jueves, 29 de agosto de 2013

Islam e islamismo a debate






Por ser un asunto que suscita en la actualidad una gran controversia, derivada de los acontecimientos encadenados que a velocidad desbocada marcan el escenario del Oriente Próximo, acaparando portadas y titulares de la prensa internacional (escrita o digital), he creído pertinente reunir en esta entrada de mi Blog una serie de comentarios que tienen en común su procedencia, determinada por sendos artículos escritos por D. Luis del Pino.

La primavera árabe y la ignorante hipocresía occidental, por Luis del Pino

Publicado en su Blog de Libertad Digital



Hasta el año 1964, la mayoría de los libros de cómics que se vendían en los países árabes, estaban escritos en francés o inglés. Y a un avispado editor libanés se le ocurrió que aquellos cómics occidentales se venderían mucho más si se publicaban en árabe.

Así que la empresa Illustrated Publications sacó al mercado la versión en árabe de Supermán. Las viñetas eran exactamente las mismas, pero el protagonista no se llamaba Clark Kent, sino Nabil Fawzi, y no trabajaba para el periódico Daily Planet, sino para el Al-Kawkab Al Yawmi. El resto de los personajes estaban, igualmente, arabizados. De la misma manera, Illustrated Publications sacó al mercado sendas versiones de Batman (que se llamaba Sobhi en árabe), de Tarzán y de otros cómics famosos.

El comienzo, por supuesto, no fue sencillo. Traducir los textos de los viñetas al árabe resultó al principio muy complicado, porque el árabe es mucho menos conciso que el inglés, así que hubo que formar a traductores que actuaban con bastante libertad a la hora de modificar los textos, de modo que cupieran en el espacio disponible.

También hubo, por supuesto, que tener en cuenta que los árabes escriben y leen al revés. Eso no solo significa que las palabras se escriben de derecha a izquierda, sino también que las propias viñetas de cada historia tienen que estar dispuestas de derecha a izquierda. Y los propios cómics tienen que leerse empezando por lo que para nosotros, los occidentales, sería la última página.

Lo ideal hubiera sido volver a componer cada página viñeta a viñeta, para tener esto en cuenta. Pero como eso hubiera elevado mucho los costes de edición de los cómics, la empresa optó por otra solución más imaginativa: se limitó a invertir el fotolito de cada página (es decir, a dar la vuelta a cada página completa) y a ordenar los fotolitos de atrás hacia delante. De ese modo, la primera viñeta de cada historia quedaba en la parte superior derecha de la página que para nosotros los occidentales sería la última.

Sin embargo, lo que se conseguía con eso era que los niños árabes leyeran las historias de Supermán como si cada viñeta estuviera reflejada en un espejo. Así que pronto, la empresa comenzó a recibir cartas de extrañados niños que preguntaban por qué en las viñetas la S del traje de Supermán aparecía al revés.

Sea como sea, la experiencia fue todo un éxito y en poco más de seis años estaban ya vendiendo más de dos millones y medio de cómics anuales en 17 países árabes distintos. Según los cálculos de la propia empresa, 260.000 niños árabes consumían de modo habitual aquellas historietas occidentales arabizadas, lo que demuestra, al final, que los niños son niños en todas partes del mundo, sea cual sea su cultura.

Igual que las personas son personas en todas partes del mundo.

Hace ya casi tres años que asistimos en el Norte de África y Oriente Medio a las convulsiones derivadas de lo que se dio en llamar la primavera árabe. Y si algo ha quedado claro en todo este tiempo es que Occidente no sabe cómo demonios encarar el problema. Parecemos debatirnos entre el deseo de exportar la democracia a esos países y el deseo de mantenerlos convenientemente sojuzgados por dictadores amigos de las grandes potencias. Decimos que queremos que esos países tengan libertad y al mismo tiempo nos escandalizamos cuando votan libremente y no eligen lo que nos apetecería a nosotros. Afirmamos muy solemnemente que venimos a salvarlos de la dictadura teocrática y la solución que proponemos para ello es la dictadura militar.

Ni siquiera nos atrevemos a expresar abiertamente todas esas cosas, porque en el fondo lo que Occidente está diciendo es que los pobres árabes son unos incultos atrasados que no están preparados para la democracia. Y desdeñamos su religión como si no fuera otra cosa que un credo terrorista y opresor. Manifestamos de modo continuo un ignorante desprecio hacia el Islam, hacia los musulmanes y hacia lo árabe que a veces raya en el clasismo más casposo y a veces cae en el más descarnado racismo.

Y encima, ni siquiera somos coherentes en nuestra hipocresía falsamente democrática: si lo que quería Occidente, al final, es mantener a esos países bajo la bota militar, ¿para qué alentó en su momento el derrocamiento de los dictadores laicos que ya estaban asentados?

Me pregunto si hay mucha gente en Occidente que piensa en términos de seres humanos, en lugar de guiarse por prejuicios religiosos o raciales. Me pregunto si hay mucha gente consciente de que los niños árabes son iguales a cualquier otro niño, y de que los padres musulmanes quieren a sus hijos e hijas tanto como pueda quererlos cualquier padre occidental. Y de que los árabes desean, por regla general, lo que cualquier occidental desea: sacar adelante a su familia, disfrutar lo más que puedan de una vida que es siempre demasiado corta y gozar de la máxima libertad posible.

Me pregunto, en definitiva, si hay mucha gente que dedica un solo minuto a preguntarse "¿Qué pensaría yo de lo que Occidente hace y dice, si hubiera nacido en Egipto o en Marruecos?".

Pretendemos exportar nuestras soluciones políticas y nos escandalizamos cuando ellos quieren hacer las cosas a su manera, sin darnos cuenta de que les estamos exigiendo, sin ningún derecho, que renuncien a ser ellos mismos. Mal puede predicar o difundir la libertad quien no comienza por respetar al otro.

Sin quererlo, cogemos nuestra visión de la sociedad y tratamos de imponérsela a capón, sin darnos cuenta de que, en el proceso, estamos escribiendo la historia por lo que para ellos sería la última página. Y sin darnos cuenta de que estamos escribiendo la D de Democracia al revés, por no respetar la forma que los árabes tienen de interpretar su propia sociedad. Con lo que nadie entiende nada.

Pero la culpa de todo ese malentendido no es de ellos. Es nuestra.

25 de Agosto de 2013 - 08:37:21 - Luis del Pino


Comentario de José Baena



He tenido que leer varias veces su artículo y el tono de superioridad lógica y moral que emplea para convencerme de que está escrito por la misma persona que, con rigor lógico y escrupulosidad forense, investigó los hechos y circunstancias vinculadas al 11-M, para llegar a conclusiones difícilmente rebatibles. Los años dedicados a estudiar hechos, comparar testimonios, analizar pruebas y todas las demás circunstancias que una investigación de semejante envergadura comportó, no fue ni seguirá siendo óbice para que una parte importante de la población le crea un iluminado de la peor laya y le aplique, con el mismo tono altivo e irrebatible que usted ahora emplea, el calificativo descalificador de “conspiranoico”, aplicable a todos aquellos que, como yo mismo, le hemos acompañado en la dura travesía del desierto.

Responder a todos y cada uno de los tópicos en los que cae y sobre los que monta sus inapelables juicios me llevaría demasiado espacio y resumir en cuatro líneas un análisis que debería tener en cuenta muchísimos factores, algunos muy complejos, para llegar a conclusiones aceptables, lo veo tarea imposible. Sí debo manifestarle que el tiempo que usted haya dedicado para analizar todo lo concerniente al 11-M es poco comparado con el que he dedicado yo a estudiar la compleja fenomenología del islam, su actual variante islamista y la Historia Contemporánea de los países musulmanes del Oriente Próximo, por los que he viajado y no exclusivamente como turista, ni muchísimo menos. Y desde ese conocimiento, puedo decirle que su argumentación está muy próxima o es identificable con ese complejo de culpa universal y relativismo absoluto con el que la progresía casposa (calificativo que usted usa) aborda la Historia para responsabilizar de todo lo malo habido y por haber a “eso” que usted llama Occidente, como si ese concepto fuera unívoco y no cupiera más acepción que la que utiliza en su discurso, que más me parece homilía que otra cosa.

A cada juicio, a cada afirmación, a cada generalización discutible que hace para que sus afirmaciones encajen y hasta parezcan deducirse del cuentecito del Superman arabizado, ocuparía muchísimas páginas de análisis pormenorizado y riguroso, porque la mezcla que hace de hechos, juicios, valoraciones, jerarquías, afirmaciones gratuitas y descalificaciones es de tal calibre que no puedo ni entrar en ellas. Sí decirle que esa “libertad” que usted esgrime como si fuera su administrador o dueño no puede servir de justificación para el ajusticiamiento por el deguëllo o la horca, según se esté en Arabia Saudí o Irán, para sancionar al disidente religioso que, según la sharía, es considerado apóstata y merecedor de la condena a muerte.

Esa "cosa" llamada islam no ha existido ni existe, ya que está vinculada a una realidad metafísica, por eso, y para entendernos, podemos decir que islam es lo que hacen los musulmanes, cómo interpretan sus textos sagrados. Dicho esto, es preciso reconocer, y es lo primero que usted olvida, que el concepto de islam comporta inexorablemente una praxis política y jurídica que nada tiene que ver con la razón, con el Derecho Internacional o con lógica alguna, ya que la voluntad de Alá, expresada en el Corán, está por encima de todo, manifestándose desde la manera permitida de limpiarse el culo, y le juro estoy hablando muy en serio, hasta la obligatoriedad del creyente a practicar la yihad exterminadora contra los propios musulmanes considerados apóstatas (takfir) en primer lugar y, en segundo, a los no musulmanes o infieles, entre los cuales estamos usted y yo. A no ser que se encuentre entre los primeros, porquer le haya dado el arrechucho de convertirse a la fe musulmana sin que los demás nos hayamos enterado.

26 de agosto a la(s) 1:42 – José Baena


Respuesta de Luis del Pino

Pues no consigo ver, leyendo su mensaje, en qué estamos en descuerdo, don José Baena Reigal. Si pretende convencerme de que las dictaduras teocráticas musulmanas son terribles, no se esfuerce: estoy convencido de antemano. Y POR ESO considero más urgente ofrecer a los musulmanes una salida distinta del falso dilema "o dictadura teocrática, o dictadura militar". Yo lo que quiero es que los musulmanes tengan el mismo derecho a elegir democrática y libremente a sus dirigentes que yo. Y no creo que usted esté sosteniendo que los musulmanes no deban tener ese derecho. Porque si lo único que ofrecemos a los musulmanes es imponerles por la fuerza dictadores militares o sátrapas, la única salida que les dejamos es, precisamente, recurrir al uso de la fuerza para imponer la teocracia.

En mi opinión (y, como le conozco, estoy seguro de que usted la comparte) lo único que puede hacerse es tratar de impulsar una vía a la turca para implantar la democracia en los países árabes, de forma que sean los propios habitantes de cada país los que controlen su propia evolución hacia una sociedad laica.

Lo que no funciona, desde luego, es imponer dictaduras militares que lo que hacen es mantener a la sociedad en el más absoluto atraso. Y la prueba la tiene usted en Egipto: después de medio siglo de dictadura militar, los egipcios han optado en las urnas por votar islamismo, LO QUE ES LA MEJOR PRUEBA de que la dictadura militar no hizo nada por sacar a su población del atraso y del medievalismo.

Por último, me niego a mirar con tanta superioridad moral a los musulmanes. Le recuerdo a usted:

1) que la mujer no ha tenido derecho a voto en la muy occidental Suiza hasta 1971, y en muchos otros países occidentales hasta la década de 1940.

2) que los negros eran considerados ciudadanos de segunda en algunos países occidentales no hace ni 50 años.

3) que a los homosexuales se los castraba químicamente o se los podía condenar a cadena perpetua en la muy avanzada Gran Bretaña hasta finales de la década de 1950.

4) que la esterilización eugenésica se practicaba y defendía sin ningún rubor hasta la Segunda Guerra Mundial en muchos países occidentales.

5) que somos los civilizados occidentales los que pusimos en marcha la mayor red de campos de exterminio racial, en Alemania, no hace ni 70 años.

Si alguien hubiera utilizado esos hechos para afirmar "los occidentales son unos salvajes, que demuestran no tener derecho a gobernarse democráticamente", a mi me hubiera parecido una generalización injusta y ridícula. ¿A usted no?

Pues, de la misma manera, dejemos que las sociedades musulmanas recorran el mismo camino, hacia una sociedad laica y avanzada, que a nosotros tanto nos ha costado recorrer (y que solo muy recientemente hemos terminado de transitar). Y ayudémosles a recorrerlo, en lugar de pretender, con dictaduras sanguinarias, mantenerlos en el atraso y condenarles a tener que elegir entre ser oprimidos por un espadón o ser oprimidos por un imán.

26 de agosto a la(s) 8:54 – Luis del Pino
 

                       Comentario de José Baena

Es una lástima que Madrid no me coja a mano, en agosto nada lo está excepto el mar junto al que vivo, para discutir con usted sosegadamente, a ser posible con mesa y mantel de por medio, en torno a este tema apasionante, al que he dedicado muchísimas horas de análisis, tanto teórico como vinculado a mi experiencia viajera por muchos países musulmanes (Egipto, Siria y Líbano entre otros), deslumbrantes, entre otras cosas, porque la vivencia supone, en muchos aspectos, un regreso a escenarios medievales que dejaron de existir en Europa hace bastante tiempo, aunque esta afirmación mía no deje de ser simplificadora y hasta discutible en muchos aspectos. Pero, para mi equilibrio mental, nunca he confundo la arqueología, la antropología o las verdades indiscutibles, teóricas y prácticas, dictadas por el Corán, con la realidad del mundo en que nos ha tocado vivir, ni tampoco me he metido a juez para decidir acerca de la conveniencia o no de que los países musulmanes sigan nuestras pautas políticas, supuestamente democráticas. Mi juicio acerca de que estén o no preparados para la democracia es irrelevante, dada que mi capacidad de decisión al respecto es tan nula como el peso de la pulga que se apeó del camello para librarlo de su peso, en la célebre fábula de Samaniego.

Acaba de afirmar su creencia en que “los musulmanes tengan el mismo derecho a elegir democrática y libremente a sus dirigentes” que usted, con lo cual, sin que se dé cuenta, cae en el mismo pecado que denuncia en los demás. Por el contrario yo no quiero ni, pretendo nada. La tarea del historiador no es la de pronunciarse acerca de estas cuestiones, sino la de actuar como el notario que levanta acta de lo que ve y se atreve a interpretar según las reglas del método científico, como ocurre en el resto de las ciencias. Ni más ni menos.

Con los marxistas convencidos es imposible mantener un debate serio, porque en su discurso utilizan un esquema anti-empírico (la dialéctica hegeliana) en el que insertan todos los elementos de recambio empíricos que haga falta, a modo de parches, para que la “razón histórica y científica” esté siempre de su parte. Y todo porque, como inmediatamente argumentarán, el marxismo no está sólo para explicar la historia, sino para cambiarla. Y esa es, exactamente, su manera de argumentar cuando afirma que debemos ayudarles en su camino “hacia una sociedad laica y avanzada” que, a lo que se ve, es su modelo o meta inevitable de una idea de progreso, que no deja de ser, como todo lo demás, otro juicio de valor “occidental”. No sé como no se da cuenta.

Por otra parte, su esquema analítico sirve tanto para un roto como para un descosido, como sucede con el sistema de pensamiento marxista. Me explico. La misma argumentación que utiliza para pedir que Occidente se abstenga de intervenir en Egipto para exportar su concepto de democracia, le servirá, no me cabe duda, para justificar la decisión, hace años tomada por Estados Unidos, de intervenir en Siria para derrocar el régimen de Bashar El-Assad en nombre de esos presuntos “motivos humanitarios” que usted mismo se ha encargado no ya de relativizar, sino de condenar, soslayándose de camino la verdadera finalidad del único interés que guía la política de Washington respecto a Siria, formalmente explicitada en mayo de 2012, cuando la OTAN y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) crearon el “Working Group on Economic Recovery and Development of the Friends of the Syrian People”, bajo la co-presidencia de Alemania y de los Emiratos Árabes Unidos, en cuyo marco el economista sirio-británico Ossam Al-Kadi elaboró un programa de reparto de las riquezas sirias entre los países miembros de la coalición que sería aplicado a partir del “día siguiente” a la caída del régimen sirio.

Dos puntualizaciones para terminar que estimo esenciales:

1ª) Una consideración teórica: Que no existe una sola materialización histórica del islam, sino fundamentalmente dos concreciones, la sunita y la chiita, con variaciones muy importantes, según los países a que nos refiramos, y que ambas concepciones están enfrentadas a muerte, por motivos religiosos de imposible conciliación, desde la muerte misma del Profeta. Así que los elementos básicos de la inevitable discordia dialéctica que surge de este maniqueísmo irreductible no es achacable Occidente, sino que se cuece a fuego lento con los jugos del propio islam. Otra cosa es que Occidente (es decir, Estados Unidos) aproveche esta circunstancia para fomentar enfrentamientos con el exclusivo fin de utilizarlos en su propio provecho, es decir, para implantar el Nuevo Orden Mundial controlado y dirigido desde Washington.

2ª) Una consideración empírica: Que esa voluntad occidental de intervenir en el mundo musulmán para defender su concepto de democracia (que es el mismo que usted aduce y aconseja) es pura falacia retórica. A Occidente le importa un pimiento la democracia (igual da que escriba la D al derecho que al revés) pues es un hecho constatable que el aliado más permanente y fundamental de EE.UU. en el mundo árabe es la petromonarquía de Arabia Saudí, exportadora del salafismo por todo el mundo y sede de la dictadura teocrática más feroz y antidemocrática existente en el planeta.

Así que sin aludir tan siquiera a la cuestión religiosa, al petróleo y la política seguida por los sucesivos gobiernos de Israel no es posible llegar a entendimiento alguno de los acontecimientos pasados, presentes y futuros que convulsionan y seguirán convulsionando a las naciones musulmanas del Oriente Próximo, en primer término, y a la paz del mundo, como consecuencia.

26 de agosto a la(s) 13:30 – Luis del Pino

El debate registró bastantes comentarios, más o menos interesantes, casi todos discrepantes con la tesis defendida por D, Luis del Pino, pero en los que se mantuvo el tono de respeto que necesariamente debe presidir este tipo de intervenciones. Entre ellas me he permitido escoger las dos que transcribo a continuación:

Comentario de Fernando de la Cigoña



Casi siempre estoy de acuerdo con el autor, por el que siento una enorme admiración. Sin embargo esta vez creo que fallan algunos puntos en su razonamiento. En primer lugar, la insistente manía de Occidente de asumir que la Democracia es un bien absoluto. La democracia es sólo una forma más de organizar los estados, en su obligación de servir a las sociedades. Creo que lo que hace Occidente es engañarse acerca de la voluntad real de la "mayoría" de la sociedad de los países musulmanes a constituirse en democracias al estilo occidental. Y un ejemplo es Mohammed Mursi. Ganó unas elecciones(concedámosle que de manera limpia aunque ni eso es seguro) y con el apoyo de la mayoría empezó a encaminar sus pasos hacia el totalitarismo teocrático. También Hitler ganó unas elecciones. ¿Es es la democracia que defendemos? ¿La simple opción de la mayoría aunque su opción sea exterminar al diferente?

En segundo lugar, puesto que la cosmovisión de los musulmanes se basa en la ley islámica en mayor o menor medida, los regímenes autoritarios se imponen como consecuencia casi inevitable. Y no se trata de denostar su religión, que supongo que tendrá algunos principios constructivos y sanos sino de constatar un hecho. Los más famosos filósofos musulmanes de la edad contemporánea desarrollan lineas de pensamiento que constituyen en realidad un programa político de panislamismo más o menos violento. Tal vez no sea casual que el que fue líder de los Hermano Musulmanes, Sayid Qutb, tuviera a un hermano, Mohammed, que fue mentor de Osama Bin Laden.

En tercer lugar, los países musulmanes han sido tanto más florecientes y más respetuosos con las libertad individual cuanto más firme era la mano del que dirigía el país. El Egipto de Mubarak era más próspero y más multicultural que el de Mursi, y me temo que también la Siria de Al Assad es mejor para la mayoría (menos aquellos que tenían prohibido predicar el exterminio de los chiíes y los cristianos) que lo que será la anarquía de los "nuevos demócratas". Y podríamos seguir con la Somalia de Siad Barre, con el Afganistán de Najibulá y muchos otros casos. Es curioso que a Saddam Hussein sí le defendiera casi toda la opinión pública. ¿Acaso no era un dictador como Al Assad? ¿Qué les diferencia? Es el ideario revolucionario y no el democrático el que se alinea con la subversión salafista disfrazada de democrática, porque sabe que es la oposición directa a la tradición occidental.

Llevo muchos años trabajando en países en conflicto. Respeto profundamente la personalidad de cada pueblo (aunque no las comparta) y he visto muchas veces que los pueblos (o gran parte de ellos, la gente humilde y trabajadora que no quiere acceder al poder para ser el nuevo tirano) quieren a sus gobernantes autoritarios mientras les garanticen la paz, el sustento y en muchos casos un ejercicio de la libertad individual que es superior a lo que solemos pensar en Europa. Los "nuevos demócratas" suelen ser lobos con piel de cordero. Conviene releer el comienzo del Manifiesto de los Persas que el autor del blog seguro que conoce mucho mejor que yo.

25 de agosto a la(s) 14:22 - Fernando de la Cigoña


                   Comentario de Álvaro Sánchez

“En el nombre de Dios, el clemente, el misericordioso.” Así comienza una conversación seria entre musulmanes y así entona un musulmán cuando va a comer o beber, porque comer y beber es lo más serio que se puede hacer en esta vida y hay que dar gracias a dios por ello. Da lo mismo que se sea un potentado de los emiratos del Golfo que un desgraciado porteador de Fez, hay que dar gracias a dios por ello. Ahora y hace ocho siglos. Porque para los musulmanes parece que no pasa el tiempo…

Recomiendo fervientemente a quienes pretendan entender lo que ocurre en los países musulmanes que estudien las guerras de religión en Europa. Es monstruosamente aburrido, pero merece la pena. Y, cuidado, que me refiero sólo a las que mantuvieron los cristianos entre sí, dejando de lado las cruzadas y contra el muslim en general. Por fijar unas fechas: desde 1517 hasta 1789, aunque acepto otras sin mayor problema.

Si los cristianos se han degollado entre sí a más y mejor durante tanto tiempo, es muy probable que los musulmanes precisen otro tanto (quizá menos tiempo, si tenemos en cuenta la aceleración de la Historia) para alcanzar la separación entre Iglesia y Estado, entre la religión como vivencia privada y manifestación pública; en definitiva, para que la teocracia no gobierne sus vidas, como en la actualidad no gobierna las nuestras.

En estos momentos, quizá lo más sensato que podemos hacer los occidentales es dejar que los musulmanes se hagan entre sí lo que no nos gustaría que nos hicieran a quienes no lo somos. A mí particularmente no me causa ni el más mínimo rubor que nos quedemos como espectadores. Sí, sé lo que estoy diciendo: son sus hijos, son sus mujeres, son sus maridos, son sus padres. Si no se preocupan ellos por ellos…

No nos engañemos. No existe ninguna primavera árabe y sí un otoño árabe, que amenaza un invierno inexorable: hay que elegir entre corruptos y yihadistas, musulmanes ambos, no existe ninguna otra opción. Entre malos musulmanes y buenos musulmanes. Si tenemos alguna posibilidad de entendernos, será con los malos musulmanes.

Y todo ello independientemente de ser perfectamente conscientes de lo que desde hace décadas sostienen los Estados Mayores de todos los países occidentales: hay que fijar uno o dos países musulmanes donde hacer la guerra para que todos sus yihadistas vayan a morir allí. Mejor que pongan sus bombas donde maten a su gente que las pongan donde maten a la nuestra. Como el Corán impone a los buenos musulmanes ir a liberar la tierra musulmana ocupada por el infiel o el hereje…

Esto es lo que pienso, “…pero dios es más sabio.” Así finalizan sus razonamientos los musulmanes y así les va. Porque los buenos musulmanes se lo creen a pies juntillas, y los malos, bueno, depende de lo que les pagues.

25 de agosto a la(s) 19:53 – Álvaro Sánchez

Los interesados en conocer todos los comentarios del debate pueden hacerlo pinchando en el enlace siguiente:



Las opiniones de Luis del Pino expresadas en Libertad Digital se completan con las que sostiene en otro artículo suyo publicado en una publicación distinta, esta vez en la revista de prensa digital “El Medio”, y que su autor transcribe en su su muro de Facebook.






¿Es compatible el islam con la democracia?
Por Luis del Pino

Publicado en su blog de "El Medio"


La tercera mayor democracia del mundo, con 237 millones de habitantes, es Indonesia. El 87% de la población es musulmana, a pesar de lo cual la libertad religiosa está constitucionalmente garantizada.

La indonesia no es una democracia perfecta, como tampoco lo son la española o la francesa. Pero es indudablemente una democracia, como reconoce el Democracy Index 2012 elaborado por The Economist. De hecho, analizando los distintos factores que permiten catalogar a un estado como democrático (pluralismo político, comportamiento del gobierno, cultura política de la población y libertades civiles), The Economist otorga a Indonesia un nivel de calidad democrática que supera al de Perú, El Salvador, Colombia o la República Dominicana.

La calidad de la democracia indonesia supera incluso, según The Economist, a la de dos miembros de la Unión Europea: Rumanía y Bulgaria.

No es el único caso: también Malasia (con 29 millones de habitantes, el 60% de los cuales son musulmanes) es una democracia, al mismo nivel que Perú o El Salvador, según ese mismo estudio. Malasia es un estado confesional, pero la constitución malaya reconoce, de nuevo, la libertad religiosa de ese 40% de habitantes no musulmanes.

Y lo más importante: el estudio muestra cómo tanto en Malasia como en Indonesia la calidad democrática ha aumentado de forma significativa entre 2006 y 2012; al contrario que en numerosos países miembros de la Unión Europea, en los que la calidad democrática ha descendido en esos mismos años.

Por tanto, la respuesta a la pregunta con la que encabezaba el artículo es afirmativa: por supuesto que el islam es compatible con la democracia, igual que lo es el cristianismo. Nada impide, en ninguno de los dos casos, que las sociedades evolucionen hacia una separación entre el poder político y el poder religioso, separación que resulta indispensable para poder gozar de verdadero pluralismo y de verdaderas libertades civiles. Pero mal pueden los países profundizar en la verdadera democracia cuando se les niega, para empezar, su derecho a organizarse democráticamente.

Hace ya casi tres años que asistimos en el Norte de África y Oriente Medio a las convulsiones derivadas de lo que se dio en llamar la primavera árabe. Y si algo ha quedado claro en todo este tiempo es que Occidente no sabe cómo demonios encarar el problema. Parecemos debatirnos entre el deseo de exportar la democracia a esos países y el deseo de mantenerlos convenientemente sojuzgados por dictadores amigos de las grandes potencias. Decimos que queremos que esos países tengan libertad y al mismo tiempo nos escandalizamos cuando votan libremente y no eligen lo que nos apetecería a nosotros. Afirmamos muy solemnemente que venimos a salvarlos de la dictadura teocrática y la solución que proponemos para ello es la dictadura militar.

Ni siquiera nos atrevemos a expresar abiertamente todas esas cosas, porque en el fondo lo que Occidente está diciendo es que los pobres árabes son unos incultos atrasados que no están preparados para la democracia. Y desdeñamos su religión como si no fuera otra cosa que un credo terrorista y opresor. Manifestamos de modo continuo un ignorante desprecio hacia el islam, hacia los musulmanes y hacia lo árabe, que a veces raya en el clasismo más casposo y a veces cae en el más descarnado racismo.

Esa actitud despectiva resulta tanto más sangrante si analizamos nuestra reciente historia. En lugares como Suiza, la mujer no podía votar hace escasamente 40 años. En lugares como Estados Unidos, se quemaba vivos a negros hace solo 50 años, por reclamar su derecho a votar o a ir a la universidad. En lugares como el Reino Unido, a los homosexuales se los castraba químicamente hace menos de 60 años. En lugares como Alemania, se asesinaba a millones de personas en las cámaras de gas hace solo 70 años… ¿Cómo nos atrevemos a decir que los países musulmanes están en la Edad Media? Si Occidente solo ha sido capaz de evolucionar hace escasamente medio siglo hacia la consolidación de verdaderas democracias avanzadas, ¿por qué negamos a los musulmanes la capacidad de evolucionar de la misma manera?

Cuando alguien dice que el islam es incompatible con la democracia, está directamente faltando a la verdad, como los casos de Indonesia o Malasia atestiguan. Y cuando alguien achaca los problemas de un país como Egipto al islam está no solo faltando a la verdad, sino cayendo en una contradicción lógica ciertamente llamativa:

• Como los egipcios votan a los Hermanos Musulmanes, decimos que no están preparados para la democracia.

• Entonces apoyamos un golpe de estado dado por los mismos militares que llevan gobernando Egipto 50 años, y que han conseguido en ese tiempo mantener a los egipcios tan atrasados… ¡como para que voten a los Hermanos Musulmanes!

Vaya ejercicio de cinismo, ¿no? Si los egipcios están atrasados, la responsabilidad no será del islam, sino de quienes han estado gobernando a los egipcios el último medio siglo. Que no eran precisamente los islamistas.

La transición hacia la democracia no va a ser sencilla en muchos países de mayoría islámica, por supuesto. Pero no por el islam, sino porque las grandes potencias han estado apuntalando en el poder, en muchos países de mayoría musulmana, a dictadores y sátrapas que no han tenido el menor empacho en mantener a su población en el más absoluto atraso.

No es su religión, sino nuestra hipocresía y nuestros intereses económicos, lo que les impide transitar hacia la democracia.

2013-08-28 10:32:27 – Luis del Pino



En el debate que suscita este nuevo artículo, el nivel medio de las intervenciones no alcanza la altura del habido en Libertad Digital, tal vez porque el tono del artículo de D. Luis sea provocador en demasía y, desde luego, porque todos sabemos las peculiares características de Facebook.

En cualquier caso, la mayor parte de los comentaristas, por no decir todos, disienten de las opiniones de Luis del Pino, por lo que el debate se acalora y en él aparecen descalificaciones personales que, a mi juicio, son improcedentes. Por mi parte, me limitaré a reproducir el comentario que yo escribí, al que, por cierto, D. Luis no se molestó en contestar. Con él cerraré esta entrada, con la que pondré punto final a todas las que he venido dedicando en este Blog a examinar los problemas y conflictos relacionados con el islam, el islamismo y los enfrentamientos que vienen ensangrentado las tierras del Oriente Próximo.

                        Comentario de José Baena

El debate ha descendido a un nivel penoso. De una pregunta acerca de dos conceptos teóricos, democracia es islam, se ha llegado a un batiburrillo en el que cada uno cuenta la feria según le va. Seamos serios.

En primer lugar no existe un solo islam, sino varios y con diferencias "prácticas" notorias y evidentes. En este plano, puedo decir que he conocido a muchos musulmanes fervientes partidarios de la democracia "si fuera posible que ésta se pudiera practicar en sus países", es decir, hablando en condicional. También conozco a muchos cristianos (de ellos bastantes que se consideran católicos) que practican y defienden el aborto, algo que, según el ideario cristiano no resulta compatible. Así que sin descender a lo que cada uno haga u opine, si nos atenemos al debate de ideas, me atengo a las opiniones del profesor François Bugart, investigador del Institut de Recherches sur le monde Arabe et Musulman, quien se formula la siguiente pregunta:

"¿Cómo puede encajar la soberanía de Dios, la primacía de la norma divina, en un mundo que, por el contrario, procede de la voluntad humana? Según Bugart, la falta de categorías que fundamentan la noción de oposición o instituyen el pluralismo político y la "conciencia laica" (la falta de reconocimiento de un espacio reservado exclusivamente a la política), así como la afirmación de que la ley divina prevalece sobre la voluntad popular "son los dos primeros indicios de la incompatibilidad estructural entre las referencias del islam y el pensamiento liberal".

La ley islámica (y no hablo de las interpretaciones "islamistas", más radicales todavía) es de inspiración divina y muchos países árabes que en los momentos actuales intentan recuperar la "sharía" para mantener su identidad tradicional, en la cual se prioriza la voluntad divina sobre la voluntad popular, choca frontalmente con el concepto mismo de democracia, que significa, precisamente, "la autoridad del pueblo". De ahí que, desde la teoría islámica, se anatematice la palabra "democracia" que es asimilada a la "falta de fe" de los infieles, algo impensable para un verdadero musulmán. Por eso, el profesor Bugart (y prácticamente todas las fuentes académicas que conozco), manifiestan que, si nos atenemos a la teoría política, cabe decir que democracia e islam son conceptos radicalmente incompatibles.

Otra cosa será si en el futuro el islam derivase hacia una nueva dirección que incorporara o aceptara la modernidad, pero, en los momentos actuales, no hay señal alguna de que las cosa vayan por ahí, sino todo lo contrario. En rigor, esto es lo que sostienen los especialistas, así que todo lo demás son creencias particulares con las que cada uno podrá quedarse, si eso es lo que le apetece. Porque ya sabemos que, como dijo Ortega y Gasset, "las ideas se tienen, en las creencias se está". D. Luis defiende su "creencia" de que el islam es compatible con la democracia: él sabrá por qué. Yo, por el contrario, me uno a las ideas de los estudiosos y especialistas que, al margen de creencias particulares, sostienen que, desde el punto de vista de las ideas, islam y democracia son conceptos estructuralmente incompatibles. 
  








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