domingo, 15 de diciembre de 2013

      EL 11-M Y LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA

                           5. La autoría reversible

                                                   “Me voy sin saber si ETA cobraba
                                             en dólares o en rublos"
                                          
                                                                    Adolfo Suárez



La secuencia puntual de los sucesos que tuvieron lugar el día de los atentados ha sido reconstruida al minuto, así como las andanzas y declaraciones posteriores de sus protagonistas, tanto en los artículos de Luis del Pino de su serie ”Los enigmas del 11-M”, como en el magnífico libro de Ignacio López Bru, “Las cloacas del 11-M”, ya mencionado en entradas anteriores. Llegados a este punto, transcribo el transcurso de los hechos tal como fueron narrados por Fernando Múgica en la primera entrega de su serie “Los agujeros negros del 11-M”, que lleva por título "Una versión policial llena de incongruencias”, publicada el día 18 de abril en el diario El Mundo, apenas un mes después de que los atentados fueran cometidos:

La palabra (Titadine) se extiende entre los que tienen algo que ver con el caso y los primeros informes que llegan a la Policía Nacional, la Guardia Civil, el CNI, el Gobierno de la nación y el Gobierno vasco. El error al transmitir el informe sólo puede ser intencionado. Ningún experto policial, y menos los especialistas en desactivación de explosivos, podrían confundir Titadine con Goma 2. Los olores que provocan ambas sustancias son tan diferentes como un plátano y una pera. Pero en los primeros momentos de confusión, téngase en cuenta que a esa hora de la mañana ni siquiera se sabe aún el número de víctimas, produce un efecto multiplicador demoledor. Esos primeros indicios son los que le hacen pronunciar a Ibarretxe aquel discurso tan precipitado en el que, con una cara de enorme preocupación, arremete contra ETA después de considerar como un hecho cierto que han sido ellos los autores. El Gobierno también cae en el mismo error.

Aquí juega un papel determinante Arnaldo Otegi, parlamentario de Sozialista Abertzaleak, que insinúa a una radio local del País Vasco, Herri Irratia, que lo primero que le ha venido a la cabeza es que "el Estado español mantiene fuerzas de ocupación en Irak". La pista radical islamista se pone así en marcha poco después de las 10 de la mañana. Pero Otegi sólo trata de ganar tiempo.

A las 13.00 horas volverá a reafirmar esta idea para salir al paso de las primeras declaraciones del ministro del Interior, Ángel Acebes, que defiende con rotundidad la autoría de ETA. Otegi no contempla "ni como mera hipótesis" que ETA pueda ser la autora de los atentados de Madrid. Pero está mintiendo y el presidente del Gobierno a esas horas ya lo sabe.

Las Fuerzas de Seguridad tienen constancia de una conversación que el propio Otegi ha mantenido con alguien de su entorno antes del mediodía -dos horas más tarde de sus primeras declaraciones exculpatorias para ETA- y en la que muestra su desconcierto, su miedo, su total estupor: "Si sale alguien por ahí (se refiere a alguien de los suyos) reivindicando esto, estamos perdidos definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si es así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto antes. Necesito saberlo".

Lo que el Gobierno no conoce es que ya en esos momentos se han puesto a trabajar duramente un grupo de mandos policiales y algunos agentes del CNI, de la cuerda más dura y leal al partido socialista, para informar a sus dirigentes de todos los detalles que puedan conducir la situación en beneficio propio. Son los mismos que consiguen que cambie de manos la investigación y que la controlarán desde ese momento.


Se forma un equipo hermético que deja de lado a la Guardia Civil y que ralentiza las informaciones que se pasan al CNI. Llaman, sin embargo, cada pocos minutos a una célula del PSOE que obtiene así información privilegiada, lo que les permite montar una estrategia eficaz contra el Gobierno. Saben que éste sigue empeñado en la tesis de ETA y permanecen callados para que Aznar, Rajoy y Acebes se metan ellos solos en la trampa.

A la vez, comienzan a darse a conocer, a cuentagotas, detalles que marcan un camino a la opinión pública. En la misma mañana del 11-M aparece una misteriosa furgoneta blanca. Un portero ha visto a tres sospechosos, con la cara y la cabeza cubiertas, junto a una furgoneta blanca marca Renault, modelo Kangoo. Uno de ellos llevaba una bolsa y se ha dirigido hacia el tren, en torno a las siete de la mañana, en la estación de Alcalá de Henares. Se dice en un primer momento que la furgoneta no tiene huellas, más tarde aparecerá, en el transcurso de los siguientes días de la investigación, una huella de un joven marroquí a quien pronto se acusará de ser uno de los autores materiales de los atentados, Jamal Zougam. Este podría ser el hombre que vio el portero con una bolsa entrar en la estación de Alcalá de Henares. En su entusiasmo, el testigo relata a la policía que era un hombre alto, como de 1,90 metros, muy fuerte. Zougam apenas sobrepasa el 1,60 de estatura.


Miembros del PSOE, avisados por su gente en la policía, saben desde la mañana de la existencia de la furgoneta, antes incluso que el propio CNI. La Inteligencia española no conoce, a la hora de redactar uno de los informes que el Gobierno en funciones desclasificaría días más tarde, ni siquiera la existencia de esa furgoneta, matrícula 0576 BRX. Se dice que su dueño presentó una denuncia por desaparición del vehículo unos días antes, el 28 de febrero, y que fue robada frente a su domicilio en el populoso barrio de Cuatro Caminos de Madrid. En la revisión de la furgoneta se tarda las horas suficientes como para que el Gobierno se meta un poco más en la trampa de la autoría de ETA. Se da la excusa de que la policía no tiene Tedax libres. Todos sus especialistas en explosivos están ocupados en los lugares de los atentados. Pero lo que no dicen es que la Guardia Civil ofrece sus servicios de Tedax y son rechazados de forma categórica.

Muy avanzada la tarde, y a pesar de que un perro-policía ha demostrado horas antes lo contrario, se da a conocer que se han encontrado restos de explosivos. Incluso se habla de un cartucho de 125 gramos de dinamita Goma 2 Eco. No es cierto. El perro que se empleó para el reconocimiento no se comportó como lo hacen invariablemente cuando encuentran explosivos, con inmovilidad absoluta. En la furgoneta no había explosivos cuando la policía la precinta en Alcalá. La furgoneta es trasladada primero a la Brigada Provincial de Información en la calle Tacona de Moratalaz. Desde allí, a las 14.14 horas, se lleva a las instalaciones de la Comisaría General de Policía Científica, ubicadas en Canillas.

Los funcionarios de la comisaría de Alcalá no habían detectado explosivos en su inspección ocular. Es en Canillas donde se encuentra, debajo de uno de los asientos delanteros, una bolsa con siete detonadores de distinto tipo y fecha.

La furgoneta Renault Kangoo
 falsamente asociada a los terroristas
 

Pero la noticia de la jornada, la que hace que todo dé un vuelco definitivo, es la aparición de una cinta de audio con versos del Corán. Comienza a asomar así lo que un veterano investigador de la policía ha definido como el cuento de Pulgarcito, alguien que encuentra el camino porque previamente ha dejado las piedrecitas blancas que le indican el mismo. En la furgoneta hay también una casete en árabe -junto a otras de Plácido Domingo- pero lo que nadie dice es que la cinta, grabada en Arabia Saudí e interpretada por un cantante, corresponde a unos versos de iniciación al Corán, algo que no cuadra en un peligrosos y fanáticos terroristas islámicos. Es como si en manos de unos terroristas integristas católicos del IRA se encontrara un librito de iniciación al Catecismo. Pero el efecto mediático ya se ha producido.


Una hora más tarde se da a conocer la reivindicación de un grupo islamista, las Brigadas Abu Hafs Al Masri, que ha mandado un e-mail a un periódico británico en lengua árabe, Al Quds Al Arabi. Los especialistas no le dan ningún valor como demuestra, con sólidos argumentos, otro de los documentos del CNI desclasificados. Los que firman la autoría son un grupo que en los últimos meses ha reivindicado todo lo imaginable, incluidos los últimos apagones de Nueva York. En los días siguientes se producen hasta siete reivindicaciones diferentes de, al menos, cinco grupos organizados, procedentes de cuatro países diferentes.


Brigadas Abu Hafs Al Masri

Otra pista clave irrumpe de pronto en el panorama. A las dos de la madrugada del viernes, miembros de la comisaría de Vallecas llaman a los Tedax después de haber encontrado una bolsa que contiene una bomba. No es la única que no ha explotado a lo largo del jueves.

En la mañana de los atentados aparecen al menos tres más en las cercanías de la estación de Atocha y en la de El Pozo. En todos los casos, los artificieros optan por destruirlas inmediatamente. Se vuelan por los aires de esa manera pistas materiales que parecen imprescindibles para el esclarecimiento de los hechos.

Un joven policía municipal relata su hallazgo muy pormenorizadamente. Es un novato que apenas lleva un año de servicio. Jacobo Barrero cuenta cómo encontró debajo de uno de los asientos del segundo piso de uno de los trenes afectado por las explosiones una mochila negra. Cuando la abre, casi le da un síncope. Ve un teléfono del que salen dos cables, "uno rojo y uno negro", que están conectados a una fiambrera redonda de color naranja. No habla en ningún momento de cartuchos. Corre hasta una tapia cercana con la bolsa y llama muy nervioso a sus superiores. No le hacen demasiado caso y decide volver a intentarlo, esta vez con la Policía Nacional. Atienden su aviso y envían a los Tedax.

Varios expertos en la materia no entienden todavía por qué decidieron volar la bolsa. "Un simple chorro de agua podría bastar para inutilizarla, sobre todo sabiendo que a pesar de los traqueteos a los que le sometió el agente que la había encontrado no se había activado". El caso es que aquella mañana destruyen esa y el resto de las mochilas que no habían explotado. En el aire quedó un olor picante muy intenso, nada que ver con el Titadine cuyo nombre tanto había despistado en un primer momento.

Pero vayamos a la madrugada del viernes. A las 2.40 horas, y a requerimiento a través de una llamada de los policías de servicio, los Tedax, llegan a la comisaría de Vallecas para inspeccionar una bolsa azul, con asas de cuero. En su interior hay una masa gelatinosa, unos 10 kilos, de lo que luego se averiguará que es dinamita Goma 2 Eco, de la fabricada por Explosivos Riotinto, unida a un detonador eléctrico marca Riodets, fabricado en Galdakano, Vizcaya, como los encontrados en la furgoneta blanca. Mezclados con el explosivo hay un kilo aproximado de clavos y tornillos.

Al día siguiente, se da a la prensa la versión de que alguien en la comisaría de Vallecas se había percatado del contenido de la bolsa por casualidad, después de que sonara un teléfono móvil en su interior. Se ha publicado que la bomba no había hecho explosión a las 7.20 horas en el tren porque los terroristas se habían confundido al colocar la hora del despertador que tenía que activar el mecanismo. Pusieron la hora en PM en lugar de AM. No es cierto. De serlo, hubiera estallado a las 7.20 horas de la tarde, y no fue así.

La realidad es que esa bolsa dio teóricamente vueltas por Madrid durante muchas horas sin que nadie se percatara de ella. Lo único que se sabe es que alguien llamó desde la comisaría de Vallecas a los Tedax a las 2.00 horas de la madrugada del viernes para que se hicieran cargo de ella.

La relación con los trenes es meramente circunstancial. Cualquiera podía haberla colocado en Ifema. La bolsa esta vez, contraviniendo lo que la policía había hecho hasta ese momento con las mochilas bomba que habían encontrado intactas, no es destruida. Los Tedax quieren deshacerse de ella y es un comisario jefe quien se lo recrimina mientras uno de sus inspectores (Protección Ciudadana) se ofrece voluntario para neutralizarla. Sea como fuere, figura las 5.12 horas como el momento en que es desactivada, en un parque cercano. Es así como se obtienen todas las pistas que llevarán a los investigadores a las primeras detenciones".

La falsa mochila número 13

La aparición de la mochila número 13 durante la madrugada del 12-M supuso un acontecimiento clave, porque marcaba el punto de no retorno. El trabajo de un artificiero de los Tedax hizo que se conservaran intactas pruebas claves para la detención de los “moritos de Lavapiés”, quedando en el aire la causa de por qué no había funcionado esa bomba. El sumario del juez Juan del Olmo revela que el comisario de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, le ocultó durante más de tres meses una radiografía que dejaba claro, desde el primer momento, que la bomba no explosionó porque uno de los cables estaba suelto. La tarjeta que se encontró en el móvil fue clave para llegar a Zougam y a su locutorio de Lavapiés, pero lo que nadie ha explicado es que para activar la alarma de muchos modelos de móviles no se precisa el uso de tarjetas. ¿Por qué entonces dejaron los terroristas esa pista que necesariamente iba a identificarles? La respuesta es obvia: ¡Pues para eso mismo, para que fuesen rápidamente identificados!


Comisario Sánchez Manzano

Nos han tomado el pelo”, es lo que masculló unos meses más tarde el juez instructor del sumario del 11-M, Juan del Olmo, concretamente en julio de ese mismo año. Su profundo enfado tenía una clara justificación: los informes del responsable de los Tedax -especialistas en desactivación de explosivos-, el comisario Juan Jesús Sánchez Manzano, eran deliberadamente ambiguos y enmascaraban una verdad simple y meridiana: que determinados mandos de la Policía sabían desde el primer momento que la bolsa bomba encontrada dieciocho horas después de los atentados no podía explosionar. Como se contó posteriormente, una radiografía hecha en el primer momento, en la misma noche del día 12 de marzo (¡y ocultada durante más de tres meses al juez!), así lo revelaba. Alguien se preocupó de que no llegara el dato a la opinión pública para que la bomba de Vallecas, "la mochila número 13", resultara más creíble.


Juan del Olmo, un juez "cortito", 
según Gómez Bermúdez

Ya entonces llamó la atención que la poderosa cadena de televisión norteamericana ABC News transmitiera en la semana posterior a los atentados del 11-M una serie de imágenes sobre los componentes de la bomba de Vallecas, en una exclusiva mundial que también difundió a través de su página web. Todas las fotografías, menos una, correspondían a las imágenes oficiales hechas por la propia policía, circunstancia perfectamente identificable porque llevaban en la parte inferior una regleta marcada en centímetros, que servía -como en todas las fotos de este tipo- para que quien las viera se hiciese una idea aproximada del tamaño de los objetos fotografiados. Las fotografías habían sido enviadas a las distintas oficinas mundiales de Interpol y desde una oficina policial extranjera fueron filtradas a ABC News para su publicación. Nadie ha explicado nunca por qué se publicaron esas imágenes antes en Estados Unidos que en España, aunque resulta evidente que fue una manera de propagar urbi et orbi que la importancia de la “prueba” encontrada servía para descartar definitivamente la autoría etarra y ratificaba la atribución hecha al terrorismo islamista, por la que las más altas instancias estadounidenses habían apostado.



Posteriormente se supo, por el testimonio de policías que estuvieron presentes, que quien dio la orden de que la bomba no se destruyera, como se hizo con la que encontró el policía municipal, fue el comisario general de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, quien se jactó de protagonizar la hazaña empleando términos tan expresivos como: “¡Esa bomba se desactiva por mis cojones...!”.

Como colofón cabe añadir que en diciembre de 2006 fueron investigados varios agentes de la Policía Nacional por aparecer como presuntos implicados en el tráfico de Goma 2 Eco y que uno de los policías sospechosos estuvo destinado durante la noche del 11-M en la comisaría de Puente de Vallecas, donde apareció la mochila número 13, que condujo a las primeras detenciones por los atentados en los trenes de cercanías. Por lo que posteriormente se pudo ver, se trató de una historia confusa, demasiado confusa, pero que sirve para demostrar cómo meses antes de que se iniciara en febrero de 2007 el Juicio de la Casa de Campo contra los detenidos por el 11-M, entre los diversos clanes enfrentados dentro de los medios policiales seguía viva la pugna por imponer a toda costa “sus” pruebas, fabricadas con la finalidad de sustentar la versión oficial de la masacre. El por qué resulta fácilmente deducible: controlando las pruebas, cada bando se sentía seguro de contar con una vía de escape y, de paso, poner en aprieto la versión contraria con vistas al Juicio que habría de celebrarse, que constituyó un maratón de falsedades de todo tipo, aunque supone ante las generaciones futuras una documentación valiosísima para acreditar que la versión oficial del 11-M es absolutamente falsa, sin mezcla de verdad alguna.     

En cuanto al modus operandi de los atentados del 11-M, quiero mencionar unos puntos sobre los que ya me pronuncié en septiembre de 2009, pero que no por debatidos dejan de ser importantes:

1º) El ataque se lleva a cabo en varios trenes. Es un atentado único programado para que se realice a una hora determinada en varios puntos a la vez. Dado que a ninguno de los acusados se les pudo demostrar su presencia en los trenes, ni siquiera en las estaciones o en sus alrededores, la conclusión más elemental es que no estuvieron en esos escenarios. Solamente Jamal Zougam fue condenado y ya sabemos de qué procedimientos se valieron. Por otra parte, no cabe duda de que si esto no fuese así, hubieran aparecido pruebas indudables para sustentar de manera fehaciente la comisión de los atentados. Bastaba con que alguna cámara de vigilancia hubiera funcionado. O que alguien, casualmente, hubiera grabado, con una excusa u otra, la presencia en los trenes o en las estaciones de todos o una parte de los que más tarde —y siguiendo el guión— serían señalados como autores materiales de la masacre.

2º) Más todavía, por qué no pensar que incluso hubiesen aparecido grabaciones contradictorias que sirvieran de apoyatura a la autoría alternativa, la de los etarras. Pero no aparece ni una sola huella de los autores reales de los atentados, en realidad, ni una sola huella de nadie. Las bombas cayeron del cielo o fueron puestas por fantasmas.



3º) La colocación de los explosivos en los trenes fue una operación de ejecución altamente profesional. La información de que habían aparecido los restos de un presunto terrorista suicida en el primer vagón del tren que estalló en la estación de la calle Téllez fue suministrada a la SER por alguno de los núcleos operativos ya implicados en la ocultación y en la fabricación del atentado “reversible”. El hecho de que este mismo bulo fuera difundido también por Rodríguez Zapatero antes de la jornada electoral quiere decir que la manipulación informativa afectó de lleno a uno de sus principales objetivos: el que sería en muy pocas horas elegido nuevo presidente del Gobierno. Desde ese momento, y por un procedimiento similar al utilizado con Aznar, Zapatero se puso en manos de los directores de escena, convirtiéndose en títere de un oscuro círculo de poder que condicionó todas sus decisiones hasta el último día de sus dos mandatos. Aunque la música no fuera suya, él la tuvo que bailar mientras sonaba. No pudo hacer otra cosa y, con seguridad, ni siquiera hubiera sabido. Al fin y al cabo, para una nulidad intelectual como Rodríguez Zapatero, fue mejor que le apuntaran un guión que no tener ninguno.


José Luis Rodríguez Zapatero

4º) Para la colocación de las bombas en los trenes, los autores intelectuales no podían depender de los magrebíes de baja estofa inicialmente acusados, cuya impericia en el conocimiento y manipulación de explosivos quedó suficientemente acreditada en las sesiones del Juicio de la Casa de Campo. Por otra parte, el único papel representado por los que fueron señalados como autores materiales de la masacre fue servir de cortafuegos a cualquier investigación inmediata o posterior y chivos expiatorios últimos, sencillamente porque los muertos de Leganés no pudieron hablar. Tampoco pudieron utilizar a gente del entorno de la ETA, fuesen o no infiltrados pertenecientes al mundo de las cloacas. Los autores intelectuales buscaron para la comisión de la masacre a gente especialmente adiestrada, técnicos en el manejo de explosivos absolutamente desconocidos en el submundo de los “servicios operativos” habituales, lleno de infiltrados y de confidentes a sueldo.



Me refiero a un comando de "especialistas” cualificados procedentes de cuerpos militares, policiales o parapoliciales indetectables vinculados a un Servicios de Inteligencia capaz que garantizar la impunidad de la operación criminal. Ni siquiera pudieron atreverse a utilizar "especialistas" a sueldo, como los hampones que fueron chapuceramente reclutados en los bajos fondos de Marsella por los servicios secretos españoles para utilizarlos en algunos de los crímenes realizados por los GAL, otro grupo que, como es bien sabido, nació y fue dirigido y financiado desde el Ministerio del Interior. Sacarlos del país acto seguido de colocar las bombas en los trenes no era una operación que ofreciera especiales complicaciones, sobre todo si se trató de pequeñas bombas lapa con explosivo militar, colocadas de madrugada en las playas de los trenes. Es lo más lógico, lo más seguro, lo más sencillo y lo menos peligroso para un pequeño comando profesional bien adiestrado: prácticamente, riesgo cero.

Comando de sabotaje


5º) Según los expertos en Servicios de Inteligencia, «la manera más simple de hacer un atentado bajo bandera falsa consiste en organizar un ejercicio militar que simule exactamente el atentado que se quiere cometer». Esta reflexión sirve para alertarnos de un hecho extraordinario apenas divulgado por los medios de comunicación y por el que todos los comentaristas han pasado de puntillas: al igual que los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y los del 7 de julio de 2005 en Londres, los atentados de Madrid coincidieron con un simulacro de ataque terrorista en suelo europeo. Desde el día 4 de marzo hasta el día 10 del mismo mes de 2004, la OTAN estuvo realizando su ejercicio anual de gestión de crisis, llamado CMX 2004, y ya es coincidencia que el 11 de marzo, al día siguiente de finalizar el operativo, las bombas de verdad estallaran en los trenes de Madrid.

El escenario trazado aquel año por la Alianza Atlántica era precisamente un gran ataque terrorista de Al- Qaeda en países occidentales que causara unas doscientas víctimas. En España, participaron en el ejercicio la Presidencia del Gobierno, el Ministerio de Defensa y el CNI (los Servicios Secretos españoles). Pero no se sabe si el ejercicio incluyó la realización de maniobras en la capital española, ya que los datos sobre dichas maniobras son confidenciales. No obstante, y en cualquier caso, todos los controles operativos que son activados en caso de guerra o situaciones de emergencia extrema, tanto civiles como militares, estuvieron bajo el control de la OTAN las fechas en las que el comando se dedicó a montar los explosivos y colocarlos en los vagones de los trenes.



En una de las pocas menciones de aquel simulacro aparecidas en la prensa, el diario español El Mundo escribió lo siguiente: «La similitud del ejemplo diseñado por la OTAN con lo sucedido en Madrid es escalofriante y ha impresionado a los diplomáticos, militares y servicios de Inteligencia que participaron en el simulacro apenas horas antes».

Teniendo en cuenta estos hechos y la indudable raíz geoestratégica de los atentados del 11-M, algunos analistas que han rastreado la pista atlantista se han inclinado a atribuir la ejecución de los atentados a un comando secreto de la OTAN similar a los que operaron en la Trama Gladio: "La OTAN, cuyo pasado terrorista está fehacientemente demostrado, disponía del conocimiento, de los medios logísticos y tenía además un móvil para realizar esa operación. Si se abriera una nueva investigación judicial, el sospechoso principal debería ser la OTAN", escribe el analista Mathieu Miquel en la Red Voltaire, argumentando que "si la OTAN estuviera implicada en atentados como los de Madrid, la decisión estratégica de recurrir a la acción secreta hubiese tenido que contar con el aval del Comité de Coordinación de los Aliados y presentar un objetivo preciso. La concepción táctica de cada operación, incluyendo la de Madrid, hubiera estado exclusivamente en manos de Estados Unidos y del Reino Unido, sin poner al tanto a los restantes Aliados". No obstante, un elemental sentido lógico me hace pensar que si bien el despliegue operativo atlantista pudo servir de camuflaje para la colocación de las bombas en los vagones de los trenes de cercanías y hasta como telón cortafuegos en el caso de que se hubiera producido algún incidente fuera de lo previsto en la operación de sabotaje, el hermetismo exigido para llevar a cabo un acto tan criminal a espaldas de su Gobierno contra un país miembro de la Alianza, me lleva a descartar, siquiera como hipótesis, la autoria de la OTAN en el 11-M. La única garantía de impunidad es que el comando militar especializado en colocación de explosivos que actuó en Madrid perteneciera a un Servicio de Inteligencia ultrasecreto absolutamente desvinculado de cualquier cadena de mando, oficial o no, perteneciente a la OTAN.



Repasando otras coincidencias, cabe mencionar que el mismo día en que entró el coronel Tejero en el Congreso de los Diputados, 24 de febrero de 1981, el Strategic Air Commmand (sistema de control aéreo estadounidense) anulara el Control de Emisiones Radioeéctricas (CONERAD), mientras que un contingente significativo de la VI Flota permanecía frente a las costas de Valencia en misión de “vigilancia mediterránea”.

No es menos llamativo que el avión B-737 de la CIA, con matrícula N313P, aterrizara el 9 de marzo de 2004 en el aeropuerto de Son Sant Joan, en Palma de Mallorca, para despegar el día 12, siguiente a los atentados, con destino oficial al aeropuerto de Orebro, situado en las proximidades de Estocolmo, según constaba en la hoja de ruta, aunque en realidad puso rumbo a Bagdad, donde los norteamericanos mantenían su enorme contingente militar de ocupación, así como los comandos adiestrados en operaciones especiales y Servicios de Inteligencia de todas las agencias secretas habidas y por haber. Pero ya digo, que, seguramente estos hechos no querrán decir nada y que debe tratarse de coincidencias, como todas la extrañas circunstancias nunca explicadas que tienen relación con el 11-M. 


Boing N313P de la CIA en el aeropuerto de Sont Sant Joan

El “Diario de Mallorca” desveló en exclusiva que la tripulación del avión al completo enmascaró su personalidad real con pasaportes británicos falsos, no constando “que tuvieran ningún tipo de autorización por parte de las autoridades españolas para operar en territorio nacional con identidad supuesta y en en el ejercicio de misiones oficiales".

6º) Los autores intelectuales de la masacre sin duda pensaron, tal como sucedió, que asegurado el éxito de la operación y consolidado su poder invisible dentro del organigrama oficial gracias a la contundencia del golpe, nadie se lanzaría inmediatamente a hacer preguntas o investigaciones raras; prueba de ello es que la discusión de si fueron galgos o podencos todavía perdura como un eco nefasto de la intoxicación. Que hoy en día, a todos los implicados en la colocación de las bombas se los haya tragado la tierra —y no hablo en sentido figurado— es una hipótesis plausible: los “accidentes” por encargo son cosas de todos los días en ese submundo turbio, en el que las empresas contratadas y vinculadas a los servicios de inteligencia son las delegadas de hacer los trabajos más sucios o peligrosos. Como ilustración orientadora, recomiendo vivamente la lectura de la última y desasosegante novela del gran John le Carré, titulada “Una verdad delicada”, en la que pone a disposición del lector su conocimiento, permanentemente actualizado, derivado de los años en los que trabajó en los servicios británicos de inteligencia.



7º) Los actores de la “operación camuflaje” que construyen las pruebas falsas constituyen subgrupos de poder dentro de los mismos Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado que les sirvieron de cobertura institucional y funcional, a la vez que operativa. Estoy absolutamente convencido, como ha afirmado Fernando Múgica, que los responsables últimos de la escala jerárquica oficial (pro-PSOE o pro PP) desconocían, antes de la comisión del 11-M, la existencia de este plan criminal. Pero, su cobertura obligada fue pensada para que, a posteriori, todos resultasen posibles implicados después de haber participado en la fabricación de las tramas y pruebas falsas con las que, unos y otros, rellenaron la gran mentira de la versión oficial. En esto, las altas instancias actuaron teniendo en cuenta una lógica evangélica: ¡Quien esté limpio de pecado, que arroje la primera piedra!



La autoría reversible para jugar desde el principio a dos bandas, ETA e islamistas, requería también sendos tipos de explosivos que correspondieran a cada una de las dos opciones con las que engañar a la opinión pública: goma-2 ECO y Titadyn. Dos magníficas cortinas de humo casi tan impenetrables como si hubieran sido de acero y que impidieron, de hecho, que nadie pensara inmediatamente en la posibilidad de una tercera autoría que rompiera la dualidad inicialmente establecida.



Para que quienes colocaron las bombas en los trenes se desvanecieran en el aire fue imprescindible la cobertura que les proporcionó la desaparición de las pruebas materiales de su acción criminal, pues del conocimiento inmediato e indubitado de los explosivos utilizados se habrían podido extraer conclusiones muy aproximadas acerca de la autoría en muy poco tiempo. Una de las acciones más escandalosas en relación con los atentados del 11-M está en que los restos de los trenes fueron desguazados y achatarrados, en lugar de conservarlos como prueba de cara al juicio, tal como exige la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Sin embargo, el análisis detallado de la documentación aportada por Renfe y de las hojas de características de los propios vagones revela que, además, durante el proceso de achatarramiento y desguace "desaparecieron" más de noventa toneladas de material, cuyo destino ha quedado sin saberse, aunque con posterioridad se encontraran elementos que han sido obviados por las investigaciones policiales, de tal modo que ni un solo fragmento de este material fue entregado a los peritos encargados de determinar, durante el juicio de la Casa de Campo, qué tipo de explosivos fueron utilizados para la voladura de los trenes. Del mismo modo, decenas de restos electrónicos recogidos en los trenes fueron reducidos a polvo en una trituradora industrial de las afueras de Madrid y, para colmo, los informes detallados de los análisis realizados a las muestras recogidas en los trenes jamás fueron adjuntados al sumario del 11-M.


Tribunal del Juicio del 11-M

En lugar de ello, a la opinión pública se le dijo que el explosivo utilizado era Goma 2-ECO, sobre la base de dos pruebas aparecidas fuera de los trenes: un resto de explosivo supuestamente encontrado dentro de la furgoneta Renault Kangoo encontrada en Alcalá de Henares y la bomba no explosionada que apareció por arte de birlibirloque en la comisaría de Vallecas.

Pese a que, para rematar la ocultación, terminaron lavando los restos con acetona y espolvoreando el guiso final con metenamina, una tercera barrera para a acceder a la determinación inequívoca del explosivo verdaderamente utilizado. En el análisis de las pruebas periciales ordenadas por el juez Gómez Bermúdez, aparecieron componentes que no forman parte de la Goma 2-ECO (nitroglicerina, dinitrotolueno), que la versión oficial sostuvo hasta el final del juicio como el explosivo utilizado en los atentados, con la férrea obstinación de la Fiscalía del Estado y, obviamente, con la aquiescencia de los tres jueces que firmaron la documentación oficial, presididos por el propio Gómez Bermúdez, cuya sentencia del Juicio de la Casa de Campo fue modificada en el último minuto, eliminando de la redacción original aspectos que hubieran hecho desmoronarse el castillo de naipes de la versión oficial y obligado a realizar una nueva investigación, libre de manipulaciones. Citando al magistrado Alfonso Guevara, el escandaloso resumen de la sentencia leída por Gómez Bermúdez ante los medios de comunicación no fue consensuado con los otros dos miembros del tribunal. Es decir, que aquella obscena escenificación, con la que se pretendía desacreditar las rigurosas investigaciones periodísticas relacionadas con los atentados del 11-M, fue obra exclusiva del presidente del tribunal.


Javier Gómez Bermúdez

Lo mismo que cualesquiera de las dos opciones (ETA-islamistas) de la autoría reversible son resultantes de un montaje fabricado para ocultar la verdad, con los explosivos reversibles ocurre otro tanto: que ambos fueron utilizados para oscurecer desde el inicio las claves de la investigación y ocultar el rastro del verdadero explosivo empleado para volar los trenes, que no fue ni goma-2 ECO, ni Titadyne, sino un tercer explosivo mucho más dañino, con lo que la cantidad a colocar para producir la devastación deseada fuese menor, su transporte resultara más fácil y su colocación mucho más segura.

El estudio de los focos de explosión apunta a que se emplearon artefactos mucho más manejables que unas mochilas y que el explosivo utilizado fue semtex u otro de parecidas características. Este explosivo plástico es moldeable, inodoro, fácil de usar, estable durante muchos años, apto para ser combinado con otros explosivos y sus cargas son fáciles de armar, estabilizar y detonar. Otro posible explosivo pudo ser el RDX (también conocido como ciclonita o T4, que explicaría la aparición de los rastros de metenamina en las muestras del 11-M analizadas por los peritos), que fue el utilizado por el comando del Gladio en el atentado de la estación de Bolonia, así como por ETA cuando cometió el atentado en la terminal del aeropuerto de Barajas el 30 de diciembre de 2006 y que, de manera sorprendente (o no, según cómo se mire) el presidente Rodrígez Zapatero calificó de “accidente”, tal vez usando este calificativo en relación con las negociaciones que por aquel entonces llevaba a cabo con los representantes de la banda terrorista y cuyas consecuencias (entre otras, la eliminación de la doctrina Parot acerca del cumplimiento de penas) siguen determinando buena parte de la política del Gobierno del Partido Popular, presidido por Mariano Rajoy.


Explosión en la T-4 del aeropuerto de Barajas

El empleo de un explosivo distinto de la goma-2 Eco encontrada en los providenciales cartuchos que aparecieron, como llovidos del cielo, en las proximidades del bloque de viviendas donde estaba el piso de los terroristas de Leganés, explicaría el misterio de la profanación y quema del cadáver del GEO Torrenteras, que participó en el asalto al piso antes de que reventara: con la exhumación de su cadáver hubieran podido analizarse restos de orina, sangre o ADN, demostrándose que estuvo en contacto con otro tipo de explosivo, con todo lo que esto hubiera implicado. En mayor abundamiento, cuando llegaron al lugar del atentado los primeros TEDAX y observaron los efectos de las explosiones, su primera impresión fue que lo que había estallado era un alto explosivo militar, C3 o C4 que lo hace a unos 8300 m/sg, o tal vez semtex que lo hace a 9000 m/sg.


Explosivo plástico "SEMTEX H"

Volviendo a la secuencia cronológica de aquel fatídico jueves 11 de marzo, las comparecencias en la televisión de personalidades de la vida pública española culminó a las 20:30 horas con el mensaje del rey Juan Carlos condenando el atentado y solidarizándose con las víctimas. Llama la atención que dicho mensaje, en el que el Rey no hizo ninguna referencia explícita a ETA ni a Al-Qaeda, fuese emitido en Estados Unidos entre veinte y treinta minutos antes que en la propia España, un "detalle" que podría manifestar el interés gubernamental por hacer saber a Washington que las cosas se encaminaban en función de lo que con antelación estaba previsto.

El retraso en la emisión televisiva del mensaje del Rey se debe a la comparecencia realizada unos minutos después de las ocho por el ministro Acebes. Juan Luis Cebrián, director de El País, afirmó: “Se sabe que el monarca pidió que, antes de su declaración, el Gobierno compareciera en público para dar a conocer que existían otras líneas de investigación diferentes a las que se habían anunciado a mediodía”. De hecho, el diario francés Libération, en un artículo titulado “Atentados del 11 de marzo: una intoxicación llevada en directo por Aznar”, sostuvo que el Rey solicitó en la tarde del jueves al presidente Aznar que se retractara de la teoría que responsabilizaba a ETA de los atentados en Madrid. La estrategia informativa planeada por el Gobierno “llega a provocar tensiones con el jefe de Estado, el rey Juan Carlos”. Según la información de este diario, “al atardecer, el Rey decide dirigirse a los españoles. Pero exige al Gobierno que reconozca públicamente, antes de intervenir, que la pista islámica no está excluida”. Y, en efecto, Ángel Acebes reconoce en la rueda de prensa que acaba de "dar instrucciones para que no se descarte ninguna y se abran todas las vías de investigación...". Mejor será no hacer comentarios que podrían llevarnos demasiado lejos.


Rey Juan Carlos I

El caso es que el viernes 12 de marzo de 2004, día siguiente a los atentados, el Gobierno, con José María Aznar a la cabeza no podía seguir manteniendo que la autoría etarra de la masacre era indudable. Persistir en la autoría de ETA hubiera debido suponer la inmediata detención de los terroristas previstos, es decir, los detectados y seguidos desde hacía tiempo por los servicios secretos infiltrados en la organización y por la red Echelon. O sea, que los servicios de inteligencia estadounidenses fueron, en simultaneidad con los franceses (y tal vez otros), los primeros en saber con toda seguridad que la ETA “oficial” no había participado en la masacre. Pero, claro, las previstas detenciones de etarras hubieran colocado al Gobierno en una posición insostenible porque, con tal de no cargar con los muertos del atentado, habrían cantado, y no precisamente “La Traviata”. Algo que no convenía al Gobierno y, desde luego, a la oposición todavía menos, pues habrían salido a relucir demasiados trapos sucios, entre ellos las negociaciones que el PSOE venía llevando a cabo con la banda terrorista a espaldas del Gobierno.



Resulta, pues, flagrante, la complicidad de los dos grandes partidos en encubrir la verdadera autoría de la masacre: ambos salían ganando con la mentira oficial que, cada uno por su lado, comenzaron a fabricar después de que estallaran las bombas en los trenes de cercanías. Sobre todo, la situación era particularmente explosiva para el Gobierno, pues si el control de la situación pasaba a otras manos, era de temer que saliese a la luz el simulacro concebido como atrezzo para dar verosimilitud a que en esos precisos momentos pre-electorales fuera detenida la cúpula de ETA. O peor todavía, que la trama policial afín al PSOE hiciera pasar la masacre como consecuencia o prolongación del simulacro de atentado argumentando que a los ejecutores del “trabajo” se les había ido la operación de las manos.

Cuando la primera preocupación de unos y otros era ocultar la verdad o aprovechar las circunstancias para su beneficio, cualquier mentira resultaba posible. El cambio de Gobierno en ciernes hubiera servido para que Aznar y los suyos, absolutamente derrotados, apareciesen como los autores de la masacre que intentaron atribuir a ETA. Aznar evitó que le pudieran endosar la terrible papeleta, que habría supuesto la desintegración del Partido Popular. Por eso, después de un acto reflejo para atribuir a ETA la autoría, tuvo que aceptar precipitadamente que la atención fuese desviada hacia los moritos poco después de que apareciera la furgoneta Renault Kangoo, que indudablemente forma parte de la tramoya policial afín al PSOE, que llevó en todo momento la iniciativa y que culminó con la detención de Jamal Zougham. Así pues, era imprescindible para ambos partidos contendientes en los comicios encontrar inmediatamente otros culpables alternativos a los terroristas etarras. Lo que llamé en septiembre de 2009, antes que nadie lo hiciera, “la autoría reversible”.



Ante la falsa disyuntiva de etarras o moritos pelanas, no había otra posibilidad que elegir a los segundos. El Gobierno Aznar había perdido completamente el control de la situación y sabía que los días en el poder de su Partido estaban contados. El hecho crucial que marcó su rendición total vino determinado por la comprobación de que tanto Francia como “el amigo americano” apostaban decididamente por la autoría islamista frente a la atribución etarra. Y es sabido que quien manda, manda. Otro factor que urgía la rendición inevitable era el rumor, estratégicamente propagado, consistente en que otros atentados estaban dispuestos para ser cometidos en lugares ya designados por la misma trama secreta que organizó y llevó a cabo la masacre en los trenes de cercanías. Según creo, fui yo quien por primera vez usó el concepto de "autoría reversible" en el Blog de Luis del Pino, aunque este detalle carezca de importancia. 

¿Estaba informado Rodríguez Zapatero de la trama secreta que desde las sombras trabajaba activamente en la fabricación de buena parte de las falsas pruebas que fueron apareciendo para que se consolidase la autoría islamista? Hace años que vengo manifestando que no. Zapatero era por aquel entonces demasiado insignificante entre los suyos como para estar al tanto de nada. Además, los tontos cuanto menos sepan, mejor. Lo que si tuvo claro bien pronto, asesorado y orientado convenientemente, es que sacaría partido de la situación y que la sangre de los atentados le conduciría al poder en volandas. Al igual que a los diversos medios informativos, con el grupo Prisa a la cabeza, descubrir la verdadera autoría era lo que menos importaba en esos momentos trágicos a nadie.

Los suministradores de los explosivos, previamente escogidos entre los soplones asturianos de la Policía y de los servicios de inteligencia para cubrir el expediente acerca de la procedencia del material utilizado, debieron de ser reciclados a toda prisa para que, en vez de aparecer como colaboradores de ETA, lo fueran del terrorismo islamista. Había que mover los peones todo terreno que los servicios secretos tenían a su servicio, empezando por Rafa Zuhier, figura clave para tejer las tramoyas del Chino o de la casa de Morata de Tajuña y convertir a soplones y delincuentes comunes en colaboradores de la trama islamista y a otros en los mártires de Al-Qaeda que acabaron “inmolándose” en el piso de Leganés. Como lo más perentorio era presentar algún autor material de los atentados, para desviar la atención pública y satisfacer su lógica sed de tener pronto algún culpable, recurrieron a sus expedientes y a sus ficheros. Muy pronto alguien decidió que el mejor chivo expiatorio posible era Jamal Zougam.


El edificio de Leganés después de la gran explosión

Como hacer que Zougam apareciera como autor único hubiera resultado del todo increíble transcurrido muy poco tiempo, montaron todo lo aprisa que pudieron la operación de Leganés para sellar definitivamente el círculo de la autoría. Pero hasta entonces fue necesario mantener un “culpable” mediático que sostuviese la decisión adoptada de que el atentado había sido realizado por una trama islamista. Después de la muerte oficial de los componentes del comando terrorista, la decisión de sostener la acusación contra Zougam tuvo que mantenerse para no levantar sospechas de que su detención había sido realizada con la exclusiva finalidad de que apareciera rápidamente un culpable para neutralizar la autoría etarra.

Si nos fijamos, la detención tan prematura de Zougam carecía de cualquier tipo de lógica policial ya que se cargaba de raíz las investigaciones en marcha. Pensemos que si este hombre hubiese participado, junto con otros, en la colocación de las bombas en los trenes, lo operativo hubiese sido someterlo a vigilancia con todos los medios disponibles para detener a sus cómplices. En lugar de esto, y con la televisión en directo, es detenido a bombo y platillo para que sus posibles colaboradores tuvieran tiempo para desaparecer. Del todo increíble. Con toda razón, el comisario general de información de la Policía, Jesús de la Morena expresó tan tranquilamente en el Juicio de la Casa de Campo que “la detención de Zougam había sido "la mejor decisión de nuestra vida". Asombroso.


El comisario Jesús de la Morena presta declaración
 en el Juicio de la Casa de Campo

¿Por qué aparece y de dónde sale el nombre de Jamal Zougam? La historia es tan pasmosa como poco conocida: procede de la inteligencia francesa. La rapidez de las detenciones del 13-M se justificó diciendo que a los investigadores ya les "sonaba" el nombre de Zougam por una investigación efectuada años antes del 11-M. Los franceses enviaron a España en el año 2000 una comisión rogatoria relacionado al joven marroquí con Maher y Contelier, dos activistas presuntamente vinculados a la organización Ansar-Al-Islam. Lo que no se dijo es que esa investigación se debió a un curioso error judicial: en la comisión rogatoria enviada desde Francia se atribuye erróneamente (aparecía un número equivocado) a la madre de Zougam un teléfono encontrado en la agenda del terrorista francés David Courtailler. La Policía registró en aquella ocasión el domicilio de Zougam sin encontrar nada raro, pero desde entonces ya fue un hombre señalado para los servicios secretos españoles, aunque su negro destino ya venía marcado por los Servicios de Inteligencia franceses.



Para lograr detener en menos de cuarenta y ocho horas a los primeros responsables de la matanza de Madrid, nuestros investigadores tuvieron la inmensa suerte de encontrar una bomba sin estallar de procedencia desconocida en una comisaría. Y no contentos con eso, resulta que, a partir de esa bomba, identifican a Zougam, a quien  un curioso error judicial  había puesto en el punto de mira de la Policía cuatro años antes. ¿Puede alguien creerse esta cadena de coincidencias tan extraordinaria? Pues resulta que sí: todo el mundo, empezando por la Policía, la Fiscalía del Estado, los jueces del Tribunal de la Casa de Campo y todos los medios de “información” españoles.

Evidentemente, la única explicación racional es que quien puso la tarjeta telefónica en la mochila de Vallecas sabía a la perfección que Zougam estaba "marcado". Y bien marcado. Se eligió a conciencia a alguien que podía "sonar" rápidamente a los investigadores.

¿Cuándo se "elige" a Zougam como cabeza de turco? ¿Antes o después del 11-M? Si analizamos el episodio de la comisión rogatoria francesa, podemos tratar de sacar alguna deducción.


Jamal Zougham

Una opción bastante plausible es que se utilizara dicha comisión rogatoria para "marcar" a Zougam a conciencia, en cuyo caso, o estamos ante un "servicio” que las cloacas francesas hacen a sus conexiones españolas, o bien que se tratara de un encargo previo hecho por los servicios de inteligencia españoles a sus colegas galos. En cualquier caso, una operación tan reversible como casi todo lo que tiene que ver con el 11-M.

Desde luego que cabe preguntarse para qué se marcó a Zougam en el año 2000. No deja de ser curioso que la comisión rogatoria francesa se recibiera exactamente el día después de conseguir Aznar la mayoría absoluta, pero puede tratarse de otra simple casualidad. Lo que no parece casual es que las diligencias previas abiertas a partir de esa comisión rogatoria se cerraran tres días después del atentado del 11-S en Nueva York. Fuera cual la fuera la operación para la que se estaba reservando a Zougam, el atentado de las Torres Gemelas aconsejó que el marroquí fuera aparcado en una vía muerta hasta que fuera preciso echar mano de él.


París. Instalaciones de la Dirección General de Seguridad Exterior

¿Es posible que se estuviera marcando a Zougam para representar un papel en algo como el 11-M? ¿O se trataba de un "marcaje" genérico, que podía aprovecharse lo mismo para un roto que para un descosido? No lo sabemos. Algunos detalles parecen apuntar a que Zougam había sido elegido como cabeza de turco desde antes del 11-M. Por ejemplo, el hecho de que se cancelen las escuchas al móvil de Zougam y se intervenga el teléfono fijo de su locutorio escasos días antes del 11-M. O, por ejemplo, la peculiar historia de los hermanos Chatbi, con la que se refuerzan las sospechas acerca del supuesto islamismo de Zougam y Chaoui en los meses previos a la masacre y que conocemos por el testimonio directo de Fernando Múgica, cuando refiere la insistencia que le mostraron miembros del CNI para que en el año anterior al 11-M escribiera algún artículo en relación con esa peligrosa "célula de Lavapiés", tan radical e islámica, que coincidía con el locutorio de Zougam: ¿Adivinación? ¿Milagrosa visión del futuro en posesión de los servicios de inteligencia? ¡Qué cosas...!

De este modo es como Jamal Zougam se convirtió en uno de los trescientos marroquíes a los que el servicio secreto repasaba de vez en cuando por si estaba haciendo algo peor que delinquir con los teléfonos. De ahí que su nombre apareciera en el sumario del juez Garzón por el 11-S y en las supuestas agendas de Abu Dahdah, un "peligroso" islamista al que enviaron a la cárcel para vestir con un responsable la célula de Al-Qaeda en España, algo que nunca pudo ser demostrado, así como tampoco su participación en la autoría intelectual de los atentados del 11-M, acusación de la que resultó absuelto por falta de pruebas, aunque fue condenado por “pertenencia a banda armada”.


El ex-juez Baltasar Garzón, condimento imprescindible
para todos los guisos...
Más tarde pudimos saber cómo los medios policiales ocultaron informaciones que apuntaban a la inocencia de Zougam. En concreto, la Policía disponía de datos para poder corroborar que el marroquí estaba en el gimnasio que habitualmente frecuentaba la noche del 10 al 11 de marzo de 2004, a esas horas en que, según la versión oficial, los terroristas del 11-M estaban montando sus artefactos explosivos en una casucha situada en Morata de Tajuña.

Dos testigos distintos confirmaron la versión que Zougam dio en el juicio, al situarle en aquel gimnasio entre las 10:30 y las 11:30 de la noche, lo que indicaría que el marroquí no pudo participar en los preparativos de la masacre la noche anterior al atentado. Ese dato se suma a otros indicios ya conocidos, como el hecho de que no se haya podido probar ningún contacto entre Zougam y el resto de los implicados, o como el hecho de que no apareciera huella o rastro de su ADN en ninguno de los escenarios del 11-M.

Pero, más importante aún que el que esos testimonios corroboren la coartada de Zougam, es el hecho de constatar que la Policía, disponiendo de esos datos, no los adjuntó al sumario, privando así al inculpado de sus posibilidades de defensa. Esa injustificable omisión constituye una prueba más de que existió una voluntad deliberada de "demostrar" a toda costa que aquel marroquí, detenido en plena jornada de reflexión de las elecciones generales, era culpable de los atentados.

Recordemos que esos intentos por probar a toda costa la culpabilidad de Zougam llegaron hasta el punto de enviar al juez dos informes en los que se afirmaba, falsamente, que había comercializado un cierto lote de tarjetas telefónicas, cuando la Policía tenía en su poder la declaración de otro marroquí, que reconocía haberlas comercializado él. No solamente se ocultaron las pruebas relativas a la asistencia de Zougam al gimnasio la víspera del atentado, sino que tampoco se adjuntaron al Sumario los datos contables proporcionados por la gestoría que llevaba las cuentas de su tienda de telefonía, a pesar de que esos datos contables hubieran permitido corroborar, o desmentir, la versión oficial sobre la comercialización de las tarjetas telefónicas supuestamente usadas en las bombas del 11-M.

Siguiendo la secuencia temporal de los hechos acaecidos durante la tarde del viernes 12 de marzo, los investigadores fieles a la línea de mando controlada por el Gobierno que habían apostado de buena fe por la pista de ETA sintieron alivio cuando se enteraron de que habían encontrado una tarjeta de teléfono en la mochila que no explotó y que era de fabricación francesa. Creyeron que el rastreo de esa tarjeta les llevaría hasta el enclave etarra de San Juan de Luz. Por eso, agentes del CNI llamaron a sus fuentes para comunicarles que la pista de ETA cobraba, de nuevo, fuerza y que era todavía la más fiable, a pesar de todos los demás indicios. De ahí que el ministro del Interior, Ángel Acebes, saliese de nuevo en televisión esa tarde convencido de que muy pronto estaría en condiciones de poder demostrar que la pista etarra era la verdadera. A mayor abundamiento, los expertos en terrorismo islamista habían aportado dos nuevas valoraciones que consideraban claves a la hora de descartar a Al-Qaeda: esta organización nunca reivindicaba sus atentados hasta después de un mes y medio de haberlos cometido y, sobre todo, sus comandos jamás habían robado ningún vehículo, como la furgoneta en la que se encontró la casete coránica, para realizar sus acciones armadas, pues los vehículos que utilizaban eran siempre comprados o alquilados.

Pero el viernes a las 12 de la noche, cuando todavía los gobiernos británico e italiano comunican a Madrid que en su opinión la autoría es de ETA, la tarjeta del móvil no lleva a ETA sino a Zougam. Los islamistas vuelven entonces a ser los primeros sospechosos y ya nadie se atreverá a insinuar siquiera la posibilidad de que ETA estuviera involucrada. Hacía ya horas que, por puro sentido común, se había paralizado la operación organizada para esa noche y consistente en la detención de toda la cúpula etarra. Pero, como ya he dejado dicho, desde Francia los vientos arreciaban en otra dirección: nada menos que la juez francesa antiterrorista Le Vert llamó a una alta personalidad del PSOE para advertirle que los expertos franceses descartaban totalmente la participación de ETA en el 11-M. Un camarero, que se encontraba sirviendo la mesa donde se recibió la llamada, contó que en ese momento uno de los comensales pidió el champán más caro de la casa y exclamó exultante: “¡Hemos ganado las elecciones!".


La juez francesa Laurence Le Vert

Dos horas y media más tarde, como consta en la fecha y hora de algunos de los e-mail que se difunden desde el PSOE, comienza a propagarse la idea de que el Gobierno miente y de que hay que manifestarse ante las sedes del Partido Popular en una gigantesca operación de agitprop, por la que nadie ha rendido cuentas ante la justicia. Quiero resaltar, por si alguien no se ha fijado, que si el Gobierno de Aznar mintió fue en la dirección inversa a la que sus enemigos le acusaron: no por negarse a aceptar la autoría islámica para inculpar a ETA, sino por propiciarla a la fuerza sabiendo que era falsa. Que fue exactamente lo mismo que hicieron los dirigentes del PSOE y sus apoyos mediáticos. Los atentados del 11-M se habían convertido inexorablemente en una operación más de "falsa bandera" y, además, reversible: cualquiera que hubiese sido la apuesta del Gobierno ante la adjudicación de la autoría, sus poderosos enemigos tenían en sus manos un comodín para poder acusarlo de mentir a la opinión pública con el fin de utilizar en su provecho electoral los muertos del 11-M, que fue exactamente lo que hizo el PSOE.

En la infame partida de ocultación que se puso en marcha no solamente estaban interesados los investigadores nacionales. Como no podía menos de ser en una operación de trascendencia política internacional, otras inteligencias extranjeras con conexiones en los servicios secretos españoles se movieron rápidamente con la voluntad expresa de colaborar oficialmente en el operativo puesto en marcha por las autoridades españolas. Pero el Gobierno de Aznar, cercado por las adversas circunstancias y también porque a esas alturas sospechaba de todo el mundo, se negó a permitirlo, por lo que los equipos de investigación que fueron ofrecidos por la CIA estadounidense y el Mossad israelí fueron rechazados de plano. Bastante tenía Aznar con no fiarse ni siquiera de sus propios servicios de inteligencia, algo que fue deplorado más tarde por Jorge Dezcallar, director del CNI, quien por cierto, fue recompensado con la Embajada de España ante la Santa Sede, en donde presentó sus credenciales el 18 de junio de 2004, permaneciendo en el puesto hasta febrero de 2006, un pequeño detalle que viene a corroborar al pie de la letra el viejo refrán de que “todos los caminos conducen a Roma”. Posteriormente se integró en la actividad privada como consejero internacional de Repsol YPF, aunque el premio gordo a su carrera diplomática le llegó en julio de 2008, cuando el Consejo de Ministros lo nombró embajador en Washington, la nueva Roma, sede representativa del Novus Ordo Seclorum y capital del Sacro Imperio Otánico, S.A.







No hay comentarios:

Publicar un comentario