970, pero resultará muy difícil para los servicios actuales determinar la naturaleza exacta de esos contactos.”

Una figura clave que sirvió de enlace con la etapa socialista fue el ya mencionado general Andrés Cassinello Pérez, quien durante un largo y crucial periodo de seis años (1978-1984), ocupó la jefatura del Servicio de Información de la Guardia Civil (Segunda Sección de su Estado Mayor). A partir de 1981 simultaneó dicho cargo con la subdirección del Mando Unificado para la Lucha Contraterrorista (MULC) que dirigía el comisario Manuel Ballesteros. Fue entonces cuando el nuevo presidente del Gobierno, Felipe González, considerando su reconocida capacidad y experiencia en materia de información y lucha contra el terrorismo, le encomendó perfeccionar la organización y los contenidos del “Plan ZEN” (Zona Especial Norte), cuyo cometido fundamental era acabar con ETA.

En el marco de esa reorganización fue cuando tomó cuerpo la organización clandestina denominada GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que impondría el “terrorismo de Estado” en la lucha contra ETA.  A la pregunta sobre si la CIA había controlado los GAL (“Periodista Digital” 09/10/2006), Alfredo Grimaldos contestó: “No directamente. Pero el cerebro de los GAL fue un hombre de la CIA en España, el general Andrés Cassinello. Pero se quitó de en medio cuando implicaron a Rodríguez Galindo por temor a salir mal parado”.


  El general Andrés Casinello Pérez,
vinculado a la CIA y figura clave
 de los servicios secretos españoles

Es imposible, llegado a este punto, no reparar en que El País no dudó en hacerse eco inmediato de la conspiración Gladio, mientras que durante años, y contra toda evidencia, se prestó a encubrir la existencia de los GAL, llamando “sindicato del crimen” a todos los periodistas, empezando Pedro J. Ramírez, que destaparon e investigaron aquel tenebroso asunto hasta sacarlo a la luz y que tanto influyó en acabar políticamente con Felipe González, literalmente abrasado por los escándalos. Una historia tan estridente como la de Jesús Polanco, propietario del grupo Prisa, que después de haberse beneficiado de la reforme educativa del ministro Villar Palasí, concretada en la Ley General de Educación de 1970, y gracias a una filtración del propio Ministerio, la editorial de su propiedad (Santillana) fue la única que tuvo listos con arreglo a la nueva ley los libros de texto del curso escolar, lo que supuso su despegue económico en pleno franquismo.


Jesús Polanco, quien fue apodado "Jesús del Gran Poder"


Juan Luis Cebrián y Felipe González

Un caso tan pasmoso como el de su mano derecha en el grupo Prisa y en la dirección de El País, Juan Luis Cebrián, quien después de haber sido redactor jefe de “Pueblo”, el diario ariete del Movimiento Nacional y nombrado jefe de los servicios de RTVE por el último gobierno de Franco, se ha venido dedicando a repartir pedigrí democrático con la misma naturalidad con la que el Papa de Roma reparte bendiciones, así como a arremeter furibundamente contra los que se dedicaron a investigar la verdadera naturaleza de los atentados de la matanza del 11-M, tildándoles de "conspiranoicos", después de haber contribuido a crear, por activa y por pasiva, junto a la famosa comparecencia televisiva de Rubalcaba en plena jornada de reflexión, las sospechas de que el gobierno de José María Aznar mentía y que propiciaron, por muy pocos votos de diferencia, el vuelco electoral en las elecciones legislativas del día siguiente, domingo 14 de marzo de 2004, que dieron el poder a esa calamidad pública que para España ha sido José Luis Rodríguez Zapatero. 

Parece increíble que El País mantenga su antiguo aire de izquierdismo cuando desde 2010 está en manos de tiburones de Nueva York, como es el fondo de inversión Liberty Acquisition Holding, y posteriormente haya entrado en Prisa el empresario más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, gran amigo de Felipe González. Si a esto añadimos que Cebrián es miembro destacado del club Bilderberg, foro de ideas y estrategias sociales, políticas y económicas de la OTAN, el asunto adquiere su verdadera dimensión y entreabre una mirilla al rellano desde el que cabe asomarse al orden mundial implicado en cuya amplísima estela debe inscribirse el 11-M y, sobre todo, sus secuelas posteriores, que al día de hoy todavía no han terminado de manifestarse, a pesar de lo que llevamos visto desde entonces.   



Si después de todo lo visto, alguien de buena fe se atreviera a dudar siquiera, no ya de la existencia de conspiraciones dentro de los aparatos secretos de la inteligencia del Estado, sino de que la guerra sucia llevada a cabo en las cloacas del sistema ha sido una constante que ha marcado los hitos más decisivos de la reciente Historia de España, es que no pertenece a este mundo, por angelical, o que sus entendederas dejan mucho que desear. Y es que, como dejó dicho Benjamín Disraeli con palabras terminantes: “Aquel que niega la naturaleza conspiratoria de los gobiernos es un zopenco”.

A estas alturas, no es ningún secreto que tanto la Agencia Central de Inteligencia (CIA), creada en 1947, como la Agencia Nacional de Seguridad, The National Security Agency/Central Security Service (NSA/CSS), establecida en 1972 y de existencia tantos años negada, nacieron para recopilar sin restricciones y procesar la información que esté al alcance de sus posibilidades, que hoy en día es absolutamente todo, gracias a los avances de la tecnología digital y a los presupuestos astronómicos que el Gobierno de Washington dedica a estos menesteres: según informaciones aparecidas en The Washington Post, en EEUU hay 1.271 organizaciones gubernamentales -y 1.931 compañías privadas- dedicadas a programas relacionados con el “contra-terrorismo“, la seguridad nacional y los servicios de inteligencia, estimando que el sector emplea a 854.000 personas, casi 1.5 veces la población de la ciudad de Washington.


Centro de control de espionaje digital

Estas cifras dan idea de la magnitud de las actividades estadounidenses de espionaje, pero si volvemos al momento en que se produjo el 11-M, es decir, la España de 2004, será preciso añadir un dato de sumo interés vinculado a la colaboración de la inteligencia estadounidense con la española (el CESID primero y el CNI a partir de 2002) para vigilar a los integrantes de la banda terrorista ETA: desde el 10 de octubre de 2001, a la una de la madrugada, hora local española, el mecanismo interno de uno de los 95 radares operativos de Menwith Hill, oculto tras una enorme esfera con forma de gigantesca pelota de golf comenzó a emitir un tenue zumbido electrónico. Era el sonido inaugural de la colaboración en la lucha contra ETA que el gobierno estadounidense acababa de ofrecer a España. Menwith Hill es el centro de escucha y análisis de comunicaciones que la inteligencia estadounidense posee en la elevada planicie de Northumbria, en Inglaterra. El zumbido indicaba que el satélite que apenas 24 horas antes había puesto en órbita la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU (NSA) con objeto de seguir todos los movimientos registrados en el norte de España y el sur de Francia transmitía correctamente. EEUU había comenzado a espiar a ETA.




A partir del día 3 de marzo de 1996 en que el Partido Popular ganó las elecciones y Aznar accedió a la Moncloa, el Gobierno de España se acercó al foco de poder mundial representado por EE.UU. como nunca antes había sucedido. Gracias a esta vinculación tan estrecha se consiguió que el gobierno estadounidense empezara a cooperar abiertamente en el cerco y acoso de las estructuras de ETA en Francia a través de sus servicios secretos y su imponente tecnología, fundamentalmente a las operaciones de detección y seguimiento de las comunicaciones globales que posibilitaba el sistema Echelon de espionaje global, considerado la mayor red de espionaje para interceptar comunicaciones electrónicas de la historia. Controlada por la comunidad UKUSA (Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia, y Nueva Zelanda), era sabido ya en 2001 que Estados Unidos, junto a sus países aliados, podían interceptar todas las comunicaciones por satélite, buena parte de las que se realizan por cables submarinos y el tráfico en Internet. Así pues, cualquier fax o llamada telefónica internacional, videoconferencia o correo electrónico que pase por un nudo de comunicaciones "pinchado" por una de estas estaciones de seguimiento y análisis es susceptible de ser interceptado.

Tampoco es necesario hacer un gran alarde imaginativo para aceptar que el Gobierno presidido por Aznar obtuvo de EE.UU. un trato privilegiado, que incluía la recepción de información privilegiada sobre ETA detectadas por la red Echelon, equiparando a España con la red anglosajona vinculada a este sistema de espionaje global controlada por los norteamericanos. Aunque oficialmente Echelon no existía, el 5 de septiembre de 2001 el Parlamento Europeo dio a conocer un informe quejándose a los Estados Unidos ante la sospecha de que estaban espiando a ciudadanos y a empresas europeas. El diario británico The Guardian, que citaba fuentes españolas, afirmó que George W. Bush ofreció todo su apoyo a José María Aznar en la batalla contra el terrorismo, incluyendo en esa colaboración la red ECHELON. 

En un reportaje de Giles Tremlett para ese diario británico, precisó que los EE.UU. había ofrecido a España su apoyo total en la lucha antiterrorista. El periódico destacaba cómo George W. Bush, en la rueda de prensa celebrada en Madrid, afirmó que, “hasta el punto que podamos ayudar al Gobierno de España para luchar contra el terrorismo en el interior de sus fronteras, lo haremos”. El rotativo considera muy destacable que Bush lo dijera espontáneamente, sin que lo estuviera leyendo de un discurso previamente elaborado para matizar diplomáticamente sus aseveraciones. 

En sus análisis de la visita del presidente Bush a España realizada a mediados de junio del año 2001, comentaristas de todos los periódicos nacionales coincidieron en otorgar las causas y consecuencias que para España supuso la estancia del presidente de la gran superpotencia mundial. La primera cuestión que se plantearon fue por qué se eligió a España como puerta de entrada a Europa, cuando lo común es que los presidentes norteamericanos empezaran sus giras europeas por Gran Bretaña, su aliado más fiel y privilegiado, o por potencias europeas como Francia o Alemania.

“CIBERESPIONAJE: ¿Echelon contra ETA?”. Este fue el título de un interesante artículo firmado por Olalla Cernuda que publicó El Mundo el viernes 15 de junio de 2001, en el que se preguntaba: 

"¿Es cierto que los servicios de inteligencia están pendientes de todo lo que decimos y escribimos para buscar posibles mensajes terroristas o de espías? La red de espionaje Echelon es uno de los mitos -o realidades- más conocidas de la Red. Negada por todos los participantes, investigada por la Comisión Europea y denunciada por los internautas. Pero... ¿qué ocurriría si ahora EEUU “'ofreciese”' su sistema de ciberespionaje a las naciones amigas para hacerlo “'oficioso”'?

"Esto parece ser lo que ha ocurrido durante el viaje oficial del presidente estadounidense, George Bush, a España esta semana. En la rueda de prensa ofrecida por el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Piqué, éste aseguró que Estados Unidos iba a espiar las comunicaciones de ETA para España. La conclusión sacada por el diario The Guardian y cientos de personas en los foros de Internet ha sido apabullante: verde y con asas. Eso sólo lo puede hacer ECHELON".


Feliciano Fidalgo, Josep Piqué y José María Aznar en la presentación del libro de memorias
del ex-presidente "El compromiso del poder".

En su reportaje para The Guardian, Giles Tremlett seguía diciendo: "Puede hacerse mucho desde el punto de vista de la tecnología, la información y las comunicaciones", aseguró Piqué, quien añadió que “se abre un prometedor campo de acción que nos llevará a acabar definitivamente con el terrorismo”. Según el diario británico, esta colaboración podía explicar por qué Aznar dio una bienvenida tan calurosa al presidente estadounidense. 

El Gobierno español no comentó nada sobre la posible utilización de Echelon, solamente informó que se estaban analizando nuevas formas de cooperación con los servicios de inteligencia estadounidenses. De hecho, en la comparecencia, el ministro Piqué evitó en todo momento utilizar la palabra Echelon, aunque tal y como publicó El Mundo, fuentes del gobierno aseguraron que "la información recopilada por la CIA y por sus satélites, unido a la capacidad de EEUU de interceptar las comunicaciones y leer el correo electrónico, podría ayudar a mantener el grupo terrorista bajo control".

El satélite Echelon está interconectado con otros que mantienen una silenciosa vigilancia. En su conjunto graban imágenes de una definición asombrosa y las transmiten en tiempo real a las cúpulas de radar de Menwith Hill. Las orejas electrónicas de estos satélites, además, les permiten captar conversaciones. En toda la historia de la larga lucha de España contra ETA los servicios de inteligencia de Madrid nunca habían contado con un arma tan poderosa. Menwith Hill, cuyo nombre oficial es el de Estación Espía F-83, se extiende a lo largo de un kilómetro cuadrado sobre el que ni Gran Bretaña ni la Unión Europea tienen jurisdicción alguna. Alberga a más de dos mil norteamericanos, entre los que se incluyen expertos en descodificación, expertos matemáticos y lingüistas cuyo talento combinado les permite analizar y descifrar mensajes en más de cien idiomas, incluido el euskera.


La estación espía de Menwith Hill vista desde el aire

El método aplicado para acabar con el grupo terrorista vasco fue el mismo que emplean contra todos los demás objetivos. Desde la gélida oscuridad del espacio los satélites observan y escuchan. Cada uno de ellos está equipado con múltiples cámaras y equipos de grabación de sonido: “En términos prácticos, son capaces de mirar a través de la ventana de una pequeña calle de Bilbao o pueden escuchar una conversación en el interior de un coche que viaja por carretera hacia Santander", afirmó William Burroughs, director del programa de Ciencia y Medio Ambiente de la Universidad de Nueva York y cualificado especialista en vigilancia espacial.

Toda la información recogida era enviada a los veinticinco departamentos de escucha y recepción cavados bajo la superficie de Menwith Hill. Allí es donde los dos mil trabajadores de la base depuran los mensajes captados y los transmiten a la ingente base de datos de la NSA, compuesta por millones y millones de fragmentos de información, consistente en palabras que han sido captadas en el éter o en imágenes obtenidas desde el espacio. En este sistema se almacenaron las fotografías, alias y todos los detalles biográficos de los terroristas de ETA condenados, de los sospechosos de pertenecer a la organización, de sus familias, de sus parientes lejanos y hasta de sus amigos y conocidos.


Gigantescos sistemas de detección por satélite en Menwith Hill
Radar en Menwith Hill

Pero esta red de satélites y radares no habría servido de mucho sin el sistema Echelon, el equipo más sofisticado del que disponía Menwith Hill en el año 2004. Este sistema es el que dirigía los veinte satélites Intelsat que se controlaban desde Menwith Hill. Bastaba introducir los datos de un sospechoso de terrorismo en la denominada “Lista de Alta Observación” para que los ordenadores de Echelon se encargaran de todo.

A grandes rasgos el sistema Echelon opera del modo siguiente: supongamos que un terrorista identificado en la base de datos de la NSA como perteneciente a ETA abandonara su casa, digamos que en Bayona. No importa el medio que escogiera para desplazarse, en algún momento dejará alguna pista electrónica y sus movimientos pasarán a estar controlados. En caso de que se proponga realizar un viaje aéreo, su billete de avión ya habrá sido detectado, al igual que si utiliza una tarjeta de crédito para realizar cualquier transacción, el dato acabará reflejado inmediatamente en los ordenadores de Menwith Hill. Esta detallada vigilancia forma parte de la labor de Echelon. Incluso los detalles más minuciosos de un terrorista fichado se encuentran archivados: sus tarjetas de crédito, sus datos bancarios, su factura de teléfono...



Echelon es, además, extremadamente rápido. Una fuente de la NSA explica que “desde el momento en que se introduce una identificación en los ordenadores, sólo se tardan unos segundos en establecer un rastreo para que los sistemas nos digan dónde se encuentra la persona o personas que estamos siguiendo. Esa información puede estar en Madrid en cuestión de minutos y transmitirse a la policía en el País Vasco o cualquier otro lugar en que se encuentren los terroristas en tan sólo algunos minutos más”.

Pero los recursos brindados por Washington no se limitaron a los dos mil hombres y mujeres y a los 95 radares de Menwith Hill. Las instalaciones de Inglaterra son sólo una parte de la red tejida por la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU, cuya base de operaciones está en Fort Mead, en el estado de Maryland, a las afueras de la capital estadounidense. Este organismo, con una plantilla de 44.000 empleados, utiliza los equipos de espionaje más avanzados del mundo y maneja al año un presupuesto de 16.000 millones de dólares. Impresiona saber que todo ese equipo fue utilizado a partir de octubre de 2001 en la detección y destrucción de los comandos de ETA.



Instalaciones de la Agencia nacional de Seguridad de EE.UU
en Fort Mead, Estado de Maryland

La inclusión de los detalles que acabo de mencionar, que algunos lectores de este bloc ya conocerán, tienen por objeto que cualquiera pueda calibrar por sí mismo la importancia que he concedido a las revelaciones del ex-presidente Aznar, ya que si por los servicios de inteligencia españoles y estadounidenses no fue detectado, ni antes ni después del 11-M, dato alguno que sirviera para relacionar la preparación y ejecución del atentado con ningún comando islamista o de la organización terrorista ETA es que, sencillamente, los autores hay que buscarlos dentro del entorno mismo de los servicios de inteligencia, lo que supone adentrarse en el peligroso mundo de las cloacas del Estado.

La única forma que tiene cualquier automovilista para no ser detectado por los radares de la Dirección General de Tráfico es conocer con exactitud la ubicación de semejantes aparatos, con lo que estará en condiciones de evitarlos mediante el uso de rutas alternativas de carácter secundario poco transitadas. Concedo que el ejemplo no es del todo exacto, pero sirve para ilustrar, por analogía, que la única posibilidad de que, en suelo español, las acciones de un grupo terrorista ya identificado no sean “oficialmente” detectadas y registradas por las redes de inteligencia, como José María Aznar ha afirmado que en ningún momento, ni antes ni después de la masacre del 11-M, se hubiera detectado absolutamente nada dentro o fuera de España que pudiese indicar la preparación de los atentados, indica claramente que sus autores y ejecutores han de estar incrustados dentro de dichas redes o que se mueven en un entorno muy próximo a ellas. Me refiero, ni más ni menos, al mundo de la llamadas “cloacas del Estado”, a cuya utilización se refirió Felipe González con una frase lapidaria que conviene recordar: “El Estado de derecho también se defiende en las alcantarillas”.


Felipe González

Por todo ello, estoy absolutamente de acuerdo con Luis del Pino, gran investigador y autor de varios libros sobre los atentados de Madrid, sobre los que volveré más adelante, cuando el 4 de junio de 2007 escribió que "el 11-M fue una elaborada operación de inteligencia, precedida de una serie de acciones tendentes a asegurar la campaña de desinformación que debía servir para aprovechar el atentado y seguida por una auténtica obra maestra de intoxicación, con colocación de pruebas falsas incluida, que habría de valer para ocultar la verdadera autoría de los atentados".

El propio Luis del Pino no se cortó ni un pelo para proclamarlo a los cuatro vientos en un debate emitido en febrero de 2010 por veo7 televisión, como puede comprobarse abriendo el siguiente enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=OIDXHxcb6-Q  

En aquella ocasión fue más allá, para puntualizar que el 11-M fue "un golpe de Estado interno o un golpe de Estado de inspiración exterior". Aunque, en ambos casos, no quepa la menor duda de que las pruebas falsas para montar la versión oficial fueron llevadas a cabo por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado. A pesar de que decir tal cosa no constituye a estas alturas ninguna novedad, más adelante volveré sobre el particular, pues creo que en base al análisis de lo que yo denomino "complementariedad circular" cabe realizar avances muy importantes en la detección del epicentro de ese terremoto, cuyo foco fue el 11-M, así como los efectos del posterior tsunami, cuyas consecuencias destructivas no han dejado de manifestarse hasta el día de hoy en la vida política española. 

Recordemos que el foco de un terremoto es el punto donde la primera piedra de la corteza terrestre se rompe para causarlo y se encuentra siempre bajo tierra, mientras que el epicentro es el punto de la superficie más cercano al foco y que, por eso mismo, experimenta la mayor agitación, aunque muchas veces los peores efectos se producen más alejados, a causa de las características de los lugares adonde poco más tarde alcanzan las ondas expansivas.




Por su claridad ilustrativa, ¡me encantan las paradojas!, quiero referir una historia que tuvo lugar en Francia y que podríamos titular “la paradoja Eiffel”. Se trata de que cuando hubo acabado la Exposición Universal de París del año 1889, se generó en Francia una agria polémica entre los artistas que abogaban por el desguace de la Torre Eiffel, por considerar que era un horroroso monstruo de hierro clavado en el Campo de Marte, y aquellos otros que defendían su mantenimiento como símbolo del progreso técnico de la época. Uno de los más conspicuos detractores de la Torre Eiffel era un famoso crítico de arte, que cada día abogaba desde la prensa por eliminar aquel artefacto del horizonte parisino. La sorpresa no fue fingida cuando un acérrimo defensor del mantenimiento del emblema de la Exposición encontró al mencionado crítico de arte almorzando en el restaurante situado a ciento quince metros por encima del nivel del suelo, en el segundo nivel de la estructura metálica. Sin poderse contener, se encaró con el crítico:

̶ ¿Pero cómo es posible que le vea almorzando aquí con la manía que le tiene usted a la torre? ̶ le preguntó sorprendido.

̶ Pues la respuesta es bien sencilla. ¡Este lugar es el único existente en todo París desde donde no se ve este dichoso adefesio..!

Qué, ¿lo han cogido? ¿Sí? Pues, me alegro.

Antes de finalizar esta segunda entrada no me resisto a mencionarles otra paradoja más: hasta es posible que un punto clave vinculado al seísmo cuya onda expansiva provocó el 11-M no esté muy alejado de la alargada sombra que proyecta la Torre Eiffel sobre París... 












2 comentarios:

  1. Jatetú, todo ese rollo para decirnos que los culpables son los franceses y nuestras cloacas.

    O usted no se entera o bien -todo hay que decirlo- intoxica de manera bastante buena. Todo fue por el odio del francés al amor de EEUU por España. Oiga, y aquello de "fuentes de la Casa Blanca informan de que sólo trabajan con la pista islamista descartando por completo a ETA", y que asentó definitivamente la versión oficial, falsa de principio a fin, ¿fue también cosa de Francia y del CNI?

    ¿Quiere usted saber a quién corresponde la única autoría posible? Espere, que Rubalcaba le enumera con detalle. la lista de candidatos. Fuera de ésos que cita no hay nadie.

    https://www.youtube.com/watch?v=nov8ETJbbds

    http://www.burbuja.info/inmobiliaria/politica/273059-lejos-de-opinionitis-pruebas-mas-verosimiles-de-autoria-del-11-m.html

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  2. No hace falta entrar en su burbuja para saber que se cree el Espíritu Santo, aunque este comentario suyo le identifique como simple embustero. Todo el mundo puede acceder a mi Blog, por lo que resulta muy fácil de comprobar que en ninguna de las once entradas que he dedicado al 11-M atribuyo a Francia o al CNI la autoría intelectual o la comisión de los atentados. Si en vez de dar el cante en esta entrada, lo hubiera hecho en la que puse dos días antes, “El 11-M y los Servicios de Inteligencia: El Gran Hermano”, los comentarios de Petro o de Eddie, aunque de pareceres contrarios, se habrían encargado de resaltar que quien tiene voluntad de intoxicar es usted. Y no sé por qué.

    Lo que llama “rollo” es escritura clara y bien entendible, que para mi sorpresa recibe de medio mundo una atención que nunca pude imaginar. Como todos los de su cuerda suelen ser envidiosillos, para que se chinche le diré que, desde hace más de un año, mi Blog recibe más de tres mil visitas mensuales de promedio.

    Casi sobra decir que no admitiré ningún otro comentario suyo en mi Blog. Aunque prefiera a quien da la cara con nombre y apellidos, vengo admitiendo los comentarios firmados con seudónimo, siempre que vengan con buena intención: las deposiciones mejor hacerlas en la propia casa antes que en las ajenas.

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